Los ex presidentes

El cruce de dardos de hace unos días entre el presidente Santos y el ex presidente Uribe (el primero dijo que al terminar su mandato no se dedicaría a molestar a los presidentes de turno y el segundo, dándose por aludido, respondió que sus críticas no son ataques personales) nos plantea un tema interesante:

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abril 29 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-04-29

¿cuál es el papel de los expresidentes? Cuando los partidos Liberal y Conservador dominaban la política, y todos los expresidentes pertenecían a uno u otro, el tema estaba resuelto: como jefes naturales de esas colectividades opinaban, impartían bendiciones o señalaban pecadores cual cardenales en ejercicio. Los últimos representantes de esta estirpe fueron López Michelsen y Turbay Ayala. Su lugar en el Olimpo político era claro con independencia de cuanta influencia ejercieran. López, con mucho humor, calificó a este selecto grupo como muebles viejos. Me imagino esos escaparates enormes que hay en todas las casas, que nadie se atreve a botar por nostalgia, pero que nunca le encuentran el sitio apropiado y van, año tras año, de un cuarto a otro. Hoy los ex presidentes no tienen un lugar claro desde donde opinar, ya que las coaliciones de partidos que los eligen se deshacen a la misma velocidad que se crean. Belisario, Gaviria, Samper, Pastrana y Uribe son muy distintos, pero conforman nuestro club de expresidentes. Y no todos pasan a ocupar el lugar de sabios de la tribu, esas personas que por su experiencia, trayectoria y por estar por encima de bien y del mal, dan orientaciones en momentos críticos de la vida nacional. Ese es un buen papel para los expresidentes. Pero deben ganárselo y no se logra si se mantienen en el día a día de la política. Para mí el modelo a seguir es el de Al Gore, que no es expresidente de Estados Unidos, pero actúa como si lo fuera. Fue el vicepresidente de Clinton que perdió la elección con Bush. ¿Qué hizo? Se dedicó a crear consciencia mundial frente al calentamiento global, y armó tal barullo que hasta le dieron el Premio Nobel de Medio Ambiente. Mi punto es este: gobernar un país como Colombia, con tantos desafíos de pobreza y violencia, es apenas resolver lo urgente y en menor medida, avanzar en lo importante. Lo inmediato no da tiempo para lo estructural. Me imagino que esa debe ser la mayor frustración de un presidente cuando acaba su mandato: constatar que los problemas de fondo en educación, empelo o nutrición siguen igual o avanzan poco, porque hay que defenderse de la guerrilla y atender a los damnificados del invierno. Pues entonces, que los expresidentes se dediquen a pensar y actuar sobre los problemas importantes de Colombia. ¿Cómo? Como lo hizo Gore: con su prestigio y creatividad, ejerciendo un liderazgo positivo y activo en favor de las mejores causas como el medio ambiente, los derechos humanos o el desarrollo sostenible. Para eso no necesitan ser jefes de nada ni tener cargo, y ya tienen salario de por vida. Sólo necesitan voluntad de servicio, humildad y tiempo. Ricardo.Santamaria@fd.comHELGON

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