El ‘desvare’ se hace con mucho ‘empeño’

Empeñar artículos de valor, hacer ‘cadenas’ o ‘natilleras’ son tal vez unas de las formas más comunes que usan los colombianos para solucionar urgencias económicas.

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octubre 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-10-30

A la hora del ‘desvare’, las opciones que tienen o se inventan los colombianos son muchas. Todo depende de la urgencia con que se requiera el dinero, del ‘tamaño’ de la necesidad, de si tiene o no acceso al sistema financiero tradicional y, obviamente, de quien esté en disposición de otorgar los recursos. Como son muchos los colombianos que no pueden acceder a los bancos debido a su bajo nivel de ingresos, los sistemas de ahorro y crédito informales que existen entre la población son de diversa índole. Por el lado del ahorro, cuyo día mundial se celebra mañana, entre los colombianos son comunes las llamadas ‘cadenas’ y ‘natilleras’ que se organizan entre familiares y grupos de amigos o de vecinos que tienen en común un principio fundamental: la confianza. Si de un ‘desvare’ urgente se trata, en Colombia son muy tradicionales las compraventas o prenderías que se encuentran en cualquier ciudad del país. A esa clase de establecimientos llegan quienes necesitan conseguir con urgencia dinero ‘contante y sonante’, así el costo de esos préstamos sea a tasas de interés de usura. Eso sí, esa clase de establecimientos prefieren llamarse “vendedores con pacto de retroventa” y dicen no cobrar tasas de interés sino “sobrecostos” por el servicio prestado. De cualquier manera, ese “sobrecosto” es, en promedio, de 5 por ciento mensual, equivalente al 80 por ciento efectivo anual, es decir, muy por encima del límite legal permitido de 22,61 por ciento que regirá hasta el 31 de diciembre. De todas maneras, los cobros van hasta el 10 por ciento mensual por el pacto de retroventa que firman con el cliente. Las prendas de garantía que se dan a cambio del dinero en efectivo que otorgan las compraventas son artículos de toda índole, especialmente electrodomésticos y joyas. En promedio, las prenderías reconocen un 30 ó 40 por ciento del valor de un artículo, eso sí, dependiendo el valor. Contrario a lo que podría creerse, a las compraventas no sólo acuden personas de los estratos bajos de la población, sino que a ellas también van usuarios de altos ingresos para empeñar artículos de gran valor, especialmente joyas y relojes de marca. (Ver recuadro), Dependientes de esas prenderías dicen que han llegado a recibir relojes que pueden costar 100 ó 200 millones de pesos pero el promedio es de 15 a 20 millones. Algunas de las prenderías ubicadas en el norte de Bogotá se dedican a recibir exclusivamente joyas y relojes de marcas reconocidas como Rolex y Cartier, traídos de Estados Unidos o Europa. Las compraventas más modestas de Bogotá están ubicadas en las zonas de Chapinero y el Centro de la ciudad. Aunque en los barrios tradicionales existen varios de esos establecimientos, su movimiento no es tan grande como el de las zonas comerciales. En las prenderías del Centro y Chapinero es común que los clientes empeñen especialmente electrodomésticos y la lista la encabezan televisores y equipos de sonido. Propietarios de compraventas ubicadas en esas zonas dicen que ante la baja de precios de los electrodomésticos y las facilidades de pago que ofrece el comercio formal, se ha vuelto común que los clientes dejen perder el aparato empeñado para comprar uno más moderno con la plata que les entrega la prendería la cual utilizan como cuota inicial. “Hacen su negocio dejando perder el televisor viejo porque usan la plata que les damos para comprar otro. En vez de pagarnos una cuota mensual a nosotros, lo que hacen es pagar el crédito que los almacenes les dan cuando les venden un equipo nuevo”, dice William Cárdenas, administrador de una compraventa ubicada en la Avenida Caracas en la zona de Chapinero de Bogotá. Empeñar un artículo se hace a un plazo promedio de cuatro meses y para evitarse problemas con la Policía, que acostumbra a seguirles la pista a ese negocio, muchos de éstos exigen la factura del artículo empeñado. Y es que a las prenderías se les ha asociado tradicionalmente con los delincuentes, que llevan allá toda clase de artículos robados. Lo cierto es que muchos colombianos siguen acudiendo a esos establecimientos para salir de algún ‘desvare’ y son muy comunes las que atienden las 24 horas para atender personas que necesitan salir de algún afán a cualquier hora del día. COMPRAVENTAS POR ESTRATO, ESPECIALIZADAS Y PARA JUGADORES El negocio de las compraventas ha tenido un giro en los últimos años y ahora son muy comunes las especializadas y hasta por estratos. En las primeras existen las que sólo reciben oro y joyas en general y hasta algunas que sólo manejan obras de arte. Alvaro Achury, presidente de la Asociación Nacional de Compradores con Pacto de Retroventa (Ancoven) dice que por estrato hay básicamente tres grupos de compraventas. Las que atienden a personas de bajos recursos que empeñan artículos como licuadoras y ollas a presión. Un segundo grupo, a donde se llevan iPod, MP3, televisores de alta tecnología y un tercer grupo que sólo reciben joyas o relojes de marcas reconocidas, que están ubicadas en el norte de Bogotá. También se han vuelto comunes algunas que atienden clientes de altos estratos aficionados a jugar su dinero en los casinos ubicados, especialmemte en los centros comerciales. 10por ciento mensual es el “sobrecosto” que llegan a cobrar las compraventas por recibir los artículos que los colombianos llevan a empeñar para salir de algún ‘desvare’. - Buscando la plata con los amigos Si de ahorrar dinero por fuera del sistema financiero tradiconal se trata, los colombianos tienen básicamente dos mecanismos que les ayuda a ‘desvararse’ en cualquier momento. Uno de ellos son las llamadas ‘cadenas’ que conforman familiares o amigos y que se conoce especialmente en la zona central del país. En estas ‘cadenas’, los ahorradores aportan una suma fija de dinero cada quincena o cada mes y todo el dinero que se recolecta se le entrega a uno de los aportantes. A cada uno de ellos le corresponde un turno previamente acordado entre los miembros de la ‘cadena’. Otro sistema de ahorro informal se conoce como la ‘natillera’ y opera especialmente en la zona de Antioquia y el Eje Cafetero. Con este mecanismo, cada persona aporta una determinada suma de dinero en cada mes o quincena, la cual es consignada en una cuenta y al final del año, para la época de Navidad, se reparte el ahorro. Las ‘natilleras’ también organizan diferentes actividades como rifas, bingos, etc. para aumentar el ahorro. Otra modalidad de ahorro es la pirámide, en donde cada aportante se encarga de buscar a otros, pero este sistema tiene menos acogida porque no siempre quien aporta recibe su parte cuando le corresponde.

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