Editorial / Un grave deterioro

Aunque a primera vista hubo un aumento anual de 851.000 personas ocupadas en Colombia, esa dinámica tuvo mucho que ver con un alza en los índices de subempleo.

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junio 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-06-30

Desde cuando comenzaron las ráfagas de viento que anunciaron la tormenta que sacude a la economía mundial, los más diversos analistas dejaron en claro su preocupación por el aumento en el desempleo. Tal como se ha visto en las diferentes latitudes, la relativa parálisis en los negocios ha venido acompañada de fuertes recortes en las nóminas. Los primeros damnificados fueron los trabajadores de la construcción, pues la desmedida actividad edificadora en ciertos países tuvo mucho que ver con la crisis actual, después de que se reventó la burbuja inmobiliaria. Acto seguido el turno fue para los empleados de las entidades financieras, que han vivido en carne propia las consecuencias de los excesos que acompañaron el auge de mediados de la década. Por último, ante la contracción de la demanda y el enfriamiento del consumo, el sector real también ha sentido el golpe, como lo atestiguan las dificultades de las fábricas de automóviles, cuyos planes de recuperación incluyen el despido de grandes cantidades de operarios.

Sin desconocer las realidades particulares de cada nación, el efecto combinado es preocupante. Según el más reciente estimativo de la Organización Internacional del Trabajo, la recesión global podría generar que entre 29 y 59 millones de personas pierdan su puesto en el 2009. Por su parte, la OCDE, que agrupa a una treintena de economías desarrolladas, calcula que la tasa promedio de desempleo entre sus afiliados llegará a 9,8 por ciento en diciembre próximo, frente al 6 por ciento registrado a finales del 2008. Un grupo particularmente golpeado es el de los inmigrantes, cuya tasa de desocupación en ciertos países es casi el doble que el promedio nacional. Por ejemplo, esta ascendió a 27,1 por ciento en España durante el primer trimestre, frente a un consolidado de 15,2 por ciento para la mano de obra de origen ibérico.

A su vez, América Latina no se queda atrás. Entre enero y marzo del presente año, el desempleo en la región llegó a 8,5 por ciento de acuerdo con la Cepal, 0,6 puntos porcentuales por encima de lo registrado doce meses atrás. La misma entidad asegura que la proyección para finales del 2009 es llegar al 9 por ciento, debido a lo cual se pueden perder parte de las conquistas sociales logradas en buena parte de la década.

Es en ese contexto que hay que analizar lo informado por el Dane ayer. Según la entidad, la desocupación a nivel nacional llegó al 11,7 por ciento en mayo pasado, con un alza de 0,9 puntos porcentuales frente a igual periodo del 2008. Por su parte, en las trece áreas metropolitanas principales ese guarismo fue de 12,5 por ciento, un incremento de 0,7 puntos. En ambos casos los resultados son mucho mejores que al comenzar la década, cuando la economía colombiana apenas empezaba a dejar atrás la contracción de 1999. Hace ocho años, para citar un caso concreto, el desempleo en las grandes ciudades llegó a 18 por ciento, mientras que en el país fue de 14,2 por ciento.

Lo anterior no disimula que existe un grave deterioro. Aunque a primera vista hubo un aumento anual de 851.000 personas ocupadas, que equivale a una subida del 4,8 por ciento, el volumen de desocupados creció más rápido aun, en 13,8 por ciento. Parte de lo ocurrido tiene su explicación en un incremento notorio en la tasa de participación, que mide la proporción de la población que sale a la calle a buscar trabajo. El problema es que esa masa de personas llegó a ingresar las filas de la informalidad, como lo muestra el número de subempleados, que saltó en 767.000 individuos.

Dicho de otra manera, el llamado "rebusque" está ganando la partida. Esa impresión parece ser confirmada por encuestas sectoriales, tal como ocurre con la industria y el comercio en donde ha habido una pérdida neta de empleos frente a los niveles de hace un año. Otras mediciones sugieren que hay más vendedores ambulantes en las calles o gente que acepta oficios a destajo, sin tener acceso a la seguridad social.

En consecuencia, es previsible que la presión a favor de programas de choque que generen empleos suba. La situación es particularmente angustiosa en tres ciudades en particular (Pereira, Ibagué y Pasto), en donde la desocupación se acerca al 20 por ciento y en donde, más que diagnósticos, se necesitan soluciones. 

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