Desplazados

Son cerca de tres millones de víctimas de la guerra. Así se mencionó en la reciente visita del Representante de la ONU para los derechos de las Personas Desplazadas. Esa es una cifra que revela una verdadera tragedia humanitaria de seres humanos cuyo número no se conoce con certeza. Puede superar los dos millones, pero cualquiera que sea el dato de los que han tenido que huir de sus hogares desalojados por la violencia paramilitar y guerrillera, el asunto de fondo no es la cantidad, sino la mala calidad de vida de la mayoría de ellos.

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junio 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-29

A los desarraigados se les desconocen los más fundamentales de sus derechos. Eso ya lo había declarado con autoridad la Corte Constitucional en el mes de febrero de 2004 cuando, en sentencia que hizo historia sobre la situación “en que viven los desplazados”, afirmó que los derechos que estimó violados fueron los siguientes: “derecho a la vida digna, a la integridad personal, a la igualdad de petición, al trabajo, a la salud, a la seguridad social, a la educación, al mínimo vital y a la protección especial debida a las personas de la tercera edad, a la mujer cabeza de familia y a los niños”. Dudo que exista otro pronunciamiento sobre tantas violaciones juntas de los Derechos Humanos y también dudo que la situación haya mejorado sustancialmente. Por eso, para revisarla y para llamar la atención sobre la misma, es que tenemos visitas como la del señor Walter Kälin de las Naciones Unidas. El lo dijo claramente: “los desplazados como víctimas necesitan la reparación y la reparación tiene que restablecer la justicia. Porque la mayoría de los desplazados no está pidiendo dinero, lo que desean ellos de manera auténtica es que haya justicia”. Y tienen razón, porque los señores de la guerra, esos que sustentan su poder en las armas, la amenaza, el asesinato, el secuestro y la intimidación, les han robado sus tierras y los han despojado de sus propiedades y la justicia, en la mayoría de los casos, ha estado ciega, sorda y muda. El dinero que reciben los desplazados para subsistir en algo les alivia el sufrimiento, pero mientras no existan fallos de los jueces condenando a los asesinos, a los usurpadores y a los ladrones, la justicia seguirá siendo extraña para ellos. El problema para satisfacer los deseos de justicia de los desplazados no está en las leyes. Así lo recordó el señor Kälin. Está en que “hay discrepancias claras entre lo que dice la ley y lo que se hace a nivel departamental y local, lo cual menoscaba los derechos de los cerca de 3 millones de desplazados que existen”. Somos un país de leyes, que en ocasiones no se aplican, y ocupamos uno de los primeros, sino el primer lugar en el mundo, en cuanto al número de desplazados, que quisieran ver las leyes aplicadas. Es triste que sólo de vez en cuando salga a la luz pública la tragedia de los desplazados. No debería ser así. No pueden seguir siendo invisibles para la sociedad y para el Estado. Son personas con derechos. Decano Facultad de Economía Universidad Piloto"Somos un país de leyes, que en ocasiones no se aplican, y ocupamos uno de los primeros, sino el primer lugar en el mundo, en cuanto al número de desplazados”.

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