El FMI, la revaluación y el TLC

¡Los colombianos ya podemos estar tranquilos! El FMI sentenció que el Banco de la República debe dar prioridad a la lucha contra la inflación y que la revaluación es causada por el crecimiento de la economía. Ya hace más de dos años su director gerente Rodrigo Rato también había dado un parte de tranquilidad al respecto. En ese entonces tampoco a él le preocupaba la revaluación del peso. Sin duda esta entidad tiene una posición coherente respecto a la evolución de la tasa de cambio según los dictados del mercado.

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mayo 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-05-31

El problema es que pronósticos tan optimistas se estrellaron contra una dolorosa realidad para muchos trabajadores colombianos que están perdiendo su empleo y empresarios que están teniendo que liquidar sus empresas. La revaluación no es ajena a ‘la paradoja’ del crecimiento con mayor desempleo que ha vivido Colombia. Y no es éste un fenómeno nuevo; experiencias similares se vivieron en América Latina, cuyo común denominador, según Roberto Frenkel, fue la revaluación en un contexto de apertura comercial y financiera. Que la fortaleza de la economía no explica la revaluación está demostrado en la existencia de déficit interno y, no obstante los términos de intercambio favorables prevalecientes, también déficit externo con tendencia creciente. En efecto, el desequilibrio en cuenta corriente creció de 1,5 por ciento del PIB a 2,1 por ciento entre el 2005 y el 2006, y el emisor lo estima en 3,5 para 2007. Este fenómeno sin duda no es ajeno a la revaluación ¿Por qué no le preocupa al FMI la revaluación? La respuesta es simple; si le inquietase tendría que aceptar que se requieren medidas de fondo para buscar una tasa de cambio estable y competitiva, acorde a las necesidades del desarrollo. Y tendría que admitir que los movimientos de capitales tienen efectos adversos sobre el tipo de cambio, que requerirían políticas sobre dichos flujos, posición que no es afín a los intereses que defiende. Ya lo había dicho Joseph Stiglitz. Esta entidad responde a los intereses de las grandes potencias y no de las naciones en desarrollo. Por ello, intentó una reforma para incluir en su Convenio Constitutivo la liberalización de la cuenta de capitales, anhelo frustrado ante la elocuente evidencia que brindó la crisis del Asia sobre los graves riesgos de dicha apertura. El FMI no puede mostrar preocupación por la revaluación porque si lo hiciera tendría que manifestarse en contra de la libertad de capitales y, peor aún, tendría que declararse en contra del TLC con Estados Unidos, pues este tratado consagra la liberalización de los capitales en interés de los estadounidenses. Las consecuencias de dichas libertades sobre la autonomía de las políticas monetaria y cambiaria están a la vista. Numerosos titulares dan cuenta del dilema entre inflación y revaluación. Algunos empresarios, bajo el velo de unas migajas de rebajas arancelarias y la prolongación del Atpdea, no se percatan del suicidio que cometen al apoyar el TLC, pues éste, como algunas comidas chatarra, solo lo venden en ‘combo’, en los cuales el objeto principal de la venta para Estados Unidos son los capítulos de Inversión, Propiedad Intelectual y Financiero; el resto, aún cuando menos importante para ellos, resulta igualmente ruinoso para los colombianos como muestran las proyecciones de déficit agregado que arrojan diversos estudios. Lo que hoy está viviendo Colombia frente a la revaluación es un pálido reflejo de lo que sobrevendrá con el TLC. La pérdida de la soberanía monetaria y cambiaria que entrañan los compromisos adquiridos en este acuerdo y la impotencia ante las crisis, probablemente conducirán a la dolarización en beneficio exclusivo de Estados Unidos . Helena Villamizar Economista Lo que hoy está viviendo Colombia frente a la revaluación es un pálido reflejo de lo que sobrevendrá con el TLC”.

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