Enseriar la política

Enseriar la política

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octubre 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-10-31

Los jefes de los distintos partidos y agrupaciones políticas se han apresurado a declarar su triunfo en las elecciones regionales del domingo. Y tienen razón. Todos ganaron. Pero también todos perdieron. A pesar de todas las reformas constitucionales y legales, la política cada vez más, tiene menos que ver con ideas o con programas y se reduce en muchos casos a verdaderas microempresas electorales. Se ha dicho por ejemplo que el Polo Democrático se consolidó en Bogotá, ya que su candidato sacó más de 900.000 votos, cosa que es cierta. Pero no todos los votos por Samuel Moreno lo fueron por el Polo. La lista al concejo alcanzó menos de 400.000 mil votos, luego más de 500.000 que sufragaron por el Alcalde triunfante no lo hicieron por el Polo como partido político. A este respecto, se presentó la gran paradoja de que siendo el liberalismo una fuerza importante de oposición al presidente Uribe, sus directivas -no necesariamente las bases- tomaron la decisión de votar por Enrique Peñalosa, claro candidato del Gobierno, como se demostró con la abierta participación en política del Jefe del Estado. ¿Cómo entender esta contradicción? Pero el fenómeno se muestra también desde el otro lado. En dos oportunidades Horacio Serpa ha sido el contendor de Uribe en la carrera por la Presidencia, y en ambas fue derrotado. Pero ahora triunfó en Santander, en primer lugar desde luego, por ser el personero del liberalismo, pero apoyado por los principales partidos que han sostenido a Uribe, como el conservatismo, la U y Cambio Radical. Lo mismo ocurrió en Cundinamarca, en donde con la excepción de Cambio Radical -que tuvo en Álvaro Cruz su propio candidato- todos los partidos uribistas ordenaron votar por el candidato del liberalismo, partido de oposición al Gobierno. En Nariño, el Polo Democrático logró conservar su feudo en la Gobernación con Antonio Navarro, pero en la Alcaldía de Pasto fue derrotado por Eduardo Alvarado, candidato avalado abiertamente por el presidente Uribe, de quien fue su viceministro. La Alianza Social Indígena -prácticamente sin representación en el Congreso- no alcanzó a elegir concejal en Bogotá, pero sí ‘logró elegir’ nada menos que Alcalde de Medellín. ¿Querrá eso decir que los indígenas van a apoderarse de la administración de la capital de la Montaña? ¿O que los afrodescendientes con Guillermo Alberto González llegaron a la Gobernación del Cauca? ¿La reposición de votos será por ejemplo para la Alianza Social Indígena o los afrodescendientes, o para los candidatos a título personal? Casos como estos se repitieron a lo largo y ancho de la geografía política nacional. Otra clara manifestación de la ‘personalización’ fue la generalizada utilización del ‘voto preferente’. En el Concejo de Bogotá, cada candidato hacía su propia campaña, tenía sus propios recursos, sus propias cuñas publicitarias y sus propias propuestas electorales. En las democracias maduras se elige por los partidos y no por los individuos. Esta personalización de la política, desde luego, encarece hasta el infinito las campañas. Si, para seguir con el ejemplo de Bogotá, cada uno de los 45 candidatos de cada una de las listas tiene que hacer su propia campaña, los costos -inútiles en la mayoría de los casos- son exorbitantes en materia de publicidad. Mucho más barato si la publicidad solo se hiciera para el partido y la cabeza de la lista que ‘arrastrara’ a los demás integrantes. Despersonalizar el ejercicio político contribuiría a la consolidación de la democracia y de paso depuraría las prácticas políticas. Alfonso Gómez Méndez Ex fiscal general Despersonalizar el ejercicio político contribuiría a la consolidación de la democracia y de paso depuraría las prácticas políticas”.

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