Excedente e intercambio

Excedente e intercambio

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marzo 26 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-03-26

En la cultura muisca el mecanismo de la redistribución funcionó de manera paralela al del intercambio. Los caciques muiscas captaban los excedentes productivos de su pueblo por medio del tributo (llamado por ellos tamsa), pero no lo concentraban totalmente sino que lo redistribuían entre su gente, por medio de la constitución de un fondo de consumo común, y entre otras comunidades que compartían con ellos la lengua chibcha.

Si el cacicazgo local estaba subordinado al mando del Zipa o del Zaque, este debía destinar parte del tributo al mando superior en representación de su comunidad.

En estos grupos, el tributo no debe ser entendido como aquel que establecieron los españoles como mecanismo de explotación y extracción del excedente productivo, sino como una forma de redistribuir el producto social y sostener el sistema administrativo de estas sociedades.

El trueque fue la principal forma de intercambio entre los muiscas puesto que su rica dotación de recursos naturales les permitió generar un importante excedente, con el que pudieron realizar intercambios en ferias y centros de mercado de otros territorios y pobladores.

El surgimiento de estos excedentes también permitió sostener a grupos de artesanos especializados y a otros grupos no artesanales, favoreciendo el desarrollo de actividades productivas distintas a la agricultura de subsistencia (Lleras, 1986).

Sin embargo, el intercambio no puede considerarse como un hecho generalizado, dado que la mayoría se restringía a comunidades de la misma etnia. Incluso, no todos los bienes producidos eran intercambiados, aunque una parte importante de productos básicos y principalmente 'suntuosos' eran destinados para tal fin.

Productos agropecuarios y derivados (alimentos agrícolas, carne, pescado, coca, algodón, miel, cera de abejas, tabaco, cabuya, yopo y bija), mineros (oro, esmeraldas, sal de las minas) y manufacturas rudimentarias (mantas, totumas, ovillos de hilo, figuras de oro, cuentas y cerámicas) eran intercambiados principalmente en centros de mercado que se encontraban bajo el control de los caciques de Tunja, Duitama y Sogamoso y, en menor medida, en las ferias de Chocontá, Fusagasuga, Pasca, Saboya y Sorocotá entre otros (Langebaek, 1985b).

La siguiente matriz muestra los bienes intercambiados con mayor frecuencia por los muiscas. Aunque es difícil establecer los términos de intercambio, al parecer el trueque de estos bienes respetó ciertas proporciones establecidas, determinadas por la escasez y por la cantidad de trabajo incorporado en su elaboración y transporte.

Los principales bienes intercambiados fueron las mantas, el oro y el algodón. Los muiscas intercambiaron mantas por casi todos los bienes considerados en la tabla, dentro de los que cabe destacar la sal marina del litoral atlántico y el algodón proveniente de grupos de los llanos orientales.

El activo intercambio del que fueron objeto las mantas y la sal, generaron procesos de mejoramiento en su producción, dejando de ser vista como una simple actividad doméstica, requiriendo cada vez más trabajo especializado.

Las mantas, el control del cobre y la producción de esmeraldas (bienes necesarios para la fabricación de joyas) también les permitían mantener relaciones comerciales con tribus del sur como los panches y los pijaos, quienes a cambio entregaban oro, que producían en abundancia.

Los muiscas tuvieron acceso a cuentas de collar y caracoles marinos provenientes de la costa norte, que adquirían para actividades rituales a cambio de esmeraldas y mantas. El intercambio con los quimbayas se concentraba principalmente en textiles, oro y piezas de orfebrería, arte muy desarrollado por este grupo.

Existían algunos caciques y comunidades que operaban como intermediarios comerciales e incluso, según Langebaek, los mismos muiscas: "actuaron como intermediarios entre los Llanos y otras regiones; los miembros del 'cacicazgo' de Pisba, por ejemplo, cambiaban loza en los Llanos, y con el algodón que les daban a cambio hacían trueque con los taches" (Langebaek, 1985b). Algunos productos del altiplano circulaban en regiones muy lejanas y viceversa, producto de la actividad de estos intermediarios.

La intermediación les permitió a los muiscas obtener ventajas del intercambio, pues con esto tenían acceso a bienes que no se producían en sus territorios (el caso de caracoles, sal marina y algodón de los Llanos Orientales) o cuya producción implicaba gran dificultad.

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