La disminución de la pobreza

Ante la realidad dolorosa de los millones de colombianos que viven en la pobreza o en la miseria, y ante la necesidad electoral de mostrar buenos resultados de las políticas de ‘corazón grande’ del Gobierno, Planeación Nacional encontró una forma efectiva para bajar el número de pobres: cambiar la metodología de medición.

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febrero 28 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-02-28

Hace poco más de un mes el Director del DNP salió a anunciar con gran complacencia los éxitos del Gobierno en esta materia: “en el último año la pobreza cayó 3,5 puntos. Colombia tiene hoy el nivel de pobreza más bajo desde que hay cifras comparables. Esto significa que hoy hay 2,3 millones menos de pobres que en el 2002”. El anuncio lo hizo con base en estudios de la Misión Técnica sobre la Pobreza que conformó el mismo DNP; pero aunque los mismos técnicos advirtieron que se trataba de cifras sujetas a ajustes, y que se requería una discusión a fondo sobre las nuevas metodologías, los resultados eran aparentemente tan buenos que los funcionarios no se aguantaron las ganas y procedieron a darlos como definitivos. ¿O la premura del anuncio habrá sido presionada por el mismo periodista de Palacio, cuyas órdenes moralmente imposibles de cumplir motivaron la renuncia al anterior Director del Dane? Conocidos con un mes de atraso los documentos técnicos de la Misión, ya fueron analizados por investigadores de la Universidades Nacional y de Los Andes, que cuestionan con argumentos el optimismo del DNP; según estos expertos, los cambios metodológicos hechos permiten afirmar que hay menos pobres sólo porque sobreestiman los ingresos de los hogares, y suponen que los ingresos adicionales benefician a estratos bajos. Pero además de los problemas metodológicos, cuyo análisis ya ha sido publicado en el periódico de la Universidad Nacional y en otros medios, las cifras del DNP tampoco son creíbles porque tienen inconsistencias internas, y contradicciones con otras cifras oficiales del Dane. Por ejemplo dice el DNP que “el ingreso medio per cápita de los colombianos ha aumentado 14 por ciento en términos reales entre 2002 y 2005”. Sin embargo, según las Cuentas Nacionales en el mismo período el PIB per cápita tan sólo aumentó 8,2 por ciento, y el consumo por habitante creció a una tasa aún menor, 6 por ciento. Aunque se trata de mediciones diferentes, una diferencia de esta magnitud es prácticamente imposible y sólo se explica por la sobreestimación de los ingresos que señala el estudio de la U. Nacional. Otra perla en las cifras. Después de afirmar que el ingreso promedio de todos los colombianos creció ese 14 por ciento, dice el DNP que “el ingreso mensual per cápita de los habitantes de las áreas urbanas aumentó 13,3 por ciento volviendo a los niveles de la primera mitad de los noventa”, y un poco más adelante afirma que “el ingreso mensual per cápita de los habitantes de la áreas rurales ha caído 1,6 por ciento entre 2002 y 2005. Esto se explica por la caída en el empleo y en los salarios de las actividades no agrícolas”. Se trata de una verdadera innovación en la metodología estadística según la cual el crecimiento del ingreso total llega a ser mayor que el crecimiento de los ingresos urbanos y rurales. Además de estas inconsistencias, las cifras del DNP presentan comportamientos sospechosos que también deberían ser explicados. Por ejemplo, la pobreza en las zonas rurales bajó del 75 al 63 por ciento en el año 2003 sin que ese año hubiera habido mejoría en ingresos o en empleo rural. Otro ejemplo es el coeficiente Gini de concentración del ingreso que disminuyó (mejoró) de 0,59 a 0,47 en el año 2001. Estos saltos inexplicables deberían ser vistos con escepticismo y en el DNP deberían recordar la máxima del padre de la economía neoclásica, Alfred Marshall, que en el epígrafe de su libro advirtió a todos los economistas Natura non facit saltum, la naturaleza no da saltos. Con estas observaciones no pretende desconocer el hecho evidente de que algo ha mejorado la situación de los pobres en Colombia. Sería absurdo que no lo hubiera hecho en cuatro años de crecimiento moderado pero continuo, después de la catástrofe económica de la administración Pastrana. Pero ante la ausencia de políticas eficaces para distribuir la riqueza y el ingreso, a los pobres sólo les llegan los sobrados del crecimiento económico, y se disfraza la cruda realidad con cambios metodológicos. La premura electoral no es buena consejera para los técnicos porque les impide hacer los análisis más elementales de consistencia.

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