Globesidad: epidemia que también ataca a los niños

¿Niños obesos? Sí. No sólo en los países europeos y entre los norteamericanos. También los niños colombianos sufren de obesidad. Es más: 12 de cada cien de nuestros niños son obesos. Y atención a esta otra cifra: la tercera parte de los niños, también colombianos, tienen sobrepeso.

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enero 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-30

Lo que equivaldría a decir que cerca del 45 por ciento de la población infantil es víctima de la gran epidemia mundial que los especialistas han bautizado la globesidad. Es decir, la obesidad global. Una epidemia que, lejos de querer debilitarse, se ha ido extendiendo aun a los países en vías de desarrollo y las capas sociales menos favorecidas son las más afectadas, en donde, se supondría que las dificultades económicas impidieran los excesos en la mesa. Pero precisamente también en Colombia el gran problema se ha centrado en la malnutrición. Esto se debe a que se consumen demasiados carbohidratos, muchas harinas y hay un escaso gasto energético. De hecho, la mayor proporción de sobrepeso en el país está en los niños de más bajos estratos sociales. Esto se debe a que son ellos, precisamente, los que menos proteínas consumen a cambio de mayores cantidades de harinas. Las cifras se basan en investigaciones adelantadas por grupos de endocrinólogos en colegios de clases alta, mediana y baja de Bogotá. La obesidad es similar en los tres grupos mientras que el sobrepeso es mayor en los de menores ingresos. La situación no deja de ser preocupante. Como lo explica el doctor Mauricio Llano, endocrinólogo infantil de la Fundación Santafé, director de varias de estas investigaciones. Un estudio realizado en 1994 demostró que la obesidad en los niños de clases altas no excedía el 9 por ciento. Hoy está en el 12 por ciento. Y tres puntos, en una década, es demasiado. Lo que sucede, como dice el doctor Llano, es que Colombia, al igual que los países restantes, cayó en la industrialización alimentaria. El mundo está lleno de ‘chocohólicos’, comenta el especialista. Y los niños, al igual que los adultos (o quizá más aún) han caído en la trampa: “Los alimentos hoy atraen por su apariencia, por su palatabilidad. Se vende a través de los ojos, y todo lo que es palatable es generalmente de muy alto contenido calórico", explicó el médico. Además, vienen los hábitos cotidianos. Hace unas décadas, los televidentes se levantaban para cambiar de canal o para apagar el televisor. Las personas caminaban más para llegar a sus oficinas, se usaban menos los automóviles, se tenían menos comodidades. Hoy, en cambio, todo favorece la globesidad. Una epidemia que realmente comenzó a notarse en los niños en los últimos 15 años. Con todos los agravantes que conlleva el exceso de peso también para la población infantil y de adolescentes: riesgos de diabetes, el síndrome metabólico, la hipertensión arterial y, aunque muchos lo duden, las muertes súbitas. Surgen preguntas: ¿la obesidad es un destino? Obligatoriamente todas las personas tienen el riesgo de hacerse obesas? No necesariamente, dicen los especialistas. El ser humano no está diseñado para ser gordo pero si el ambiente es propicio, lo será. El riesgo está latente en toda persona, pero se requiere la conjugación de circunstancias para que se desarrolle. La obesidad puede aparecer en cualquier momento de la vida. Contra ella, no existen vacunas. Las células grasas se replican cuando la persona gana peso y, contrariamente a lo que se pensaría, si la persona se adelgaza pero vuelve a engordar, esas células se replican en mayor volumen. Esto significa que, cada vez que la persona vuelve a engordar, gana aún más peso que la vez anterior. Es un proceso lento pero seguro. Y cualquiera se puede engordar hasta el día antes de morir. Esto es igualmente válido para los niños. Pero, ¿cómo saber que un niño es obeso? Existen pautas generales que indican que un niño es obeso cuando su peso excede en un 20 por ciento del peso estipulado para su edad, talla y sexo. Pero aquí también, al igual que en los adultos, se establecen grados: - Exceso de peso; si el peso del niño excede entre el 5 y el 20 por ciento de su peso normal - Obesidad de primer grado, cuando el peso excede entre el 20 y el 30 por ciento del requerido - Segundo grado, cuando el exceso está entre el 30 y el 40 por ciento - Tercer grado, cuando sube entre el 40 y el 50 por ciento - Obesidad mórbida, cuando va más allá del 50 por ciento. También se habla del Indice de Masa Corporal (IMC) aunque no se le tiene bien estructurado, que puede llevar a confusión, y que tampoco se aplica en los menores de 3 años. Los especialistas prefieren, más bien, analizar otros aspectos: - El primero, la apariencia. - El segundo, la medición de los pliegues cutáneos: la parte posterior del antebrazo (tríceps), los abdominales, la cara externa del muslo derecho. Esos pliegues no deben exceder de entre 14 y 17 milímetros. - Adelgazar, un reto cada vez más difícil Si bien para un adulto es muy complicado lograr perder peso, para un niño lo es mucho más aún. Una investigación adelantada en 1.800 niños obesos, bajo la dirección del doctor Llano, arrojó resultados poco alentadores: el manejo o ‘curación’ de la obesidad en estos niños arrojó apenas un 7 por ciento de éxito. Cifra muy similar a la que se ve en adultos, con una dificultad adicional: en los menores de edad, los medicamentos para ayudar a adelgazar son totalmente prohibidos. El estudio permitió evidenciar las diferencias entre los niños de acuerdo con sus edades: - Niños que no habían cumplido 6 años, para los cuales el cambio de alimentación y el incremento de actividad física fueron exitosos. Grupo más fácil de manejar por cuanto son los padres, en especial la madre, quienes manejan y controlan los cambios de hábitos. - Niños en edad escolar. Grupo muy complicado y con resultados menos exitosos. Son niños que no están controlados, hacen trampa (cambian con los compañeros el alimento bajo en calorías por comida chatarra). Se requiere la colaboración de los colegios complementada por una labor educativa con los mismo niños - Los adolescentes. El manejo de la vanidad es muy importante y se convierte en aliado de las acciones emprendidas para que el joven pierda peso. El gran enemigo, sin embargo, está en la cultura social: se copian modelos. Y surge el riesgo de caer en la anorexia. No es anorexia nerviosa, como se ha dicho tantas veces sino una anorexia sicosocial. Todo comienza durante el embarazo. Cuando la futura madre gana más kilos de los que debería, el niño tendrá muy probablemente problemas futuros de obesidad. De manera especial, cuando cumpla 4, 12 y 18 años. No se ha establecido aún si los riesgos de enfermar de diabetes también se hacen evidentes cuando la mujer gestante engorda demasiado. Lo que sí se comprueba es que el futuro niño, y futuro adulto, tendrá graves riesgos de tener problemas y accidentes cardiovasculares.

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