Economía política e injusticia

La manera como se asignan recursos, se orienta la política pública y se favorece a determinados gremios o sectores de la sociedad tiene un impacto muy desfavorable sobre la distribución del ingreso y las oportunidades y obstaculiza definitivamente los avances en la lucha contra la pobreza. La ineficiencia y el desperdicio inducidos por este proceso y por otras formas de corrupción hacen que la canalización de recursos a través del Estado contribuya negativamente al crecimiento y positivamente a la mala distribución de la riqueza y las oportunidades.

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febrero 27 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-02-27

Es urgente, por ejemplo, reformar la estructura de gasto público actual para cambiar sistemas como el de pensiones, que favorece a unos pocos y deja desfinanciada la seguridad social de la gran mayoría de la población. Pero no es solamente la orientación y el diseño del gasto público lo que origina la injusticia y conduce al empeoramiento de la distribución del ingreso. Lo es también el proceso político. Las decisiones políticas y económicas se toman en Colombia sin tener en cuenta la gran mayoría de la población. La política de protección, por ejemplo, particularmente a los productores de alimentos y de otros bienes básicos, sistemáticamente afecta a los consumidores adversamente y mucho más a los pobres. El caso del azúcar, que no es único, es ilustrativo. Esta semana fuimos sorprendidos por la buena noticia de que subió el precio internacional del azúcar en poco tiempo de 5 a 20 centavos de dólar por libra. Esto produce un gran alivio pues genera ingresos extraordinarios para los productores de azúcar que frecuentemente la exportan a precios inferiores al costo promedio de producción pero que promediados con los elevados precios internos les reportan ganancias y permiten que se produzca más caña que la que se tendría que producir. Esto se logra por obra de un elevado arancel para el azúcar y por otras formas de protección que presionan al alza los precios de la tierra en el Valle del Cauca, y contribuyen a que las tierras de la región, unas de las mejores del país, no se utilicen para nada distinto a sobreproducir caña, para exportar azúcar a pérdida. Ese andamiaje de protección y la mala asignación de recursos derivada de él empeora la distribución del ingreso y le sustrae recursos cuantiosos a otras actividades que podrían ser mucho más productivas y generar más empleo. El aumento de los precios internacionales del azúcar y el alto nivel de los precios de la gasolina podrían dar lugar a que se desmonte parcialmente el esquema descrito rebajando significativamente el arancel. Ello permitiría que los precios internos descendieran o que no subieran, al menos. Pero no, aún después de haberse cuadruplicado los precios internacionales y a pesar de los beneficios que se pueden obtener de la producción y exportación de alcohol carburante, se mantiene el esquema de protección y se elevan los precios domésticos. Se disparan las ganancias de los productores y con ellas el gravamen implícito que pagan infundadamente en esta coyuntura internacional los consumidores de azúcar y sus productos derivados. Esto se justifica para el caso de la panela que ha pasado por una crisis sin antecedentes, pero no para el azúcar refinado. Así como el Gobierno intervino para moderar los aumentos de precio del cemento, sería oportuno que se ocupara de los del azúcar, para hacer algo en defensa de los consumidores. Pero lo más probable es que esto no suceda. A los gobiernos les conviene más intervenir a favor de los ricos, de los gremios bien organizados, que de la mayoría desorganizada (Economía Política 101). La semana pasada murieron dos hombres que trataron de hacer mucho por el país. Uno de ellos fue Hernán Echavarría, que tuvo la envidiable oportunidad de vivir largos años en forma muy fructífera. El otro fue el profesor Peter Paul Konder, mentor y estímulo de varios de nuestros matemáticos más distinguidos. Solía decir que Colombia lo había cambiado cuando vino a trabajar, recién graduado, a los 22 años. Para devolver el favor llevó a muchos jóvenes colombianos a estudiar a Alemania, y se las arreglaba para repartir su tiempo entre Maguncia, la Universidad de Los Andes y la del Norte en Barranquilla enseñando matemáticas y predicando sentido común. Lo van a echar de menos sus alumnos que luego fueron sus amigos, y en Barranquilla los profesores de ciencias y matemáticas de bachillerato y las señoras que le preparaban el mondongo.

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