La economía de la lucha contra el Sida

Bajo la coordinación del académico Danés Bjorn Lomborg, un destacado grupo de economistas y científicos sociales se dedicó a reflexionar sobre cuál sería la mejor forma de utilizar cincuenta mil millones de dólares para enfrentar los principales problemas mundiales de desarrollo. El grupo del cual hicieron parte figuras como Jagdish Bhagwati, Robert Fogel, Douglas North y Vernon Smith, entre otros, y que denominaron su acuerdo como el Consenso de Copenhague, llegó a la conclusión que el primer tema en el cual se deberían concentrar los recursos debía ser la lucha contra el Sida.

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abril 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-04-30

Dentro de los cálculos realizados se determinó que con veintisiete mil millones de dólares se podrían prevenir cerca de veintiocho millones de casos y que el beneficio sería cuarenta veces superior al costo. La recomendación de los expertos se basa en una cruda realidad. Por un lado, 90 por ciento de las infecciones ocurren en países en vía de desarrollo. En segundo lugar, el virus es la causa de casi el 6 por ciento de las muertes que tienen lugar cada año en el planeta. Tal como lo indicó el ex director del Departamento de Sida de la Organización Mundial de la salud, Jim Yong Kim, el virus causa cerca de sesenta mil muertes cada semana y cerca de tres millones por año. En cuanto a los impactos sociales y económicos ni se diga. En el libro titulado La macroeconomía del Sida, el analista Markus Haacker afirma que la propagación del virus puede ser uno de los principales obstáculos para alcanzar las metas del milenio de Naciones Unidas. Los casos concretos lo ilustran con claridad. En Lesotho, un país con una población cercana a los dos millones de personas se estima que uno de cada cuatro adultos tiene Sida, mientras que en Africa sub-sahariana, en países como Botswana y Mozambi-que las pérdidas anuales como porcentaje del PIB por cuenta de la enfermedad varían entre el 1 y el 3 por ciento. Aunque la mayoría de casos tiene lugar en Africa, no se puede ser indiferente a la realidad. Por un lado, el número de contagios en India, China y Rusia parece estar aumentando a grandes velocidades. En cuanto a Latinoamérica y el Caribe, aunque se han adelantado campañas positivas de prevención, casi dos millones de personas se encuentran contagiadas y el Caribe es la región con la segunda prevalencia más alta después de Africa sub-sahariana. De acuerdo a cálculos especializados se estima que en el Caribe y Centroamérica la prevalencia del Sida sea cercana al 2 por ciento, aunque valga decirlo, en la mayoría de los países la epidemia puede estar concentrada en segmentos muy pobres de la población, sin dejar de lado que tan solo cerca del 42 por ciento de los casos que tienen lugar en Latinoamérica, se encuentran en hombres que tienen sexo con hombres. Frente al diagnóstico global son muchas las acciones que deben adelantarse. Desde el enfoque preventivo fomentar el uso de condones, aumentar el acceso a agujas seguras para los usuarios de drogas intravenosas y adelantar campañas agresivas de educación sexual es necesario. Desde el punto de vista de tratamiento, el acceso a drogas anti-retrovirales (ARV) y un aumento considerable de la atención especializada debe ser enfrentado desde el sector público en asocio con el sector privado, como lo ha promovido la Fundación del ex presidente Clinton. En el caso de Latinoamérica no cabe duda que los desafíos para hacer una lucha efectiva contra el Sida son lograr mayor compromiso político de los gobiernos centrales, vencer la oposición religiosa a programas de prevención que promueven el uso de condones y en mejorar la capacidad de gestión del sector salud, entre otros. La epidemia de VIH/Sida se expande en la región gracias a una combinación de silencio, indiferencia y débiles políticas de salud. Del análisis realizado por los expertos del Consenso de Copenhague queda claro que los recursos que se destinen en la lucha contra el Sida son una inversión prioritaria para el desarrollo humano. Aunque afortunadamente Latinoamérica no es el epicentro del problema, la indiferencia puede resultar muy costosa. Consejero principal por Colombia y Ecuador ante el BID "Aunque Latinoamérica no es el epicentro del problema, la indiferencia puede resultar muy costosa”.

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