Editorial / Prevenir, no lamentar

Cada vez más entidades internacionales hablan sobre la conveniencia de imponerles controles a los capitales especulativos con el fin de evitar burbujas y la revaluación de la moneda.

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mayo 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-05-31

Una polémica considerable, por ahora restringida a los especialistas, es la que ha creado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) con la publicación de su más reciente informe. Titulado 'La hora de la igualdad', el reporte -cuyo tema central se explica por sí solo- coincide con el periodo bienal de sesiones del organismo adscrito a las Naciones Unidas, que termina hoy en Brasilia.

Pero la causa de la discusión tiene que ver con el llamado, hecho por la entidad, para que los países de la región exploren medidas con el fin de regular la entrada de capitales foráneos, lo cual constituye un cambio fundamental frente a las políticas liberalizadoras todavía vigentes.

En honor a la verdad, no es la primera vez que se habla del tema. Aunque en el mundo académico han venido apareciendo con relativa frecuencia documentos que evalúan la experiencia de determinadas naciones a la hora de imponer controles a los inversionistas extranjeros, no fue sino hasta febrero pasado que el debate ganó impulso.

La razón fue la promulgación de un trabajo hecho por un puñado de técnicos del Fondo Monetario Internacional, en el cual se sostiene que no todas las talanqueras son malas. Semejantes afirmaciones deberían ser escuchadas por estos lares.

El motivo principal es que el país está cada vez más en el radar de los inversionistas, como lo demostró el presidente del banco anglo-chino HSBC, Michael Geoghegan, al acuñar el término Civets para referirse a un grupo de economías con gran potencial de crecimiento y en el cual están Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica.

Eso, por supuesto tiene mucho de bueno, si al territorio nacional llegan compañías interesadas en desarrollar iniciativas que generen exportaciones y empleo. El problema es que no todo lo que entra vale la pena. Los estudiosos del tema sostienen que en la medida en que el atractivo de un país específico mejora, también aparecen los inversionistas de corto plazo que influyen mucho en la creación de burbujas especulativas, ya sea en la bolsa de valores o en la finca raíz.

Como en esos casos aparece el llamado 'efecto manada', normalmente el ingreso de fondos es tan alto, que la moneda local se aprecia frente al dólar con lo cual el sector productivo empieza a tener dificultades para competir internacionalmente. Dichos recursos, por supuesto, se pueden ir muy rápido, ocasionando una gran volatilidad que normalmente supera la capacidad de las autoridades a la hora de reaccionar. Por tal razón, la Cepal ha insistido que lo mejor es prevenir antes que lamentar.

Dicha reflexión es válida a la luz de lo que ha ocurrido recientemente en el mundo. Si algo ha quedado claro con la crisis europea, es que puede ser más fiable un papel emitido en América Latina o en Asia -reconociendo que hay excepciones- que uno respaldado por una nación mediterránea.

Además, todas las proyecciones de mediano plazo muestran que el grupo de las economías emergentes va a tener un desempeño mucho mejor que el de las industrializadas, con lo cual no es necesario ser un analista muy sofisticado para concluir que probablemente el dinero colocado en esta parte del planeta debería rentar más y puede estar más seguro que si se queda en Madrid o Atenas. Frente al anuncio de una avalancha, vale la pena afinar los mecanismos de detección y control.

El lío, sin embargo, es que los economistas todavía no se ponen de acuerdo sobre la receta general que funciona. De hecho, quienes han estudiado el efecto de las medidas que impuso el Banco de la República en mayo del 2007, cuando la revaluación del peso se convirtió en el principal dolor de cabeza de las autoridades, sostienen que lo realizado sirvió muy poco. Tan es así, que algunos de los controles fueron desmontados menos de un año y medio después, sin que hayan vuelto a ser exigidos.

No obstante, si las tendencias que empiezan a ser evidentes siguen su curso, es indudable que el tema volverá a estar presente. Por ahora, la mezcla de nerviosismo por la suerte del Viejo Continente, mezclada con la política de comprar 20 millones de dólares diarios en divisas, ha dado un resultado aceptable.

Pero más adelante, cuando más inversionistas toquen a la puerta y la bonanza minera y petrolera tome más fuerza, los llamados a la acción se van a multiplicar, por lo cual es mejor reaccionar temprano y no tarde.

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