Filantropía y educación

Hace unos días este periódico publicó una entrevista con el padre Remolina, rector de la Universidad Javeriana, en la que con una gran claridad y sabiduría hablaba de la misión social de los empresarios y de la cantidad de dinero que una persona necesita para ser feliz y vivir. Con una sencillez propia de su ejercicio explicaba el concepto de austeridad de vida, tan escaso por estos tiempos y en particular entre los jóvenes.

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junio 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-30

La alusión merece hacerse ahora que la filantropía está de moda y en particular en el momento en que nadie que se reconozca empresario puede negar que al menos le produjo sorpresa la decisión del segundo hombre más rico del mundo, Warren Buffet, de entregar casi toda su fortuna, unos 30.000 millones de dólares, a varias fundaciones, entre ellas la de Bill Gates. Son muchas las lecciones que deja la decisión de un personaje como Buffet, al menos por lo que se conoce de su vida y por lo que dijo al hacer el anuncio. Lo primero y que permite entender el desprendimiento real es que la vida de Buffet arrancó de abajo y nunca hizo alarde de dinero y riqueza. Desde el año 1957 vivía en la misma casa que compró en Nebraska y siempre fue conocido por su austeridad y modestia. Lo segundo es que contrario a lo que creen muchos de quienes consiguen una fortuna por su propio esfuerzo y llegan a la última etapa de la vida, el dinero conseguido garantiza un poder sobre los demás que de otra manera no podrían tener. El mensaje del magnate es contundente al cambiar su idea de entregar en vida la plata, luego de la muerte de su esposa hace dos años. Otro mensaje aleccionador tiene que ver con su respuesta del por qué no deja su dinero a los hijos, en el entendido que son su familia y ellos se supone los llamados a prolongar el negocio y la riqueza. No es esa la idea de Buffet, pues considera que su retribución social le da sentido a la vida y no la consecución de más dinero. ¿Y sus hijos? Lo tiene muy claro en el sentido de que la herencia no está en el dinero: “Creo que cuando han tenido todas las ventajas, en términos de educación y de lo que han aprendido en casa, no es correcto ni racional dejarles nadando en dinero”. La capacidad de los hijos para enfrentar el futuro no está en el dinero, como muchos lo creen, sino en su capacidad para competir y éste se deriva del conocimiento adquirido a través de la educación. El concepto no sólo se aplica a las familias sino a la misma sociedad y a los países y en especial en aquellos cuyos recursos no son abundantes, como es el caso nuestro. ¡Qué bueno que aquí se tomara nota de la verdadera importancia de la educación en el proceso de crecimiento y desarrollo futuros del país! Y no de cualquier educación sino de la buena, para lo cual el aporte del sector privado es determinante o mejor, hay que hacerlo fundamental. Desde el punto de vista social, la educación es el mejor instrumento no sólo para crecer sino para combatir la pobreza. Los subsidios del Estado y las ayudas del sector privado se reproducen si van a la educación. Es como una plusvalía social que genera bienestar y riqueza. Empresario exportador "La capacidad de los hijos para enfrentar el futuro no está en el dinero que se les deja sino en su capacidad para competir gracias a la educación que se les da”.

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