Economía del país está en desaceleración, no en crisis

Baja de tasas del Emisor puede ser una invitación a que todos conserven la confianza. Preocupación por industria es un capítulo aparte, aunque el sector creció en empleo.

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julio 31 de 2012 - 04:44 a.m.
2012-07-31

Es innegable, la economía colombiana desaceleró. Pero desaceleración no es lo mismo que recesión o crisis.

Entre la primera y las segundas hay mucho trecho, y las autoridades económicas están en el momento de evitar que ese camino se recorra.

Sin embargo, en las últimas semanas la palabra ‘desaceleración’ se ha usado asimilándola a crisis.

Los datos que comenzaron a conocerse desde junio, que muestran la desaceleración, se sumaron a la renovada incertidumbre europea; y la suma de las dos puso por momentos la palabra ‘crisis’ de nuevo en el léxico cotidiano.

La atención que captan estos hechos recientes puede tener dos lecturas: que hay que mantenerse vigilantes ante ellos o que se ha exagerado. O las dos cosas.

¿QUÉ ES DESACELERACIÓN?

El término ‘desaceleración’ tiene el poder de asustar, pese a que su significado es que se avanza menos rápido. Pero –al fin y al cabo– se avanza.

“Se habla de crisis cuando en realidad hay una desaceleración con respecto a un año extremadamente bueno: el 2011”, dice Leonardo Villar, director del centro de estudios Fedesarrollo.

En septiembre pasado, se completó un trimestre con un crecimiento de toda la economía de 7,5 por ciento con respecto a un año atrás. Para marzo, el ritmo había bajado a 4,7 por ciento, y en julio la expectativa para todo el año es de 4,6 por ciento, según la encuesta de este mes de Latin Focus.

Siendo más cautos, Fedesarrollo, que le apunta a 4,4 por ciento, tiene un escenario alternativo de 3,8 por ciento, en caso que Europa empeore, el petróleo baje más de precio y se debiliten otras economías emergentes.

En este último caso, la economía terminaría creciendo la mitad de lo que llegó a alcanzar en el tercer trimestre del año pasado.

Sigue siendo un ritmo cercano al promedio de la última década, y, además, del triple del crecimiento de la población, es decir, permitiría aún un aumento del producto por habitante.

“Solemos ser excepcionalmente optimistas y excepcionalmente pesimistas”, comenta Juan Carlos Guataquí, investigador de la Universidad del Rosario.

“Con un crecimiento arriba de 7 por ciento nos creemos lo último, y cuando se modera hacia 4,7 por ciento nos rasgamos las vestiduras”.

Con más vehemencia, Camilo Herrera, presidente de la firma experta en consumo Raddar, expresa: “Si seguimos creyendo que hay una situación grave, nos pasará lo mismo que en el 2009”, año en el que un episodio similar de incertidumbre mundial llevó a un estancamiento en el economía colombiana.

Para Herrera, se debe reconocer que hay una desaceleración este año y seguramente se sentirá el año próximo, pero eso no quita que “el país está bien”.

NERVIOSISMO POR EUROPA

A la desaceleración se le sumó la debilidad internacional, que se hizo más patente hace un par de semanas cuando las noticias, especialmente sobre problemas en regiones de España, llevaron a fuertes caídas de los mercados de valores.

Luego, la cabeza del Banco Central Europeo trajo ánimos renovados al señalar que, por el euro, se haría lo que fuera necesario.

Estos cambios en el estado de ánimo en los mercados financieros pueden dar a entender, por momentos, que las cosas están peor o mejor de lo que en realidad ocurre.

Pero los problemas europeos no comenzaron la semana pasada como para que las noticias recientes cambiaran la perspectiva en Colombia.

Los problemas españoles o italianos o griegos ya tienen una larga trayectoria. Y lo mismo pasa con la debilidad de Estados Unidos y la desaceleración de China e India.

Por tanto, si hay un impacto en Colombia del entorno internacional, parte de este ya debe estar incorporado desde hace algún tiempo en la dinámica doméstica, sin descartar que se pueda agravar.

¿HORA DE SEGUIR EL INSTINTO?

Ante episodios de incertidumbre, el instinto tanto de un ama de casa como del presidente de un conglomerado de empresas puede indicar que lo más prudente es quedarse quieto.

No gastar. Aplazar unas vacaciones o la construcción de una nueva fábrica.

Pues la decisión del Banco de la República del viernes, al bajar su tasa de interés, es todo lo contrario: una invitación a gastar. El banco venía insistiendo desde hace meses en que el crédito de consumo venía creciendo mucho, lo cual podía llevar a gastar más de la cuenta y sobreendeudarse.

Tal situación no ha cambiado y, sin embargo, hace cuatro días el banco bajó su tasa. De todas formas, su gerente habla de otras medidas si el crédito no modera el crecimiento.

“El peligro en una desaceleración –dice Villar– es que empresas y hogares se asusten y tranquen intempestivamente su gasto.

Eso genera un círculo vicioso y lleva a una desaceleración mayor. El Banco de la República buscó, entonces, frenar un deterioro en las expectativas”.

SECTORES QUE FRENAN

¿QUÉ EXPLICA EL FUERTE CAMBIO DE RITMO EN EL COMERCIO?

Las ventas del comercio al por menor llegaron a crecer 23 por ciento en abril del 2011, con respecto al mismo mes del año anterior.

En abril de este año cayeron, por primera vez en 31 meses, a una tasa de 2,8 por ciento.

El impulso del 2011 estuvo muy relacionado con las ventas récord de carros y de otros bienes durables.

Luego, los hogares que tuvieron carro por primera vez o estrenaron en esos meses, así como los que cambiaron ciertos electrodomésticos o accedieron a ellos por primera vez, ya se equiparon por ahora y tardarán en hacer nuevos cambios.

La industria es un capítulo aparte, con tres meses de caída en serie. Para Villar, puede ser que hay encadenamientos mayores con el resto del mundo o, también, que la apreciación del peso le pegue particularmente fuerte al sector, hecho que se refuerza con que, si bien la tasa de cambio con el dólar se ha mantenido, la devaluación del euro y el real hacen que el peso, frente a estas monedas, se aprecie de manera muy fuerte, situación a la que hay hacerle seguimiento.

En cuanto al sector agropecuario, para Guataquí, hay que mirar con mucho cuidado los desarrollos en estas actividades, que, a su juicio, preocupan.

El origen de la inquietud es que se mantienen ciertos signos de debilidad en momentos en que el campo debería ayudar a reducir la presión al mercado laboral en las ciudades, en particular por el retorno de desplazados gracias a la restitución de tierras. Para el académico, hay dudas sobre la oferta social para atender el regreso de quienes recuperen sus predios.

EN MEDIO DE TODO, EMPRESARIOS PARECEN PERCIBIR MEJORES MESES

Los empresarios parecen percibir mejores meses, a juicio de Leonardo Villar, director del centro de estudios Fedesarrollo.

Esa sensación se desprende de que en el comercio, pese a la fuerte desaceleración de sus ventas al por menor, el número de trabajadores enganchados creció 6,5 por ciento en mayo con respecto al mismo mes del año anterior.

Por su parte, en la industria, el crecimiento de los trabajadores fue de más de uno por ciento, pero, sobre todo, de 2,6 por ciento en contratos a término indefinido, pese a que en ese sector van tres meses de caída de la producción.

En cuanto al empleo total, que se mide en las encuestas de hogares del Dane, si este se ve apenas estable es porque crece la participación, dice Villar. Luego sí hay un aumento del empleo como porcentaje de la población.

Según Juan Carlos Guataquí, investigador experto en asuntos laborales de la Universidad del Rosario, hasta el momento el crecimiento de la producción no solo ha permitido recuperar el trabajo que se perdió durante la más reciente recesión, sino que, además, ha absorbido la nueva oferta laboral resultante del crecimiento natural de la población.

Mauricio Galindo

Editor de Economía de EL TIEMPO

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