Fundación Dharma: un hogar en el que, con sonrisas, se aprende a vivir

Aunque no es Patch Adams, Allan Joyce hace reír a cuanta persona se le atraviese por cualquier corredor o espacio, en donde opera la Fundación Dharma, una organización sin ánimo de lucro que le abre sus puertas a niños entre los 5 y 18 años de edad (de escasos recursos económicos y provenientes de diversas regiones del país), que padecen de cáncer.

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noviembre 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-11-30

Contrario a lo que mucha gente piensa, en esta casa ubicada en el norte de Bogotá –cuidadosamente decorada y dotada con los servicios más excelsos– se respira un aire de esperanza, de amor, de regocijo y, especialmente, de mucha vida. Allí, todos los pequeños encuentran albergue y apoyo durante todo el periodo que demore su tratamiento contra el cáncer, una enfermedad que Alan, el director, define como una circunstancia de la vida, al igual que muchas otras que hay que afrontar con la mayor normalidad. Este hombre –que parece que utilizara la sonrisa como ‘cábala’ para combatir al ‘enemigo miedo’– cumple una labor encomiable en la existencia de estos pequeños, que llegan a sus manos llenos de angustia y con sus ilusiones frustradas, pues su principal filosofía se centra en que, independiente si tenemos o no una dolencia, los seres humanos morimos todos los días un poquito. “si nos ponemos a pensar que se acerca nuestro fin, nunca vamos a lograr nuestros sueños”, dice. Es así como en Dharma se ha dispuesto cada espacio de una forma especial, para que los pequeños se sientan cómodos a la hora de desarrollar la actividad que más les guste, y dejen de pensar en cosas tristes. Para tal efecto, cuentan con habitaciones cómodas; salita de cine, salón de informática, áreas de juegos, de artes y de lectura; además de zonas verdes para practicar deportes o tomar el sol. “Disponemos de un equipo de 14 personas, incluyendo tres enfermeras, para atenderlos y proporcionarles la mejor permanencia que se puede. Pero, como también se trata de no desperdiciar el tiempo, entonces la Fundación tiene convenio con una entidad educativa, para que los sábados puedan validar sus estudios escolares y los de bachillerato”. Cuando ya terminan, también se les consiguen becas con algunas universidades, para que sigan y completen su formación superior; y hasta se les ofrece trabajo en varias empresas, luego de graduarse. El apoyo económico es vital en esta casa Desde su creación, hace 14 años, la Fundación Dharma se vale de la ayuda económica y social de varias entidades, con cuyos recursos se sostiene esta obra que requiere de 38 millones de pesos mensuales para operar. Y una de ellas es Casa Editorial EL TIEMPO, que no solo ofrece su apoyo financiero, sino también el trabajo voluntario de varias personas, para las diferentes actividades que se realizan en esta casa, con cupo para 25 niños, quienes además de estadía, alimentación y cuidados, cuentan con programas de asistencia y orientación psicológica y lúdico-recreativas. El miedo se cambia por seguridad Los pequeños llegan a Dharma remitidos de las áreas de trabajo social de clínicas y hospitales, que conocen el servicio de la Fundación Dharma. Ellos vienen de varias regiones del Colombia, con el ánimo de seguir el tratamiento del cáncer, definido por el centro asistencial que los atiende en sus lugares de origen, y que a su vez es el que se encarga de establecer en qué lugar deben continuar este procedimiento médico, en Bogotá. “Para un padre es difícil que le digan que su hijo tiene cáncer, pero se vuelve más complicado cuando le insisten en que tiene que trasladarlo a otra ciudad para su debido tratamiento (que puede durar entre uno y dos años), pues no tiene en dónde quedarse y tampoco cuenta con el dinero para sostenerse. Justamente, con la meta de hacerles menos dolorosa esa situación, fue como nació la Fundación en 1997, que se convierte en su segundo hogar”. Alan Joyce, el responsable de esta obra, hace mucho énfasis en que el producto que Dharma ofrece no es más que la bondad y el afán de menguar en estos chicos el miedo y la angustia. “Aquí no se evita la muerte, hacemos que estas personitas miren su enfermedad como una oportunidad, no como el ocaso de su existencia”. Una de las niñas que actualmente reciben los beneficios de esta fundación, señala que “Dharma es una ayuda muy grande para nosotros, las personas de escasos recusos, pues nos abre las puertas, generosamente, con amor y mucha alegría”. 25 Niños tienen la oportunidad de beneficiarse con Dharma, que representa un segundo hogar. ADRVEG

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