En espera de la cosecha

En espera de la cosecha

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enero 31 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-01-31

La presentación que hizo el martes pasado el ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, sobre las perspectivas del tema a su cargo en el año que todavía comienza, es un buen motivo para comentar sobre el devenir de una actividad fundamental para el país. Y es que aparte de los recuerdos bucólicos que todavía despierta el campo en una nación que hizo de manera acelerada el tránsito de las zonas rurales a las urbanas, es una verdad de a puño afirmar que si al agro le va bien, a Colombia también. Eso es así como resultado del peso específico del sector en la economía nacional pues, según el Dane, el ramo aporta el 11,5 por ciento del Producto Interno Bruto y contribuye con el 18,7 por ciento de los empleos. Pero también porque es indudable que el atraso y la desigualdad que afectan a la población campesina han sido caldo de cultivo para la violencia y el desarrollo de actividades ilegales, lo cual ha creado un círculo vicioso que ha sido muy difícil romper. En ese sentido es encomiable el esfuerzo del Gobierno de enviarles un mensaje a los productores sobre el entorno que avizora en el 2008. La mirada hecha a los diferentes cultivos permite tomar decisiones de siembra o expansión en una actividad que ha resultado particularmente influenciada por varios factores, pero sobre todo por un entorno internacional cambiante. Esto es consecuencia de la llamada revolución de los biocombustibles que ha ocasionado importantes alzas de precios, así como del creciente peso del mercado venezolano en las exportaciones de bienes. No obstante, el punto de partida no es el mejor. Según estimaciones preliminares de la Sociedad de Agricultores de Colombia, el crecimiento de la actividad en el 2007 fue de 2,6 por ciento, muy por debajo del 7 por ciento esperado para toda la economía y del ritmo de la demanda interna. Para la SAC, lo conseguido fue consecuencia de un aumento de 4,3 por ciento en los cultivos de ciclo corto, de 1,5 por ciento en los de ciclo largo y de 2,3 por ciento en materia pecuaria. Ese balance no deja de ser sorprendente a la luz del mejor ambiente de seguridad, del aumento en las cotizaciones de algunos productos y del crecimiento de 8,1 por ciento en los precios de los alimentos, según la inflación el año pasado. En contraste, el mayor apetito de los colombianos parecería haber sido suplido por las importaciones, pues las compras externas de bienes agrícolas y agroindustriales habían crecido 35 por ciento entre enero y octubre del 2007, situándose en 2.608 millones de dólares. Para los conocedores, la falta de dinámica en la producción interna tiene varias razones. La primera es que todavía es necesario consolidar más el clima de seguridad para que las inversiones en el sector se multipliquen. La segunda es que hay importantes proyectos en pleno desarrollo que todavía no han fructificado, pero que lo harán en los próximos años, como lo sugieren las estadísticas de crédito. La tercera es que el ramo está mal medido, un argumento del ministro Arias al cual no le falta soporte técnico y que amerita un esfuerzo concienzudo del Dane para mejorar sus métodos de contabilización y recolección de datos. Pero sea cual sea la explicación, lo cierto es que el campo colombiano sigue esperando mejores tiempos. La SAC argumenta, por ejemplo, que es necesario trabajar en temas de competencia para evitar la posición dominante de los productores agroindustriales, que habrían mantenido los precios de adquisición del maíz y la leche por debajo de sus cotizaciones internacionales. A su vez el Ministerio insiste en que las cosas van por buen camino, gracias a una institucionalidad más fuerte y a un aumento esperado del 4,3 por ciento en la producción agrícola y del 3,8 por ciento en la pecuaria para el 2008. Esos cálculos, sin embargo, palidecen frente al potencial de un país cuya área cultivada es de 4,8 millones de hectáreas, pero que tiene 21,5 millones más dedicadas a la ganadería, las cuales, bajo las condiciones adecuadas, deberían convertirse paulatinamente en sementeras, cosechas y empleos para bien de todos los colombianos. '' A pesar de condiciones más favorables tanto internas como internacionales, los mejores tiempos del sector agropecuario colombiano todavía están por venir”.WILABR

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