Editorial / Contracción inevitable

Ya sea por cuenta de Chávez o debido a los profundos desajustes que tiene la economía venezolana, todo apunta a cifras de exportaciones mucho más bajas que las registradas en el pasado reciente.

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agosto 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-08-31

La ilusión duró apenas unas horas. Y es que terminada la cumbre de países integrantes de Unasur que tuvo lugar en Bariloche el viernes pasado, un exultante Hugo Chávez, al creer que su causa había triunfado, habló de una normalización en las relaciones comerciales con Colombia. Pero dos días después, cuando quedó en claro que la cita presidencial en Argentina no había conseguido rechazar el acuerdo entre Bogotá y Washington, consistente en que militares estadounidenses puedan usar bases aéreas en el territorio nacional, el cambio de tono fue evidente. Esta vez el inquilino del Palacio de Miraflores sostuvo que tenía como objetivo disminuir el intercambio "a cero".

Dicha afirmación volvió a dejar en la mente de los observadores la impresión de que la actual no es una rabieta más. A pesar de que en el pasado el promotor de la Revolución Bolivariana no ha tenido problemas para pasar del insulto al abrazo -sobre todo cuando se trata de Álvaro Uribe- en esta ocasión las cosas son diferentes. Aparte de que las políticas internas del llamado Socialismo del Siglo XXI son ahora más radicales que nunca, la animadversión hacia todo lo colombiano ha venido acompañada de hechos hostiles.

En las últimas semanas, por ejemplo, el Palacio de Miraflores decidió entregarle a Argentina el cupo de importación de 10.000 vehículos que en abril pasado le había reservado a Colombia. Poco después, el convenio de venta de gasolina venezolana en las poblaciones de este lado de la frontera terminó y no fue renovado, con lo cual los consumidores tuvieron que pasar a pagar 6.000 pesos por el galón de combustible llevado desde el interior del país. Además, los atrasos en el pago en divisas a los exportadores colombianos han seguido aumentando y ya superan los 550 millones de dólares. De hecho, la mitad de las cuentas tienen más de seis meses de vencidas.

Todo lo anterior sugiere que la tendencia hacia un menor intercambio es inevitable. Anif sostiene que en un caso extremo las exportaciones colombianas hacia el mercado vecino caerían hasta 30 por ciento en el 2009, al pasar de 6.092 millones de dólares el año pasado a 4.280 millones en el actual. Ese cálculo implica un frenazo considerable, pues entre enero y junio las ventas a Venezuela mostraron un retroceso de apenas 0,2 por ciento, al llegar a 2.684 millones de dólares.

De tal manera, tendría que ocurrir una descolgada del 54 por ciento en el valor de lo despachado este semestre algo que, al parecer, no ha ocurrido todavía. El Ministerio de Comercio sostiene que en agosto el decremento habría sido de 15 por ciento, lo cual no es bueno pero está en línea con lo que le ha sucedido a las exportaciones colombianas a todos los destinos.

Sin embargo, así Hugo Chávez no logre volver realidad sus amenazas en el corto plazo, es mejor prepararse para lo peor. Hay que tener en cuenta que, el mandatario tiene los instrumentos a su antojo para obstaculizar la llegada de productos colombianos. Estos van desde la no entrega de permisos fitosanitarios hasta la demora en el giro de dólares, pasando por las retenciones de vehículos de carga en la frontera.

Por otra parte, las señales de alerta que muestran un acelerado desajuste de la economía vecina, no han hecho más que aumentar. No solo el petróleo está muy por debajo del precio promedio de hace un año, sino que la producción de crudo ha seguido disminuyendo por la incapacidad técnica de la compañía estatal PDVSA. Según algunos estimativos, el bombeo ya es inferior a los 2 millones de barriles diarios, con lo cual la posibilidad de una crisis cambiaria es real. Ayer, incluso, Caracas desmintió los rumores de una devaluación inminente, aunque admitió que es posible que a finales de septiembre cambie la cotización del bolívar fuerte, que es de 2,1 por dólar, para acercar la moneda al nivel que tiene en el mercado paralelo, de 6,8 por dólar.

El problema es que una decisión en ese sentido agravaría la inflación, que ya apunta a más del 30 por ciento, algo que contraería la demanda interna. Por eso son pocos los que creen que el crecimiento en el 2009 sea positivo un factor que, con o sin Chávez vociferando, indica que una contracción del mercado venezolano es simplemente inevitable. Si bien la meta de llevar el comercio a cero puede ser irrealizable, todo apunta a cifras mucho más bajas que las registradas en el pasado reciente.

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