¿Guerra de monedas?

¿Guerra de monedas?

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septiembre 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-09-30

Ese refrán que dice que si “por allá llueve, por acá no escampa” ha vuelto a ser refrendado por algunos economistas a raíz del debate sobre la tasa de cambio. Como es conocido, el hecho de que el peso se mantenga en cercanía de los 1.800 por dólar se ha convertido en el principal dolor de cabeza del nuevo Gobierno, ante las quejas de los exportadores que alegan que así es difícil competir. Como consecuencia, el Banco de la República, decidió la semana pasada, reactivar su programa de compra de divisas, que consiste en adquirir 20 millones de dólares diarios hasta el final del año, algo que unos critican y otros alaban. Pero sin entrar en ese debate, es necesario resaltar que en decenas de capitales a lo largo y ancho del planeta, la polémica es la misma. Desde Santiago hasta Kuala Lumpur, las autoridades se encuentran bajo presión para responder de manera efectiva en el frente cambiario. Tanto, que hace unos días el ministro de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, sostuvo que existe una guerra entre diferentes naciones orientada a influir sobre el precio de diferentes divisas. El primero en el banquillo de los acusados fue el dólar, que ha perdido terreno frente a casi todo el mundo. En teoría, lo sucedido es el reflejo de la menor confianza que despierta la economía estadounidense, sobre todo ahora que la recesión parece prolongarse más de lo esperado, que la deuda pública ha llegado a niveles sin precedentes y que las cifras de desempleo siguen cercanas al 10 por ciento. Bajo esa lógica, un buen número de inversionistas ha decidido colocar su dinero en otras monedas o activos, en búsqueda de más seguridad y mejores rendimientos. Dicha situación ha generado un repunte de las ventas norteamericanas que en el segundo trimestre del año llegaron a 316.100 millones de dólares, con un incremento de 3,4 por ciento con respecto al periodo de enero a marzo. No obstante, esa dinámica está lejos de la que busca la administración de Barack Obama, la cual aspira a duplicar la facturación de su país en cinco años y, de paso, generar dos millones de empleos adicionales. El problema es que al ritmo observado eso no será posible, con lo cual Washington dice que lo que pasa no es su culpa y que es mejor mirar al otro lado del Pacífico. De tal manera, los dedos acusadores señalan a China, que está bajo una inmensa presión internacional para que devalúe su moneda, el renminbi, cuyo precio es bastante rígido. Y es que, a pesar de los anuncios de Pekín en el sentido de ceder un poco en el tema y dejar flotar su cotización más libremente, esto ha sucedido muy poco. Parte de la resistencia a cambiar la partitura es que la estrategia usada hasta la fecha le ha resultado muy efectiva a la nación más populosa del mundo, que gracias al auge de su sector externo ha podido tener tasas de crecimiento económico promedio cercanas al 10 por ciento anual a lo largo de más de una década. En respuesta, decenas de columnistas, lo mismo que entidades, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, han dicho que los chinos deberían orientarse hacia el consumo interno y comprarle más al resto del mundo, algo que por cierto ayudaría a dejar atrás el fantasma de una nueva recesión. El tema, como ocurre en estos casos, no está resuelto, y seguramente será el plato principal cuando tenga la reunión de jefes de Estado que integran el grupo de los 20 en unas pocas semanas. El lío es que mientras llega ese momento, diversos bancos centrales han empezado a jugar duro. Así le ocurrió al del Japón, que ha visto al yen llegar a su punto más alto en 15 años, y que salió a intervenir activamente en el mercado. Aunque en diferente escala, la misma política ha sido ensayada en sitios tan disímiles como Perú, Corea del Sur, Chile o Tailandia, para sólo nombrar unos cuantos. Ahora, seguramente vendrá una oleada de controles de capitales de corto plazo, algo que ya insinuó Brasilia y que ha sido objeto de debate en la campaña electoral que tiene su primera gran definición el domingo. Bajo esa perspectiva, el panorama de Colombia es más complejo. En caso de que la guerra de monedas tenga lugar, el país tiene que decidir si participa en la batalla, y si está haciendo uso de las municiones y el armamento adecuado para salir victorioso. La polémica sobre la devaluación no es exclusiva de Colombia, pues en diferentes latitudes gobiernos y bancos centrales están bajo presión para que hagan más a la hora de defender la tasa de cambio.ANDRUI

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