‘En guerra de divisas, los países emergentes deben unirse’, según especialistas

Expertos dicen que países afectados deberían fijar posiciones conjuntas, previo a cumbres como el G

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enero 31 de 2011 - 02:26 a.m.
2011-01-31

En la próxima cumbre del grupo de los países desarrollados (G8), instancia de decisiones en materia económica, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos -quien fue invitado a la reunión- apoyará la idea de hacer una reforma al sistema monetario internacional, propuesta por Nicolás Sarkozy, el mandatario de Francia.

El interés de Colombia y de otros países, es que se tomen medidas para contrarrestar situaciones como la ‘guerra de divisas’, en la cual muchos han estado enfrascados pero los grandes perdedores han sido los emergentes, consecuencia de la revaluación de sus monedas.

Más allá de las intenciones de los presidentes, el tema ha estado en el tintero desde hace tiempo, porque la situación se acentuó tras la crisis.

Quienes conocen de cerca la dinámica de los organismos multilaterales como Roberto Steiner, actual director ejecutivo de Fedesarrollo, señalan que si bien se han planteado algunas alternativas frente a la guerra de divisas, resulta muy complicado llevarlas a la práctica.

El directivo explica que lo ideal sería que los países con gran importancia en el contexto internacional, asumieran el compromiso de que tendrán en cuenta los efectos que tienen sus políticas locales en el resto del mundo y que exista una instancia mundial en donde se pueda hacer algún tipo de coordinación de éstas, tema difícil de concretar.

Mientras que las grandes soluciones aún están lejos, el director de Fedesarrollo considera que un buen comienzo podría ser que los países emergentes (al menos en América Latina), fijen una posición conjunta para ejercer presión política. “Individualmente no pueden hacer mucho, pero para tratar de influir podrían crear un bloque y reunirse previamente de cara al G-20, en donde hay representación de Brasil, México y Argentina”, señala.

Hay varias las razones que explican la complejidad del asunto. En primer lugar, porque el tema debería ser asumido directamente por los presidentes, que adquieran responsabilidades incluso a costa de sus temas internos, y en ese sentido, es difícil que haya voluntad política. “Sería muy positivo, pero políticamente, es muy difícil que los países deleguen el diseño de sus políticas a entidades que no dependen de ellos”, dice Steiner.

Explica que el otro problema es que existen múltiples visiones del tema, de tal forma que no hay un diagnóstico claro y por ello no resulta fácil plantear soluciones.

Álvaro Montenegro, profesor de la Universidad Javeriana, coincide al afirmar que por ejemplo, es difícil definir cuándo un país manipula su moneda, en la medida en que muchos la han utilizado para impulsar las exportaciones. Además, ninguna de las medidas planteadas son aceptadas por todas las partes.

Política comercial tiene mayor claridad

Esta situación contrasta con lo que ocurre -por ejemplo- en materia comercial, en donde hay claridad sobre cuáles son las buenas y malas prácticas y existe un organismo ante el cual se asumen compromisos o pone sanciones por incumplimiento. 

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