Detrás de Irak

Ubicados en un mismo punto del planeta, en la zona que ha sido considerada como la cuna de la civilización, representa la amenaza más grave a la frágil paz internacional y es un gran factor de desequilibrio para la sociedad americana.

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diciembre 22 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-12-22

La situación para los grupos extremistas islámicos es como dirían ‘de papayita’. Tienen a su alcance a los soldados de los Estados Unidos y otros países así como a civiles ‘infieles’ tan odiados como los primeros. Eso les permite utilizar sus recursos de fanatismo religioso y de armas y dinero. Ya no se trata solo de matar israelíes. Tienen en la mira a las huestes del ‘satán capitalista’. Una situación difícil de mantener. Pero por otro lado más difícil de desmontar. Nuevamente se recuerda la primera guerra del Golfo y se critica por no haber derrocado al régimen de Sadam cuando la invasión a Kuwait era una razón más sólida que la existencia de armas químicas. Sin embargo, el factor que cambió estas evaluaciones fue el atentado criminal del 11 de septiembre. Después de la presentación en sociedad de Osama en las Torres Gemelas y de lo que esto significó para la seguridad de los Estados Unidos y del mundo no mahometano, tenía que producirse una reacción lo suficientemente contundente, en el corazón del fanatismo religioso, donde la sola presencia de un régimen tan terrorífico y peligroso como el de Irak, señalaba la necesidad de esa acción directa que diera la señal clara de que actos como ese y amenazas como las lanzadas tienen consecuencias. Quienes entendemos que los amenazados somos todos los que no seguimos las brutales enseñanzas de fanáticos como Bin Laden o el presidente de Irán , debemos sentirnos respaldados por unos países que están dando la cara. Como lo ha hecho reiteradamente Estados Unidos, poniendo los muertos y siendo el factor determinante en conflictos como la Primera Guerra Mundial contra el absolutismo, en la Segunda contra el nazismo y el fascismo, en Corea y Vietnam contra el estalinismo y el maoísmo y finalmente logrando derrotar al totalitarismo en la Guerra Fría. La verdad es que unos pocos han tenido que sacar las castañas del fuego en beneficio de muchos. Lo que se está cocinando en esta nueva etapa del conflicto del medio oriente es una amenaza de grandes proporciones que el mundo tendrá que enfrentar una vez más. Desde el riesgo nuclear de Irán hasta la demencia de Al Qaeda. Donde el equilibrio de las potencias en la Guerra Fría y las tácticas que evitaron un holocausto atómico en el siglo pasado, nada tienen que ver. Por eso, más allá de que existieran o no armas de destrucción masiva en Irak, o de que haya muerto un determinado número de soldados en ese país, o de que Bush o Blair les sea antipático a unos, o que los shiitas quieran acabar con los sunitas, o de que la zona sea una de las principales reservas de petróleo, etc., hay que hacer frente a la verdadera amenaza para lo cual a los países de occidente que están construyendo el dique, tiene que irles bien en su cometido. Para ello, la opinión mundial pero ante todo la norteamericana, sensibilizada por el recuerdo de Vietnam y por su tendencia aislacionista, debe entender la magnitud del conflicto que recién comienza, lo que está en juego y los sacrificios que hay que hacer para enfrentar la amenaza. Alberto Schlesinger Vélez Consultor privado

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