Dólar débil va para largo

En las últimas semanas, la tasa de cambio del peso contra el dólar se ha revaluado, al cruzar la barrera sicológica de los 2.000 pesos. Como es entendible, sectores netamente exportadores han manifestado su preocupación, ya que la rentabilidad esperada de sus negocios cae, pues sus costos son mayoritariamente en pesos, pero sus ingresos en dólares. ¿Qué hacer? ¿La solución es que el Banco de la República compre el excedente de divisas que presiona la tasa de cambio? Infortunadamente, el problema es mucho más complejo.

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septiembre 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-09-30

En los recientes días, casi todas las monedas del mundo se han revaluado frente al dólar. Esto se debe a una reasignación en el portafolio mundial de divisas, donde los inversionistas quieren menos dólares favoreciendo otras monedas como el euro, el yen e incluso, el yuan chino. La economía mundial tocó fondo, con lo cual muchos inversores que se habían refugiado en dólares en medio de la crisis financiera, ahora vuelven a diversificar la tenencia de activos denominados en otras monedas. Asimismo, hay una tendencia subyacente que comienza a castigar el dólar por su permanente emisión vía el enorme déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos de Estados Unidos y su paulatina pérdida de preponderancia en la economía mundial frente a las nuevas potencias asiáticas, que ya generan el 22 por ciento del PIB mundial frente al 25 por ciento del gigante norteamericana. Poco a poco, se comienzan a usar monedas alternativas, como el euro y el yen, para acumular reservas y fijar los precios y moneda a usar en las transacciones comerciales diferentes al dólar. El análisis anterior muestra que hay una tendencia hacia la revaluación de largo plazo frente a lo cual el Emisor poco puede hacer. Lo que sí se puede buscar es que la tasa de cambio no presente unas fluctuaciones tan pronunciadas como las observadas en el último par de años. Las autoridades y los analistas no han valorado suficientemente que Colombia se ha convertido, en menos de diez años, en un exportador prevalentemente minero- energético. Cerca del 55 por ciento del total de exportaciones de bienes proviene del petróleo, carbón y ferroníquel con gran volatilidad en los precios internacionales. Por otra parte, otro 20 por ciento son exportaciones agrícolas que también presentan bruscos cambios en sus términos de intercambio. Esta situación la han enfrentado otros países, de donde podemos extraer lecciones del manejo de los ingresos por la exportación de recursos naturales como el caso del petróleo en Noruega o del cobre en Chile. En ambas naciones fueron conscientes de lo inestable de estos ingresos y del nefasto impacto que podía tener, sobre todo, el sector transable de la economía, especialmente del área industrial. En efecto, todo el aparato productivo que compite con las importaciones se volvería vulnerable en épocas de elevados precios internacionales, llevando a la quiebra a muchas empresas que luego no volverían a abrir las puertas cuando caían de nuevo los términos de intercambio. Para ello, Chile y Noruega hicieron algo simple, generar ahorro en épocas de bonanza y desahorrar en las destorcidas. Naturalmente, quien debe hacer este ahorro es el Gobierno, que es quien recibe el grueso de los ingresos extraordinarios. Por esa razón, estos países resistieron la tentación de gastarse todos los ahorros manteniéndolos en el exterior y quitándole presión a la tasa de cambio. Lo que llevó a Chile a generar un ahorro fiscal de 5 puntos del PIB. En épocas de ‘vacas flacas’ podrán gastar en políticas anticíclicas sin endeudarse y evitando excesivas devaluaciones de la tasa de cambio. Siguiendo este patrón es que Chile hoy está inaugurando 12 preescolares semanales y a la vez de protege la tasa de cambio. El tema se reduce a una disciplina fiscal que distinga entre los ingresos temporales y los permanentes, con lo cual se minimizan las violentas oscilaciones de la tasa de cambio. Esto se debe complementar con intervenciones en el mercado cambiario del Banco Central de acuerdo con la programación monetaria. Este Gobierno, cuando decide gastar los recursos del FAEP en medio de la bonanza, muestra no entender el nuevo reto que enfrenta una economía minero-energético como la nuestra. De continuar esta falencia macroeconómica, lo pagara muy caro nuestro sector productivo industrial y agrícola. No obstante, también una tasa de cambio promedio del orden de los 2.000 pesos esta aquí para quedarse y el sector productivo tendrá que ajustarse vía aumentos en productividad, nichos de mercado e incorporando más valor agregado en sus productos. Lo que sí está en nuestras manos es reducir su volatilidad por la vía fiscal. '' Se necesita una disci- plina que distinga entre los ingresos temporales y los permanentes, con lo cual se minimizan las violentas oscilaciones de la tasa de cambio.WILABR

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