Doble desafío de Uribe: dar garantías y ofrecer seguridad a los candidatos

Carlos Ramiro Chavarro Cuéllar, representante a la Cámara por Huila, sacó una estampita del Niño Jesús, la miró con tristeza y dijo: En realidad, El es el único que me cuida.

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octubre 31 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-10-31

El hecho ocurrió en días pasados, en una oficina del Congreso, cuando hablaba con amigos sobre las recientes amenazas de que había sido objeto por parte de las Farc.Chavarro es conservador del Huila y está en el Congreso porque la titular de su lista, Gloria Polanco de Lozada, fue secuestrada por el grupo guerrillero, a las diez de la noche, en su propio apartamento de Neiva. Hoy día está en la lista de “canjeables” o personas sujetas a un “acuerdo humanitario”, es decir, las posibilidades de su liberación son remotas. La situación de Chavarro es la misma que la de la mayoría de congresistas: por más seguridad que les proporcione el Estado, sólo les queda esperar un milagro para salir indemnes de la campaña política que ya se inició. Y es que el verdadero problema de las garantías, como lo dijo el precandidato liberal Rafael Pardo, no es la ley estatutaria que está en estudio de la Corte Constitucional. El asunto de fondo es que las Farc consideran “objetivo militar” a todos aquellos que se dediquen a la actividad política, desde concejales hasta el Presidente. Y los grupos paramilitares han seleccionado los candidatos de sus preferencias en cada municipio o departamento donde tienen influencia. Los demás serán hostigados “de muchas maneras”, como denunció un congresista liberal.De esta manera el presidente Álvaro Uribe se enfrenta a un doble desafío: dar garantías legales a sus contendores en la lucha por la Presidencia, y darles garantías físicas a amigos y enemigos políticos de que no los van a matar, o a secuestrar.“Ahí va a estar su verdadero desgaste”, dijo un senador liberal. Esta será una campaña asediada por el fantasma de la violencia como sólo se había visto en la época del terrorismo del Cartel de Medellín, en 1990, agregó. En ese entonces, en seis meses, asesinaron a tres candidatos presidenciales.Los propios congresistas uribistas, reunidos con el Presidente en la Casa de Nariño, fueron enfáticos en que la situación es insostenible. “¿Y los demás qué?”, preguntó un parlamentario de la oposición cuando supo que, a esa hora, se producía la reunión del Presidente con los parlamentarios que apoyaron su reelección.Es un secreto a voces que recorre el Congreso: El Gobierno ofrece una poderosa infraestructura de seguridad a unos parlamentarios sí, y a otros no. “Por eso nos toca, como Chavarro, encomendarnos al Niño Jesús”, dijo un parlamentario que ha recibido amenazas.Un asesor de campaña señaló que no es fácil combinar los protocolos de seguridad con la necesidad de recorrer los pueblos palmo a palmo. “Mientras lo que haga o diga el Presidente es transmitido en directo por todos los canales de televisión, a los demás nos toca trabajar desde el asfalto”.Hacer campaña es meterse entre el barro. Y los políticos curtidos, como Víctor Renán Barco, no tienen votos de opinión sino de maquinaria, que está en los pueblos, es decir, donde influyen fuertemente los grupos armados. Cuando sus colegas del Congreso lo postularon, en 1986, para ser Designado a la Presidencia, el cargo equivalente hoy al de Vicepresidente, Barco no aceptó.Y por qué no, doctor Víctor Renán, le preguntaron los periodistas.Porque no tengo vestidos para eso, contestó.Muchos candidatos al Congreso y a la Presidencia no van a renunciar a hacer campaña popular, y a ponerse el overol del que habla Víctor Renán, aun a costa de su propia seguridad. Los precandidatos liberales Rafael Pardo, Cecilia López, Andrés González, Rodrigo Rivera y Serpa, están recorriendo el país en la disputa por la candidatura liberal. Cecilia López denunció que lleva pidiendo hace tiempo un carro blindado, y que el Gobierno no se lo ha proporcionado. Pardo empezó campaña en el departamento de Caquetá, cuna de las Farc. Y a pesar de que se lo han sugerido, Serpa tampoco ha accedido a hacer campaña desde su oficina. En 1990, César Gaviria, Antonio Navarro y Álvaro Gómez, entonces candidatos presidenciales, no salieron de sus oficinas en el tramo final de la campaña. El único que anduvo de parroquia en parroquia fue Rodrigo Lloreda Caicedo. De manera sistemática acuñó la espantosa frase de campaña: “Lloreda, el único que se unta de pueblo”. Quedó en el cuarto lugar, aún por debajo de Navarro, candidato de la Alianza M-19.Y es que justamente una de las estrategias que se barajan en Palacio es ofrecer una reglamentación tal que los candidatos amenazados puedan acceder a más radio y televisión. Y a que haya más seguridad en los vuelos, como sillas en primera clase. Pero Serpa, por ejemplo, solo viaja en clase económica en los vuelos comerciales. Cuando era parlamentario, una eficiente jefe de protocolo del Senado lo visitó en su oficina y le llevó los tiquetes en primera clase de una invitación a Tokio, y alojamiento en un hotel cinco estrellas.Míreme la camisa, le dijo Serpa. Sí, senador, no sé a qué se refiere.Pues que esta es una camisa barata comprada en el centro de Barrancabermeja, y con una camisa así uno no puede viajar en primera clase ni alojarse en hotel cinco estrellas. Cámbieme a clase turista y búsqueme un hotel más modesto.La conclusión es que para el Gobierno resultará muy difícil, prácticamente imposible, asegurar que todos los candidatos llegarán vivos y bien a las elecciones de marzo y de mayo del año entrante. Y este será un tema de campaña muy caliente, máxime cuando el propio Gobierno, empezando por el Presidente, también está en campaña.-Agenda ahogadaY mientras las campañas políticas prendieron motores, la actividad legislativa prácticamente naufraga. El Gobierno anunció con bombos y platillos un proyecto de ley sobre insolvencia económica, y hasta el momento no lo ha llevado al Congreso.El proyecto busca sustituir y ampliar la actual ley 550, que ya cumplió su ciclo.La decisión del Presidente de apoyar la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores tiene paralizada la agenda en la Comisión Primera del Senado.Los congresistas tienen demasiados enemigos en departamentos y municipios como para jugársela por su reelección. Tampoco se ha podido estudiar la ley de cabildeo, que busca profesionalizar el "lobby" que de manera selectiva hacen los sectores más poderosos ante el Congreso. No ha sido posible estudiar tampoco proyectos como la reforma a la ley 80.Y en la Cámara no ha habido quórum para estudiar la nueva ley forestal, que está en el orden del día desde hace ya dos semanas.

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