Fallar no es una opción

"Una decisión gerencial en el más absoluto sentido económico del corto plazo puede comprometer más los resultados que invertir en el sector equivocado".

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marzo 31 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-03-31

Son ruidosas las fallas, cuando comprometen la integridad de las personas o de las instalaciones, la producción o la rentabilidad del negocio.

Pero para que ocurra una falla, como con un accidente, deben pasar muchas cosas: el no observar o el pasar por alto los pequeños detalles, el aceptar o tolerar imperfecciones (cada vez mayores) en el proceso, una tarea mal ejecutada, una recomendación de seguridad no acatada, la pasividad gerencial. Una decisión gerencial en el más absoluto sentido económico del corto plazo puede comprometer más los resultados que invertir en el sector equivocado.

La confiabilidad operacional es un concepto poderoso. El asegurar un adecuado diseño, el especificar equipos correctamente, el realizar un cuidadoso proceso de montaje, el operar con diligencia y esmero, el mantener con rigurosidad y cuidado, son algunos de los aspectos claves para lograr eso: confiabilidad (es decir, una operación libre de fallas).

Hay algunos conceptos equivocados sobre la confiabilidad, pero se destacan:

1. La confiabilidad no importa. Las fallas tienen un doble efecto nocivo: además del lucro cesante, incrementan los costos unitarios de las unidades producidas. Y si estas son sistemáticas pueden sacar a una empresa del mercado. Así, prevenir las fallas en realidad tiene en el fondo como objetivo el salvaguardar al negocio, tanto en lo operacional como en lo económico.

2. La confiabilidad solo es responsabilidad del mantenimiento. Así como hoy día es inconcebible pensar en la calidad como responsabilidad de las áreas de calidad, no debería llevarse al extremo la idea de que las fallas sean responsabilidad exclusiva del mantenimiento. ¿Y si se opera mal? ¿Y si por ahorrar en repuestos fallan los equipos y las plantas? Afortunadamente, hoy se cuenta con herramientas como el Análisis de Causa Raíz, que permiten orientar los esfuerzos para corregir y evitar las fallas.

3. La confiabilidad cuesta. Pocas actividades de aseguramiento o mejoramiento de la confiabilidad se logran sin invertir algo, aunque cuando es para implementar mejores prácticas operativas o para evitar la chambonería, esta es sustancialmente menor que para adquirir equipos nuevos. En el fondo la confiabilidad es rentable porque retorna en productividad, reducción de costos y minimización del riesgo.

Para terminar: como bien se dice en la Nasa, fallar no es una opción. Pero no se necesita estar exclusivamente en la Nasa para evitar las fallas. 

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