Los ejemplos de Jobs y Santo Domingo

El testimonio y obra del fundador de Apple, Steve Jobs, y del empresario colombiano Julio Mario Santo Domingo permiten a todos hacer una parada en nuestra vida diaria para reflexionar, pues en ambos casos representaron un ejercicio excepcional que se sale de los patrones normales, cada uno dentro de un modelo particular y no necesariamente comparable.

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noviembre 30 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-11-30

En el caso de Jobs, su capacidad para innovar superó todos los límites, no sólo por la grandiosa aventura transformadora, sino por la velocidad con la que adelantó el proceso y la repetición de hechos sobresalientes que superaban o complementaban lo realizado previamente. Su capacidad para crear lo persiguió siempre, como él mismo lo reconoció. En el famoso discurso ante los estudiantes de la Universidad de Stanford, Jobs dijo: "la muerte es, muy probablemente, el mejor invento de la vida; el factor de cambio de la vida. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo". El caso de Julio Mario Santo Domingo no es comparable al de Jobs. El empresario colombiano mostró una gran capacidad para gestionar el éxito empresarial. Lo demostró a lo largo de su vida con la conformación de un grupo empresarial que llegó a ser considerado como el más grande del país, en distintos sectores de la economía nacional, con un ingrediente adicional: fue quizás el empresario que primero tuvo en cuenta al exterior como parte fundamental de los negocios. Santo Domingo participó y fue protagonista de momentos estelares de la vida colombiana más allá de la operación empresarial. Y este es quizá uno de sus legados más importantes a los empresarios actuales: el entorno es determinante y clave en la obtención de los resultados empresariales. Es más, en un momento dado de nada sirve el trabajo de las empresas si no se da un ambiente institucional que lo favorezca. Y en esto, don Julio Mario Santo Domingo fue un ejemplo digno de imitar. La desafortunada coyuntura de los dos personajes fallecidos recientemente permite pensar que el gran éxito logrado en sus empresas fue el resultado de mucho más que la buena suerte y más bien de que algo tenían de especial, ligado a su inteligencia y forma de trabajar y hacer las cosas. Tuve la oportunidad de asistir al análisis de casos empresariales que hace el Inalde de la Universidad de la Sabana y en esa oportunidad se buscó profundizar acerca de la pregunta ¿puede una empresa considerada buena convertirse en una compañía excelente, y de ser así, cómo? Jim Collins se ha pasado dos décadas investigando las experiencias empresariales que lo han logrado y su conclusión es más sencilla de lo que uno cree: el ingrediente para lograrlo es tener un líder de nivel cinco. Esto es un ejecutivo que combina una genuina humildad personal con una intensa voluntad profesional. Es un asunto 'contraintuitivo', que va en contra del modelo tradicional de los ejecutivos monumentales y que pregonan su sabiduría. Al presidente de Kimberly, un abogado tímido y modesto, nunca le fue publicado un artículo en un periódico o revista importante, pues se creía que no daba para tanto. Sin embargo, convirtió a Kimberly en la principal empresa de productos de papel para consumo en el mundo y derrotó a rivales como Procter & Gamble. Las características centrales de quienes lograron que sus empresas pasaran de buenas a excelentes: arrancaron ocupándose primero de la gente y luego de la estrategia, trajeron a las personas correctas en todo sentido y removieron a las incorrectas, pusieron a los apropiados donde era y luego fijaron la dirección. En los casos de éxito, se mantuvo una fe inquebrantable en que al final se saldría adelante y actuaron en consecuencia, con una gran constancia y siempre creyendo que la transformación y el avance no se dan de la noche a la mañana, sino que el proceso se asemeja a empujar una pesada carga en una misma dirección. Muchas veces parando en el camino, haciendo cambios y reestructuraciones. Las empresas que pasaron de buenas a excelentes tenían una relación particular con la tecnología. Evitaban adoptar nuevas tecnologías de manera apresurada, pero fueron pioneras en la adopción de técnicas seleccionadas con mucho cuidado. Gente, pensamiento y acción disciplinadas. Gente disciplinada aplana las jerarquías, pensamiento disciplinado elimina la burocracia y con acción disciplinada sobran jerarquías. ¿Y qué caracteriza a la humildad personal y la voluntad profesional? Este es el catálogo de Collins: HUMILDAD PROFESIONAL El líder demuestra una modestia elocuente y evita la adulación pública y nunca se jacta; actúa con callada y serena determinación, se apoya en estándares inspirados y no en un carisma inspirador, como arma de motivación; analiza la ambición hacia la empresa, no hacia sí mismo, establece sucesores, para una grandeza aún mayor en la siguiente generación, y mira al espejo y no por la ventana a la hora de asignar responsabilidades, nunca culpa a la mala suerte, a los demás o a factores externos. Voluntad profesional Genera excelentes resultados, un claro catalizador en la transición de bueno a excelente; demuestra una férrea determinación de hacer lo que sea necesario para producir los mejores resultados a largo plazo, por difícil que sea, y fija el estándar de construir una empresa excelente para la posteridad y no se contenta con menos. Muy interesante sería el ejercicio si se aplicara a nuestro país, donde resulta muy frecuente culpar a factores externos cuando hay problemas en las empresas y mirar al espejo cuando se trata de destacar los buenos resultados. Hay una frase que nos viene como anillo al dedo: "el enemigo no está afuera, está adentro". No se pretende desconocer la ocurrencia de esos factores externos, como la tasa de cambio o los costos financieros, pero estos no pueden ser el centro de la evaluación. El tiempo que se gasta haciendo análisis sobre variables en las que no se tiene mayor control podría ser usado en buscar salidas concretas a los problemas que aquejan a las empresas. Y esto es particularmente válido ahora que el país está por fin a las puertas de un TLC con EE. UU. Llevamos varios años desde que se firmó el acuerdo entre los gobiernos de ambos países, Uribe y Bush, y aún se escuchan voces que afirman que no estamos preparados para enfrentarlo. Sin entrar a encontrar culpables, se debería evaluar el trabajo de esos años sabiendo que un día, muy próximo, el acuerdo iba a ser una realidad.HELGON

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