La democracia participativa

El lunes publicamos un muy interesante artículo suministrado por nuestro prestigioso aliado -la Universidad de Harvard- en la sección denominada ‘Lunes en la mañana’. Ese escrito se titula ‘La búsqueda de la resistencia’, y sus autores son Gary Hamel (famoso por sus libros sobre estrategia empresarial) y Lisa Valikangas.

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febrero 28 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-02-28

Desafortunadamente, nuestra democracia viene careciendo de partidos que trabajen exclusivamente en función del bienestar colectivo. En la actualidad la controversia política no gira alrededor de los problemas del país. El debate entre los partidos se centra sobre las causas y los actores de los vergonzosos hechos sucedidos y no sobre sus plataformas ideológicas y programáticas, que se desconocen. Por consiguiente, la ciudadanía está más pendiente del desarrollo de las investigaciones de esos imperdonables delitos políticos que dedicada a analizar propuestas partidistas para la solución de sus problemas y dificultades. Al respecto, conviene precisar que las ideas y principios del liberalismo no son las que han fallado. La falla está en el partido que después del Frente Nacional ejerció el poder, compartiéndolo principalmente con el conservatismo, sin aplicar cabalmente los principios progresistas del liberalismo colombiano. Pero además, el partido en lugar de controlar el comportamiento de sus miembros, les facilitó a no pocos de ellos utilizar el poder político en su propio beneficio y en el del grupo de sus amistades mediante las acciones degradantes que han sido denunciadas y que le generan grandes perjuicios a la nación. Las ideas y principios del liberalismo, cuando han sido correctamente llevadas a cabo, le han permitido avances significativos al país. Así aconteció durante el período conocido como el de ‘La República Liberal’ (1930-46) que, con la reforma de 1936, permitió que el país saliera del predominante feudalismo para iniciar su desarrollo industrial y urbanístico, y también para sentar las bases que conducen a la justicia social. Infortunadamente, no se ha logrado darle pleno alcance al precepto de la reforma que establece que “la propiedad es una función social que implica obligaciones”. Creo en el contenido ideológico y programático del liberalismo colombiano. Por eso, cuando me preguntan si sigo siendo liberal respondo que sin pertenecer actualmente al partido o alguna de las fracciones en que está dividido, sigo siendo partidario de las ideas y principios progresistas del liberalismo colombiano. Asimismo, considero que todas las organizaciones políticas deben hacer explícitas sus ideologías y programas para que los ciudadanos ejerzan conscientemente su participación. En este sentido, se conoce la de la coalición gobernante y conviene que la oposición, particularmente el Polo, clarifiquen plenamente sus plataformas para que el ciudadano sepa qué esperar al definir sus preferencias. Hay que rescatar al país del caos político. Tarea fundamental de la justicia, pero también de los partidos y de todo colombiano. Tenemos que lograrlo. Nuestra democracia viene careciendo de partidos que trabajen exclusivamente en función del bienestar colectivo”.

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