El efecto de la crisis financiera internacional en la pobreza

A un año del comienzo de la peor crisis financiera desde el crack del 1930, justo cuando las economías lentamente abandonan el periodo recesivo para retomar la senda del crecimiento, comienzan a sentirse las repercusiones reales del sistema financiero internacional en los más necesitados.

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septiembre 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-09-30

El Programa Mundial de Alimentos, una agencia especializada de la ONU informó en estos días que por primera vez en la historia el número de personas que pasan hambre ha superado los 1.000 millones en todo el mundo. La destrucción de riqueza financiera, de puestos de trabajo y de demanda de los países desarrollados, sumado a un aumento en el precio de los alimentos ha generado que la pobreza y el hambre aumenten a récords nunca antes vistos. En 2008 el crecimiento de América Latina y el Caribe fue de un 4,6 por ciento, sexto año consecutivo de expansión en la región. Sin embargo, ese año marcó el final de un periodo con escasos precedentes en su historia económica. Entre 2003 y 2008, la región creció a una tasa media cercana al 5 por ciento anual, que implica un crecimiento del PIB por habitante superior al 3 por ciento anual. Este crecimiento estuvo acompañado por una mejora de los indicadores del mercado de trabajo y una notable disminución de la pobreza en la región. Según el Observatorio Financiero Internacional de la Universidad Nacional, Ofin, estos resultados no se repitieron en 2009. Se espera que la tasa de crecimiento de América Latina y el Caribe sea de un 1,9 por ciento, lo cual supone una evolución relativamente optimista de la crisis. Aunque la región está mejor preparada que en crisis anteriores, hay varios canales a través de los cuales cabe esperar que las economías de América Latina y el Caribe se vean afectadas. La desaceleración mundial ha provocado una fuerte caída de la demanda de bienes así como la baja en el precio de los productos básicos (que implica un deterioro en los términos de intercambio) desde sus niveles máximos a mediados del 2008. También se ha visto afectada por la disminución de los ingresos por concepto de turismo, que representan el 1,3 por ciento del PBI de Colombia, y el envío de remesas. Por otro lado, los países enfrentarán mayores dificultades de acceso y un aumento del costo del financiamiento externo, como reflejo del alza generalizada de los niveles de riesgo e incertidumbre global que afectó tanto al financiamiento privado como al público llevando las primas de riesgo soberanos a los niveles más altos desde el 2002. Actualmente, el riesgo país es de 257 bsp para Colombia, lo que reduce el margen de maniobra del sector público para contrarrestar la caída en la actividad mediante políticas expansivas como las aplicadas en los países desarrollados, los cuales han podido disminuir el impacto en la caída del ingreso con importantes programas de crédito al consumo. BAJA EL CONSUMO En este sentido, la variación porcentual del crédito al consumo en Colombia, Chile y México pasó del 32,9 por ciento, el 9,1 y el 25,3 en 2007 al 7,3, el 1,7 y el 3,3 por ciento en 2008, respectivamente. Lo anterior muestra no sólo la imposibilidad de utilizar esto como medida sino que se convierte en un problema más a resolver. Todo ha contrarrestado rápidamente los logros que con tanto esfuerzo se han conseguido en los años de prosperidad pasados. Las tasas de desempleo y pobreza se han disparado a lo largo de todo el año. En particular, Colombia ha alcanzado niveles notablemente mayores que el año anterior. Las últimas mediciones arrojan una tasa cercana al 12,6 por ciento, lo que equivale a más de seis y medio millones de personas. Esto repercute fuertemente en la pobreza y en la precariedad urbana, dos de los problemas más apremiantes que enfrentan casi todos los países de América Latina y el Caribe. La región es heterogénea, debido a diferencias económicas, sociales y ambientales, tanto entre los países como al interior de los mismos. La Cepal, al igual que otras entidades internacionales trabaja con base al Método de Línea de Pobreza, el que clasifica a una persona como ‘pobre’ cuando el ingreso por habitante de su hogar es inferior al valor de la ‘línea de pobreza’ o monto mínimo necesario que le permitiría satisfacer sus necesidades esenciales. Las líneas de pobreza, expresadas en la moneda de cada país, se determinan a partir del valor de una canasta de bienes y servicios, empleando el método del ‘costo de las necesidades básicas’. De acuerdo a la información de las encuestas de hogares, en torno al año 1980, en la región había 62,9 millones de habitantes urbanos pobres por ingresos, lo que representaba el 29,8 por ciento del total de la población urbana. De ellos, 22,5 millones (10,6 por ciento) eran indigentes. Hacia el año 2002, la población urbana pobre aumentó a 146,7 millones un 38,4 por ciento, con 51,6 millones de indigentes un 13,5 por ciento. Hacia el año 2005 la tendencia se revirtió levemente hasta situarse en un total de 137,9 millones de habitantes urbanos pobres, 34,1 por ciento, de los cuales 41,8 millones eran indigentes, 10,3 por ciento. Esta tendencia se habría mantenido hasta 2007, año donde en zonas urbanas la pobreza llegó a 29,8 por ciento y la extrema pobreza o indigencia a 8,1 por ciento. En los últimos 27 años 1980-2007, la evolución de la incidencia de la pobreza de ingresos en las zonas urbanas de la región se habría mantenido en niveles entre 30 por ciento y 40 por ciento con una tendencia de disminución desde el año 2002 en adelante. Similar comportamiento registra la evolución de la incidencia de la indigencia, pero con porcentajes que van entre 10 y 15 por ciento. * Analista de Research de Openworld Investment Bank Consulting **Executive Manager Openworld Colombia Hay más pobres en Colombia En el país, tras un notable descenso en los años an- teriores, la población en condiciones de pobreza actualmente alcanza al 46 por ciento de los habitan- tes. Este dato fue infor- mado recientemente por un documento del Dane. La indigencia muestra alarmantes niveles, pues alcanza a más del 17.8 por ciento de los colom- bianos, por sobre el 15,7 por ciento de 2005. Su- mado a esto, en el desa- rrollo regional predomina una distribución desigual en el acceso a bienes y servicios. El Ofin cree que esto no es el resulta- do del desarrollo econó- mico sino consecuencia de la historia de las decisiones de políticas públicas. '' La destrucción de riqueza financiera, de puestos de trabajo y de demanda de los países desarrollados, sumado a un aumento en el precio de los alimentos ha generado que la pobreza y el hambre aumenten a récords nunca antes vistos”. WILABR

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