No han servido los US$40.000 millones que E.U. ha invertido para la seguridad aérea luego del 11-S

El país ahora está ante la tarea de tapar el agujero por el que se ha colado, de nuevo, un terrorista suicida en un vuelo comercial.

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diciembre 29 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-12-29

Desde hoy, tal y como anunció este lunes el presidente Barack Obama, los pasajeros se embarcarán junto con agentes de paisano armados y los aeropuertos se poblarán de perros policía, escáneres de detección de explosivos y puestos de revisión de equipaje de mano.

Se trata, según los expertos, en una nueva vuelta de tuerca a un sistema que controla decenas de miles de vuelos cada día y que, según mantuvo el fin de semana el Gobierno de Obama, funcionaba "como la seda".

Pero algo ocurrió para que un joven nigeriano que figuraba en la lista de sospechosos de terrorismo del Ejecutivo federal obtuviera un visado de turista y se colara en un vuelo comercial con un dispositivo explosivo sin que saltarán las alarmas.

'Hubo un fallo miserable' en el vuelo de Northwest

Obama anunció una revisión completa de los sistemas de seguridad, en momentos en que se intensificaban las medidas de control de seguridad aérea en todo el país, lo que ha llevado a los pasajeros a sufrir minuciosos registros corporales y de equipajes de mano.

Además de los perros policía y los agentes de paisano, las fuerzas de seguridad estadounidense han desplegado en los aeropuertos expertos en terrorismo atentos a las alarmas de otros viajeros o a los movimientos de posibles sospechosos.

Es una escalada de seguridad en un sistema que fue remodelado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, en el que se ha invertido, según The New York Times, 40.000 millones de dólares.

En estos ocho años, se han incorporado a los aeropuertos 45.000 empleados para controlar los arcos de detección de metales y se han instalado 1.600 máquinas de rayos X para revisar las maletas facturadas.

En el año 2004, la Agencia de Seguridad en el Transporte apostó por la instalación de una nueva generación de maquinas, que costaba cada una unos 160.000 dólares y que expedía aire sobre el pasajero para detectar trazas de explosivos.

The New York Times aseguró que se compraron algo más de 200 máquinas, con la satisfacción de que la seguridad iba a incrementarse enormemente, pero los aparatos se revelaron demasiado sensibles para el entorno de polvo de los aeropuertos y cayeron en desuso o se estropearon.

Los cambios que se han aplicado desde 2001 han sido obvios para los usuarios de los vuelos comerciales, que han tenido que descalzarse para pasar los controles, atravesar arcos adicionales de seguridad y desprenderse de todo tipo de líquidos y objetos punzantes antes de entrar en un avión.

Pero los expertos consideran que las nuevas medidas de seguridad no han sido todo lo ágil que requiere el desafío de Al Qaeda, en parte por problemas burocráticos, y también por las propias reticencias de las compañías aéreas, que no querían empeorar su propia crisis sectorial con medidas incómodas que disuadieran a los viajeros.

A esto se han unido otros fallos, como la instalación de nuevas máquinas de detección de explosivos que no llegan a identificar determinadas sustancias.

Una de las principales recomendaciones de la Comisión Parlamentaria instaurada tras los atentados del 11-S fue la creación de un listado de sospechosos de terrorismos a la que se pudiera echar mano a la hora de controlar quién sube a un avión.

Pero la ingente cantidad de nombres que se han incluido en esta nómina, más de medio millón, y las quejas de las organizaciones defensoras de las libertades civiles por la falta de rigurosidad en su elaboración, la han hecho prácticamente inoperativa.

Tanto el funcionamiento de la lista como el de los dispositivos de seguridad en los aeropuertos van a ser revisados, por orden de Obama, para determinar qué falló en el caso de Umar Farouk Abdulmutallab, y la consecuencia lógica será la creación de nuevas medidas molestas para los usuarios y costosas para las compañías.

Nacen nuevas ideas como solución al problema

Otros proponen la instalación de maquinas de rayos X para los pasajeros en las que se revele toda su anatomía, con la consiguiente crítica de los grupos defensores de las libertades civiles, que lo consideran un ataque a la privacidad.

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