Del gato con botas a Montesquieu

El directorio conservador de Bolívar en cuyas manos resolvió lavarse las suyas el directorio nacional, decidió respaldar clamorosamente la candidatura a la Cámara del señor Alfonso López hijo de la famosa ‘Gata’ empresaria del chance en la Costa Atlántica (ver El Universal de Cartagena, viernes 20 de enero, página 6-A).

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enero 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-31

Grave responsabilidad la que se están echando encima las directivas conservadoras si resuelven mantener finalmente esta candidatura. Puede ser que el hijo de la ‘Gata’ no tenga expedientes pendientes con la justicia. Pero la organización con la cual (quiérase o no) se le identificaría en su labor parlamentaria en el evento de ser elegido, que es la empresa ‘Unicat’ de su progenitora, sí los tiene y muchos. De acuerdo con cifras disponibles el área geográfica en donde mayor fraude y evasión se le hace a la salud en el manejo del ‘chance’ en el país es precisamente en la jurisdicción asignada a ‘Unicat’. De allí seguramente es de donde salen los dinerales de que tanto se habla para financiar e influir la política regional. Quien quiera constatar esto de primera mano le bastará visitar por estos días a Cartagena. A pesar de que la campaña aún no ha comenzado en forma, ya son visibles la cantidad inmensa de vallas y avisos por toda la ciudad dando cuenta de la candidatura de Héctor Alfonso López dentro de las listas conservadoras. Es tal la sensación de opulencia económica que empieza a irradiar esta candidatura que hace recordar la que debió percibir el Rey cuando le anunciaron la llegada del marqués de Carabas, en el famoso cuento de Perrault del "Gato con Botas". * * * * * En estos días de tantos sobresaltos políticos, se han escuchado afirmaciones francamente pasmosas. Por ejemplo, la que se le oyó a Juan Manuel Santos diciendo que no importaba (a pesar de que la ley y la Corte lo prohibieron clarísimamente) que el presidente Uribe estuviera despachando desde el Palacio de Nariño asuntos de la campaña reeleccionista que se avecina. El argumento que dio fue que en Inglaterra, durante campañas similares, el Primer Ministro hacía reuniones políticas en 10 downing street sin tener que desalojar su sede habitual para ocuparse de temas de la campaña. Y que nadie lo criticaba por eso. En Inglaterra puede que se sucedan así las cosas porque allí existe una tradición milenaria de respeto a la oposición. Acá no. Pero el símil con el Reino Unido es inaceptable, ante todo, porque gústenos o no la Ley de Garantías y la Corte Constitucional lo prohibieron perentoriamente. Y aquí debemos seguir es la ley colombiana: no la inglesa. Lo que resulta lamentable es que los coordinadores de la campaña reeleccionista juzguen que el Presidente de la República está por encima de la ley en cualquier tema que los incomode; que muestren un tal menosprecio por disposiciones legales que debían ser los primeros en cumplir puntillosamente para demostrar ecuanimidad en el uso del poder; y que consideren que los altos índices de popularidad del Presidente legitiman cualquier inobservancia de las normas en esta campaña. * * * * * Las excusas que tuvieron que presentarle a Rafael Pardo tanto el Presidente como Juan Manuel Santos parten de un curioso argumento: que las disculpas proceden porque no han aparecido los testigos que el Gobierno había dicho originalmente que existían. Pero dejan flotando en el aire la insinuación de que tales testigos sí existen. Con lo cual sería a Pardo a quien le correspondería demostrar que nunca existieron. Estas son las diabólicas pruebas negativas que, como se sabe, son imposibles de aportar a ningún proceso. Y en tal predicamento es que el Gobierno (en medio de sus azucaradas disculpas) pretende colocar a Rafael Pardo. Este episodio me ha hecho recordar una célebre frase de Montesquieu que alguna vez dijo lo siguiente: “Si un día me tocara defenderme en un juicio probando que nunca he entrado a la catedral de Notre Dame, comenzaría mi defensa huyendo”.

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