Editorial / El ejemplo de Dubái

El millonario descalabro del emirato árabe sacudió al mundo financiero internacional y sirvió como recordatorio de que los países pueden entrar en cesación de pagos.

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noviembre 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-11-29

Hasta hace muy poco, parecía el lugar donde todo era posible. Y es que, cómo no maravillarse ante las obras realizadas y proyectadas para lo que no es más que un vasto terreno desértico enfrente del Golfo Pérsico. Pero, a punta de empeño y visión, los líderes de Dubái lograron desarrollar el pequeño emirato, concentrado en darles servicios a sus vecinos árabes y conformándose como una especie de isla de estabilidad en medio de una de las regiones más complejas del mundo. Dicha estrategia incluyó desarrollar un moderno aeropuerto y uno de los puertos más eficientes del planeta.

Al mismo tiempo, se adoptó una legislación que permitió la instalación de bancos y oficinas de las más diversas multinacionales, atraídas por un ambiente relativamente amigable hacia la cultura occidental, en contraste con las limitaciones que imponen las más ortodoxas naciones islámicas. La etapa final fue la del turismo, que incluyó el desarrollo de hoteles considerados como verdaderas joyas de la arquitectura y la buena atención.

Pero quizás lo más llamativo de todo fueron las urbanizaciones de casas de lujo, construidas sobre terrenos artificiales en espacios robados al mar. Cientos de miles de toneladas de arena y piedra fueron utilizadas para edificar verdaderas ciudades en forma de palmera o de globo terráqueo, con el fin de atraer a compradores de todas las latitudes, pero sobre todo de una zona que como la del Medio Oriente cuenta con las mayores reservas de petróleo. Esa circunstancia ha creado una poderosa clase de millonarios, interesados en disfrutar de un lugar de descanso en donde se combinen la seguridad, la exclusividad y la discreción.

Todo eso fue posible con el apoyo de Abu Dhabi, el vecino de al lado, cuyas riquezas de crudo le garantizan un futuro próspero. Interesada en diversificar sus inversiones, la capital de los Emiratos Árabes fue el verdadero motor detrás del desarrollo de Dubái, que no tiene riquezas energéticas. En el momento del auge, el despegue de la construcción y los servicios atrajo a miles de trabajadores de todas las latitudes y de las más diversas especialidades. Obreros de Pakistán, choferes e ingenieros de la India, pilotos de avión de Colombia, ejecutivos de Europa y Estados Unidos, llegaron en masa, atraídos por esa especie de Dorado, soportado por la afluencia de petrodólares.

Sin embargo, la llegada de la crisis internacional hizo sonar un campanazo de alerta. De un lado, la baja en los precios del petróleo afectó las finanzas de Abu Dhabi y del resto del mundo árabe. Del otro, los problemas en el sector financiero pusieron en aprietos a centenares de bancos, que endurecieron sus condiciones y empezaron a recoger velas en las zonas de mayor riesgo. Además, los compradores naturales de las millonarias propiedades también vieron mermadas sus finanzas y la demanda de villas y apartamentos se desplomó en cuestión de semanas.

  La mezcla de tales elementos se convirtió en un coctel explosivo que hizo combustión la semana pasada. En un comunicado, el gobierno anunció que posponía hasta finales de mayo el pago de intereses sobre una deuda inicial de 3.520 millones de dólares, pero poniendo en duda la capacidad del emirato de honrar acreencias totales por 59.000 millones de dólares. La noticia se esparció como un reguero de pólvora por las principales capitales. Y es que después de los problemas de hace un año, que llevaron a la quiebra de Lehman Brothers y la estatización parcial o total de decenas de entidades de todos los tamaños, pero sobre todo de las más grandes, la sensibilidad está en su punto máximo.

Debido a ello, las bolsas de Asia, Europa y Estados Unidos tuvieron caídas importantes, ante el temor de que comenzara un nuevo dominó. Pero más preocupante aún fue el recordatorio de que los países pueden entrar en cesación de pagos. Eso no es lo muy tranquilizador, justo cuando las economías más ricas se han endeudado de manera decidida con el fin de pagar los cuantiosos planes de reactivación enfocados en contener la recesión y generar oportunidades de empleo. Para algunos, lo sucedido puede llevar a un endurecimiento de las condiciones de crédito de ciertas economías, algo que debería tenerse en cuenta en Colombia, justo cuando las acreencias públicas han retomado otra vez una senda ascendente.

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