Gran Bretaña no levanta cabeza en términos económicos

Reducir el déficit presupuestario, apoyar la libra, dejar de emitir dinero y reducir los impuestos son algunas de las medidas que debería tomar este país para recuperarse.

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octubre 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-10-30

Alemania salió con esfuerzo de la recesión. Francia está creciendo de nuevo. Estados Unidos está comenzando a expandirse. Incluso Irlanda, uno de los países más golpeados por la congelación del crédito, dejó de contraerse.

Aun así, la economía británica sigue achicándose: el Producto Interno Bruto bajó 0,4 por ciento en el tercer trimestre. Las expectativas de que Gran Bretaña se sumaría a la mayor parte del resto del mundo en mostrar una recuperación modesta resultaron fuera de lugar.

A este ritmo, incluso Islandia saldrá de la recesión antes que el Reino Unido.

El primer ministro Gordon Brown sigue ufanándose de que aplica las políticas apropiadas para sacar al país de la crisis. La verdad es que no funcionan y no lo harán en el corto plazo.

Antes de que pueda restablecerse, el Reino Unido necesita un cambio de dirección de 180 grados. Debe reducir el déficit presupuestario, apoyar la libra, dejar de emitir dinero y reducir los impuestos.

Esta es la recesión más prolongada desde que se comenzaron a llevar registros en 1955. Mientras el resto del mundo se repone, el Reino Unido no lo ha hecho. No hay señales de vida en la industria y tampoco abundan en los sectores minoristas o de servicios. La libra se acerca a la paridad con el euro cada semana: cuando lo haga, hay que esperar que se desplome en caída libre.

Deuda por todos lados

¿Por qué está así Gran Bretaña? No es difícil darse cuenta porqué. La economía británica se infló en una oleada de endeudamiento y especulación. Según Goodbody Stockbrokers, con sede en Dublín, las familias en el Reino Unido tienen deudas por el 183 por ciento de los ingresos disponibles.

Ese es el porcentaje más elevado entre las principales economías. Incluso en Estados Unidos el porcentaje asciende a 134 por ciento, mientras que en países europeos comparables, las ratios son mucho más bajas: en Francia, es del orden del 100 por ciento y en Alemania el 99 por ciento.

El Reino Unido antes tenía un problema de deuda privada. Ahora tiene un problema de deuda privada y uno de deuda pública. El colapso en el ingreso fiscal junto con un aumento de las cuentas de la seguridad social para cubrir el incremento del desempleo llevó a una ampliación de la brecha entre lo que recibe el Gobierno y lo que desembolsa mensualmente.

En septiembre, administró un déficit de 24.600 millones, el mayor jamás registrado para ese mes. El déficit del primer semestre fue el más grande desde que comenzaron a llevarse registros en 1946, cuando el país todavía tenía alguna cuenta pequeña de la Segunda Guerra Mundial por pagar.

Las tasas de interés fueron reducidas, el Gobierno mantuvo el gasto y permitió la escalada del déficit, la libra se depreció frente al euro, con el respaldo tácito del Banco de Inglaterra, y el Gobierno y un programa de 'alivio cuantitativo' que inyectó efectivo en el sistema.

La economía ha sido estimulada, estimulada y estimulada una vez más. Y no ha respondido.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? ¿Más estímulo? ¿Más deuda? ¿Emitir más? ¿Devaluar la libra otro 30 por ciento? Hay mucha gente que defendería todos estos argumentos.

En realidad, el Reino Unido necesita un cambio total de dirección y hacer cuatro cosas de una vez por todas para volver a la senda de la recuperación.

El Reino Unido entró en esta recesión en una terrible situación estructural. Dependía demasiado de los servicios bancarios y financieros, había perdido competitividad, el Estado se estaba expandiendo en tamaño y estaba consolidando demasiada deuda.

La salida de esa situación siempre iba a ser larga y dolorosa. En lugar de ello, se decidió por la fácil: la del estímulo artificial.

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