Dependencia crítica

Dentro de los diferentes aspectos con que se valora la situación energética mundial, tanto los países consumidores como varios productores colocan en primer lugar la dependencia política derivada del suministro externo, seguida por las implicaciones ambientales y los efectos económicos.

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mayo 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-05-31

Los primeros han visto al petróleo convertirse rápidamente en un arma política que progresivamente viene compensando sus ventajas económicas, financieras y de mercado, su fortaleza tecnológica y su músculo militar. Los segundos, ya han verificado la debilidad del contrincante frente a amenazas y ataques concretos que les vienen dando una fuerza comprobada. Estados Unidos, a quien el presidente Bush calificó como adicto al petróleo, consume 20,6 millones de barriles diarios, de los cuales importa el 63,5 por ciento. Del total importado el 20 por ciento llega del Golfo Pérsico y el 9 por ciento de Venezuela. Dentro de 10 años se proyecta que estará importando el 68 por ciento de sus necesidades. El petróleo representa el 40 por ciento de los requerimientos energéticos del país, principalmente para el transporte terrestre y aéreo. Los riesgos van desde el eje Teherán-Caracas que en forma directa le permite apalancar la presión política frente a Estados Unidos, principalmente, e indirectamente mediante su acción en Irak o en Ecuador y Bolivia, hasta la inestabilidad de productores africanos como Nigeria y la agresiva y eficiente combinación de geopolítica y geoeconomía con que Rusia se está proyectando como el poder que una vez fue. Sus enormes reservas de petróleo y gas han permitido fortalecer al gobierno el cual, después de la nacionalización forzada de Yukos, ha venido en una política progresiva de alianzas y compras que cada vez concentran más recursos en sus manos, permitiéndole intervenir políticamente en varios de sus vecinos y en muchos otros no solo como proveedor sino con la lucrativa herramienta de los ductos transnacionales. Un ejemplo es el que iría a través de Hungría, Bulgaria, Grecia y Turquía. Ya se habla de una Opep del gas natural donde Rusia, Irán, Quatar y Argelia tendrían una participación muy importante en una fuente de energía cuyo comercio se calcula que se cuadruplicará en los próximos quince años. Finalmente, no debemos olvidar el papel del terrorismo donde medios de transporte y vías de comunicación como el estrecho de Hormúz son muy frágiles, o los estratégicos yacimientos e infraestructura de Arabia Saudita que ya han sido declarados objetivos y atacados como a Aramco en febrero del 2005. Un año después, Zawahiri de Al-Qaeda, exhortaba a concentrar los ataques en el petróleo que les robaban cuyos beneficios iban a sus enemigos y a los ‘ladrones’ que dirigían esos países. Arafat lo había anunciado desde 1990. Para desarrollar fuentes alternativas lo que falta es tierra no deforestable. Como los seis millones de hectáreas que ofreció el presidente Uribe. Donde la caña de azúcar, ocho veces más productiva en términos energéticos que el maíz, nos permita no solo generar divisas, sino quitarles esas zonas a la guerrilla y al narcotráfico. ¿Qué hemos hecho al respecto después de ese ofrecimiento ? Estados Unidos, consume 20,6 millones de barriles de petróleo diarios, de los cuales importa el 63,5 por ciento”.

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