Cuando las decisiones tomadas en grupo acaban metiendo la pata

Cuando las decisiones tomadas en grupo acaban metiendo la pata

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abril 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-04-30

Idiotas, ladrones y mentirosos se han llevado por delante miles de millones de dólares en esta crisis financiera. Pero no es descabellado asumir que una cantidad parecida de millones se ha desvanecido por culpa de gente inteligente que trataba de hacer un trabajo bueno y honesto en nombre de otros, normalmente formando parte de un comité.

Los ejemplos son tan cuantiosos que no es difícil tropezarse con ellos.

Los comités de compensación de Wall Street entregaron bonificaciones de millones de dólares a las mismas personas que casi acabaron con todo el sistema financiero global. Los comités de inversión en las principales universidades invirtieron en fondos de cobertura, bienes raíces y capital privado tan ciegamente que muchos terminaron apostando 75% o más de sus dotaciones en estos activos ilíquidos. Los comités de inversión en las entidades benéficas fueron víctimas del embrujo de Bernard Madoff en la misma medida en que lo fueron los inversionistas individuales. Y la lista sigue.

"Los mejores grupos siempre serán mejores que sus miembros individuales más sobresalientes", dice Robert Sutton, un psicólogo organizacional de la Universidad de Stanford. "Y los peores grupos serán peores que el individuo menos destacado", añade. Esto se debe a que los comités y otros grupos tienden a seguir a su líder en un impulso de conformidad o a polarizarse en bandos enfrentados.

Para que los comités y otras juntas funcionen bien, deben estar conformadas por personas con distintas perspectivas y experiencia que no teman decir lo que piensan, apunta Richard Larrick, un psicólogo de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke. También deben seleccionar y procesar de modo efectivo la información y aprender sistemáticamente de sus errores.

Sin embargo, con demasiada frecuencia los comités no funcionan y terminan por adoptar perspectivas de corto plazo, ser incapaces de ejecutar planes estratégicos, ejecutar búsquedas poco coordinadas de las últimas tendencias y ser proclives a culpar a otros de los errores. En resumidas cuentas, a pesar de su poder y prestigio, los comités de inversión y las juntas de administración de fondos no dejan de ser humanos. Afortunadamente, existen métodos probados que los comités y otros grupos pueden usar para mejorar sus decisiones. Estas son algunas ideas.

Defina el éxito: al escoger a un gestor de capital, un comité debería decidir qué factores predicen el éxito como, por ejemplo, bajos costos, estrictos controles de riesgo, horizontes de inversión de largo plazo y gestores con una amplia experiencia. Cada uno de estos factores puede medirse con datos objetivos.

Estudie los datos: recopile datos acerca de estos factores de éxito para una lista de posibles gestores. Clasifíquelos en una escala numérica para cada uno de los factores. Reunirse en persona con un gestor de fondos debería hacerse sólo tras computar estas puntuaciones. Luego, los inversionistas deberían clasificar, en la misma escala, su impresión general. Finalmente, haga el promedio de las puntuaciones en todos los factores, y el gestor con la mayor puntuación será el elegido. Este paso habría sido suficiente para prevenir que nadie le entregara un cheque generoso a Bernard Madoff, ya que rara vez revelaba información.

Reformule la cuestión: los comités que estén considerando tomar una decisión importante deberían dividirse en grupos para discutir los "pros" y "contras". Los inversionistas individuales también pueden hacer algo parecido preguntándose no sólo cuánto ganarán si aciertan sino también cuánto podrían perder si se equivocan.

Use "las cinco preguntas": en lugar de hacer preguntas que tienen como respuesta "sí" o "no", haga preguntas del estilo de "cómo", "cuándo" y "por qué". Pregunte por qué la bonificación es merecida o por qué una idea es mejor que otra. Luego pregunte cómo sabe que esa respuesta es correcta.

Defina una posición de partida: Max Bazerman, experto en toma de decisiones en la Escuela de Negocios de Harvard, sugiere que los inversionistas partan de la idea de que el portafolio ideal es una canasta diversificada de fondos indexados de bajo costo.

Desviarse de esa estrategia debería requerir pruebas de peso.

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