Las etiquetas no están de adorno, son para leerlas

La dicha no duró mucho en la casa de los Afanador. A los pocos días de estrenar el computador, éste de repente dejó de funcionar. Furioso “por la mala calidad del producto”, el señor Afanador se fue a alegar al almacén donde lo compró y pidió que le hicieran efectiva la garantía y le dieran uno nuevo, “que funcione bien”, les dijo.

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septiembre 29 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-09-29

Allí revisaron el producto y le dijeron que no se lo podían reponer porque el daño se debía a que él no había seguido las instrucciones, que indicaban que debía utilizar un regulador de voltaje por si se presentaban fluctuaciones eléctricas. El vendedor alega que él sí le dijo y que además la indicación está impresa en la caja. ¿Quién tiene la razón? Ahí va la pelea, lo cierto es que los niños Afanador, siguen yendo al café internet del barrio para hacer algunas tareas. Lo que dice la percepción, porque estadísticas no existen, es que los colombianos poco se fijan en las etiquetas de los productos o leen por encima o no siguen las instrucciones como indican. Y es un gran descuido, porque las etiquetas son la garantía de seguridad que el productor o comercializador pone frente al producto. La información que allí se expone no es por capricho, es una exigencia de los organismos de control, de acuerdo con el tipo de producto. “La mayoría deben cumplir con un reglamento técnico que es obligatorio y que lo expiden las instituciones con autoridad como el Invima o los Ministerios”, dice Fabio Cadena, del departamento de certificaciones del Icontec. Según Nelly Matallana, jefe de la división de protección al consumidor de la Superintendencia de Industria y Comercio, “el consumidor tiene la obligación de acceder a la información necesaria que le permita tomar la decisión de compra, y esa información debe incluir ciertas especificaciones técnicas, modo de empleo, advertencias o cuidados, porque frente a la garantía, si no lee, puede perderla”. Y cuando se trata de productos alimenticios o medicamentos, de no fijarse, se puede poner en riesgo la salud. En el carrito del mercado de Claudia González hay cerca de diez productos de aseo y alimentos. “Siempre cojo los mismos”. -¿Y alguna vez ha leído las etiquetas y la información que traen? -La verdad, no. Incluso hay algunos que uso porque era los que compraban en mi casa. En algunos me fijo, pero en la fecha de vencimiento. Y si llevo algo nuevo, miro algunos datos, pero no toda la información que traen, porque son tantos ingredientes que uno no conoce, que ni para qué. Para la nutricionista Carolina Camacho, eso está bien hasta cierto punto. “La gente del común no sabe interpretar la información que sale en las etiquetas, a menos que ya tenga una guía específica por alguna condición especial de salud. Uno no puede ser obsesivo con la comida”, comenta. En cambio, Gloria Díaz disfruta leer de arriba a bajo los frascos o cajas de los productos que consume. “Si en el mercado voy a llevar un producto nuevo, lo reviso ahí mismo. Otras veces, mientras lo estoy usando, miro la caja o el frasco Por ejemplo, el cereal es el que como desde que vivía con mis papás, pero a veces mientras desayuno, vuelvo y miro la caja. La verdad, me las leo por curiosidad. Si es un producto importado o un electrodoméstico, me gusta saber de dónde lo traen, dónde lo hacen”. Lo mejor es la comida balanceada Cuando se leen los ingredientes de un producto alimenticio no propiamente se está leyendo una receta para preparar en casa. Dentro de los mínimos 8 o 10 componentes que aparecen en los rótulos, conocidos, solo unos cuantos, a menos que sean totalmente naturales. Por eso no es fácil entender las etiquetas. Para la nutricionista Adriana Botero, “fijarse en ellas no es fundamental, depende del estado nutricional de cada quien. Por ejemplo, si se sufre de sobrepeso sí hay que ver el valor calórico del producto”. Lo mismo si se es diabético (para el control del azúcar y la grasa), hipertenso o con problemas de riñones (control de sodio), si se tienen problemas de colesterol, etc. Estas personas, con guía de una nutricionista, aprenden a manejar la información nutricional del producto para no poner en riesgo su salud. Para la nutricionista Carolina Camacho, lo importante a la hora de hacer mercado, más que fijarse en el valor calórico de cada producto, es pensar en una alimentación balanceada que “incluya fruta, verduras, proteínas, carbohidratos bien combinados”, dice. Si alguien acostumbra a consumir productos light o está en una dieta para bajar de peso, sí conviene mirar las etiquetas. “Pueden tener menos calorías que un producto tradicional o porque tienen menor contenido de azúcar o de grasa, en eso hay que fijarse. Pero en todo caso engordan, menos, eso sí”, dice Camacho. Escoger productos según el tipo de piel Por un maquillaje que le pusieron para un desfile, la modelo Luisa Ayala desarrolló un acné que la dejó seis meses fuera de las pasarelas. Estos casos son muy frecuentes por el uso de productos que no son los adecuados para el tipo de piel. Por eso, la recomendación de la dermatóloga Lina María Llanos, es usar productos formulados por un profesional de acuerdo con las necesidades de cada piel. “Cada uno debe saber qué tipo de piel tiene. Vemos mucho acné cosmético por el uso de cremas inadecuadas”, dice. Por eso recomienda siempre fijarse en la la forma de uso, las contraindicaciones y la fecha de vencimiento de los productos de aseo y belleza. Y agrega que en pieles sensibles, hay que evitar las lociones con alcohol para no irritar la piel. En las pieles jóvenes hay que evitar los productos muy grasos o espesos porque pueden producir barros. También hay que fijarse bien, si son para el día o la noche. “Estos últimos pueden tener ingredientes que reaccionan con la luz”, dice. En los productos de aseo personal, recomienda usar champú y jabón con ph neutro.

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