Gas natural y energía eléctrica: ¿dónde está la bolita?

Veníamos de unos años buenos en materia de lluvias, con embalses llenos hasta los bordes.

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noviembre 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-11-30

Usualmente, entre diciembre y abril, que corresponde a la temporada seca, los aportes de los ríos caen, pero a partir del segundo trimestre del año las aguas aumentan y los embalses se recuperan. Sin embargo, este año dicha recuperación no se dio. Los embalses siguieron cayendo como un avión perdiendo altura y nada que levanta la nariz.

En el mes de octubre, el nivel de aportes a los embalses fue inferior al promedio histórico en 40%. En noviembre la hidrología arrancó bien, pero ha caído en los últimos días, lo que quiere decir que aún estamos en zona de alerta. Hoy en día, tenemos los embalses alrededor del 71%, cuando hace un año, por esta misma fecha, estábamos cerca del 90% de capacidad.

Cuando hay problemas en el sistema eléctrico por falta de agua, el sector del gas resulta afectado. Son como vasos comunicantes. La razón es sencilla: las termoeléctricas a gas natural, sobre todo en el interior del país, que en periodos de aguas mil no tienen mucho oficio, en épocas de bajas lluvias salen al rescate y generan la energía que se requiere, siempre que haya el gas suficiente para ello.

Lo cierto es que esta situación tomó mal parado al sistema nacional de gas natural y ha acentuado el síndrome de escasez que viene siendo tema de preocupación de tiempo atrás, quedando al descubierto las realidades de un mercado con un alto grado de fragilidad e infraestructura precaria, que en el fondo cuenta con dos campos principales de producción y un sistema radial de gasoductos. Con el gas de La Guajira y Cusiana se atiende casi el 90% del mercado y el mayor de ellos, La Guajira, está conectado con el interior del país a través de un gasoducto cuya capacidad está copada, aunque está prevista su expansión a finales del año entrante.

La pregunta obvia es por qué no se hizo esa ampliación oportunamente y la contra pregunta es: quién paga por esa inversión que sólo se usaría en situaciones críticas como la actual. Y es ahí donde la regulación patina, porque al transportador se le remuneran las inversiones que se traducen en venta de capacidad de transporte vía contratos que pagan los usuarios y no necesariamente en aquellas que mejoran la confiabilidad del sistema. En otras palabras, es el mercado quien define las ampliaciones de la capacidad de transporte de gas y son los agentes transportadores quienes toman la decisión de expansión, según los contratos de venta de este servicio que se firmen con los diferentes usuarios.

En el sector eléctrico, la expansión en el transporte funciona diferente. Allí existe una autoridad central que analiza el sistema de manera integral y determina las ampliaciones de capacidad de transporte que deben realizarse para que siempre se pueda mover la energía que requieren todos los consumidores, aun en situaciones críticas. Los costos de esas expansiones las pagamos todos los usuarios como debe ser.

Tenemos entonces dos servicios públicos regulados por la misma autoridad y con estructuras de remuneración diferentes de sus servicios de transporte. Se requiere armonizar los dos marcos regulatorios dado que ambos servicios públicos son interdependientes. Dejar que el mercado defina temas tan delicados como la expansión de los sistemas de transporte no es conveniente, si se tiene en cuenta que el método colombiano está lejos de parecerse a los de Estados Unidos y Europa, donde los mercados casi perfectos lo definen todo, incluyendo el costo que se debe pagar por la seguridad y confiabilidad del servicio.

Por el contrario, el nuestro es un mercado de tamaño modesto, donde la definición de las reglas de funcionamiento no debe dejarse al arbitrio de los agentes, que terminan siendo unos pocos, sino que es necesario apoyar el proceso con alguna intervención razonable del Ministerio de Minas y Energía como rector de la política energética.

La actual crisis durará por lo menos hasta abril del 2010, cuando debe comenzar la temporada de lluvias 'posNiño', la cual va a encontrar unos embalses mermados, cuyas reservas de agua deberán reponerse hasta llegar a los niveles de los años anteriores. Teniendo en cuenta que el gas no alcanza para todos, es necesario priorizar los consumos para lo cual el Ministerio de Minas y Energía ha emitido resoluciones al respecto, las cuales están orientadas a cuidar las reservas de agua y reducir la presión sobre la demanda de gas natural, en particular en el interior del país.

Sin embargo, con la adopción de estas medidas, el gran castigado terminó siendo el sector industrial al asignársele una prioridad por debajo de la que se le otorga a otros consumidores incluyendo el gas vehicular. Las industrias tendrán que bajar producción, en particular aquellas que no tienen posibilidad de utilizar combustibles sustitutos, o comprar otros energéticos a precios muy superiores a los que pagan hoy en día por el gas natural afectando sus esquemas de competitividad. Mala cosa entonces, que en épocas de recesión industrial y alto desempleo, terminemos por penalizar precisamente a quienes generan producción y puestos de trabajo.

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