Gaviria, Cepeda y Barco

El primero encarnó la política: en un país uribista alzó la voz para decir que no todo está bien, que hay peligros en el proceso de paz con los paramilitares y que la verdadera democracia es la que se construye a partir de partidos políticos fuertes. El segundo, Cepeda, representa la independencia de las instituciones, la defensa de la Constitución, la seriedad y la majestad de la justicia. Y Barco encarna la nueva Colombia:

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diciembre 23 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-12-23

diversa, solidaria, moderna, la Colombia tolerante con la cual soñamos. César Gaviria. En los países de América Latina donde han surgido presidentes que ejercen un poderoso liderazgo -Menem en Argentina, Chávez en Venezuela, Fujimori en Perú, ‘Lula’ en Brasil- pero no existe un líder igualmente fuerte que hable de la otra verdad, que critique, que no trague entero, son países que generalmente se ven avocados a grandes fracasos, a crisis institucionales profundas. Las democracias, a diferencia de las dictaduras, no están hechas de unanimismo ni de un pueblo que aplaude todo lo que hace el gobernante. Por el contrario, están hechas de polémica, de generar distintas opciones y eso las hace fuertes. Gobierno y oposición coexisten para el buen suceso de la democracia. Es el contrapunteo permanente entre demócratas y republicanos en Estados Unidos, o entre socialistas y conservadores en España. En Colombia, en cambio, no pocos uribistas -funcionarios, congresistas y empresarios- resolvieron que la crítica es negativa, perjudicial, subversiva. Para la muestra, el último ejemplo: el vicepresidente Francisco Santos en vez de responder los legítimos cuestionamientos de César Gaviria sobre la posible presencia paramilitar en las listas gobiernistas al Congreso, se dedicó a descalificar al ex presidente y a su gobierno. No se trata en este momento de entrar en esa polémica, sino de resaltar el hecho de que la elección de Gaviria como jefe único del liberalismo, primer partido de oposición, es definitiva para la buena salud de nuestra democracia. Su condición de estadista y político serio y moderno, hizo la diferencia este año. Manuel José Cepeda. Con los fallos de la reelección presidencial y la despenalización del aborto, la Corte Constitucional se puso a prueba como nunca. Independientemente de que se esté de acuerdo o no con esos fallos -personalmente lamenté que no hubieran sido capaces de producir una histórica decisión a favor del aborto- lo importante es que Cepeda, como presidente de la Corte Constitucional, le imprimió a estas decisiones la dignidad, independencia y coherencia que requieren. Para todo el país quedó claro que tenemos Corte. Su manejo de tan complejas situaciones, también hizo la diferencia. Virgilio Barco. Como nunca antes había sucedido en la historia colombiana, un miembro de una de las familias más tradicionales y poderosas del país -hijo de ex presidente y hermano de la actual Canciller- había asumido de forma pública su condición de homosexual. Y no lo hizo por darse publicidad, sino para promover la tolerancia a través de la fundación que preside, llamada Colombia Diversa. Barco se elevó por encima de su generación y en un acto de humanidad, dignidad, honestidad y respeto por sus semejantes, que fue su reportaje con Yamid Amat en El Tiempo, le mostró a sus compatriotas y al mundo entero cómo es la Colombia que queremos: tolerante, diversa, combativa, respetuosa de las minorías, generosa. Su mensaje pionero hará la diferencia por siempre en la historia nacional. Ricardo Santamaría Politólogo, periodista

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