Editorial / La hora de Dilma

Hoy, los ojos del planeta están puestos sobre Brasil, como consecuencia de la cita con las urnas que tiene esa nación el próximo domingo.

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septiembre 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-09-30

Si todo sale como está previsto, la candidata Dilma Rousseff, sería elegida en la primera vuelta.

A pesar de que la democracia en América Latina sufrió ayer un fuerte tropezón, debido a la retención indebida a la que fue sometido el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, por la Policía de su país, la verdad es que los ojos del planeta no están volcados sobre Quito.

En cambio, la atención de los interesados sobre la marcha de la región se encuentra concentrada en Brasil, como consecuencia de la cita con las urnas que tiene esa nación el próximo domingo. Si todo sale como está previsto, la candidata Dilma Rousseff, que lleva la bandera del Partido de los Trabajadores (PT), sería elegida en la primera vuelta, pues los sondeos aseguran que le logrará sacar al menos 20 puntos porcentuales de diferencia a su principal contendor, el ex gobernador del estado de São Paulo, José Serra.

Incluso, si son necesarias unas elecciones adicionales, porque no se logre concretar el margen previsto en la ley, muy pocos dudan que esta economista de 62 años conseguirá llegar al Palacio de Planalto en Brasilia el próximo primero de enero. Así, el actual mandatario, Luiz Inácio 'Lula' da Silva, le hará entrega de la banda auriverde a quien fue su ministra estrella. La misma por la cual ha transgredido todos los límites de la neutralidad y a quien le ha heredado su inmensa popularidad, reflejada en un índice de aprobación del 80 por ciento a la gestión que ya concluye.

Conocida con el remoquete de 'la dama de hierro', Rousseff es todavía un gran misterio para buena parte de los 190 millones de brasileños. Al fin de cuentas, su desempeño profesional ha sido más técnico que político y a pesar de haber tenido a su cargo una célula guerrillera, lo que le costó tres años de arresto y más de una sesión de tortura en la época de la dictadura militar hace cuatro décadas, se siente más a gusto entre informes escritos que haciendo campaña.

Debido a ello, tuvo que someterse a una especie de cambio extremo que incluyó nuevo peinado y guardarropa, así como la moderación de su acento sureño para poder hablar con más efectividad ante el público.

El sector privado se ha mantenido tranquilo, en contraste con el nerviosismo que precedió la elección y posesión de Lula hace ocho años. La razón es que el modelo impulsado por el PT ha permitido la llegada de inversión extranjera a un ritmo que no tiene precedentes, al mismo tiempo que las empresas locales se han expandido y tienen presencia en múltiples latitudes. Un ejemplo de ello fue la descomunal colocación de acciones por 67.000 millones de dólares que hizo Petrobras la semana pasada y con la cual rompió todos los récord mundiales, de emisiones anteriores.

El poderío de Brasil no tiene discusión en la región ni en el planeta. Aparte de sus inmensos recursos naturales, el valor de su Producto Interno Bruto es el octavo más grande del mundo, y diversas proyecciones aseguran que llegará al quinto lugar en apenas 15 años.

Particularmente destacable es su comportamiento cuando el huracán de la recesión global sopló con fuerza, pues las medidas adoptadas por el Gobierno saliente permitieron un alza en el consumo interno que generó un círculo virtuoso que se ha expresado en la creación reciente de más de un millón de empleos y en una disminución notable de las tasas de pobreza. Incluso la mala distribución del ingreso, que ha sido una mácula tradicional, parece no ser tan crítica después de las fuertes inversiones realizadas para cerrar las brechas sociales.

Que las cosas han cambiado más allá de la selva amazónica, es algo sobre lo que Colombia puede atestiguar. No sólo el intercambio comercial entre ambas naciones ha subido, sino que los inversionistas brasileños han entrado con fuerza al país, como lo demuestra su presencia en ramos tan variados como el siderúrgico, el carbonífero o el de las aerolíneas.

Además, hay que mencionar las posibilidades de desarrollo agrícola en la Orinoquia, que tiene similitudes con zonas en las que hay grandes cultivos de granos y cereales. Por tal motivo, es imposible mirar con indiferencia la suerte de una nación que detrás de su imagen de sol, samba y fútbol, posee una fortaleza notable y cuyo éxito también influirá sobre lo que suceda en esta parte del continente.

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