Historias de coyotes y correcaminos

El panorama político liberal está cambiando. Se vislumbra un descenso de la popularidad de Serpa y de Rodrigo Rivera y un ascenso de Rafael Pardo y Andrés González. En las últimas encuestas, los liberales a favor de Serpa descienden por primera vez a niveles inferiores al 50 por ciento. Pardo sube de cerca del 4 por ciento a más de 9 y Andrés González lo acompaña, pero un punto por debajo.

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enero 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-30

Al parecer, estas encuestas no registran todavía el efecto favorable que para Pardo tuvo la gaffe de Juan Manuel Santos y su intento de desprestigiarlo. Si Andrés González no hubiera ascendido a la par de Pardo, se pudiera haber dicho que el auge se debió al incidente y que hasta ahí va a llegar la espuma. Pero, si por el contrario, este ascenso se debe más a una pérdida de interés de los liberales en la vieja manera de hacer política, asociada a las derrotas más recientes del otrora mayoritario partido Liberal, ya que Serpa y Rivera representan, en mayor y menor medida, el estilo del oficialismo liberal, Pardo y González pueden fortalecerse como alternativas. También puede interpretarse este ascenso de los dos candidatos más cercanos a Gaviria como una señal de que el partido se está acercando a su jefe y dejando lentamente el barco de Serpa al ver que ha comenzado a hacer agua. Indiscutiblemente el fenómeno político de estas semanas ha sido Rafael Pardo. Su candidatura como que no despegaba, a pesar de las arrobadoras columnas de sus adoratrices, o de las fotos que hace publicar su jefe de prensa en los periódicos amigos. En ellas aparece invariablemente reflexionando sobre los problemas del país y con la mirada fija en su futuro. No fue sino que Juan Manuel Santos dijera que estaba haciendo diabluras, no muy distintas a las que él mismo había hecho hace unos 9 ó 10 años, cuando decidió negociar la paz él solo, para que se hiciera evidente lo que ni Santos ni sus colaboradores de Palacio tuvieron en cuenta cuando la emprendieron contra Pardo. El es un miembro respetado y muy consentido del establecimiento bogotano, en particular, y goza de mucho prestigio y buena fama en todo el país. Como lo estaban acusando de hacer algo que no encaja con su personalidad, ni con la imagen que ha cultivado cuidadosamente o con su trayectoria, la opinión pública puso estas acusaciones primero en estado de incredulidad suspendida y las rechazó luego, cuando el establecimiento se alineó inequívocamente con Pardo. El Teflón no es un material que solamente está disponible para el Presidente Uribe. Hay otros políticos que también gozan de su protección, y en el caso de Pardo es evidente que se va a necesitar mucho más que supuestos testimonios de hipotéticos familiares de secuestrados o histriónicos despliegues de hidalguía por parte del Comisionado de Paz para hacerle creer a la opinión pública que estuvo buscando una alianza con las Farc dizque para interferir en el proceso democrático. Si, como dijo un vez María Jimena Duzán, Santos es como el coyote de los monos animados, siempre bien ubicado, con acceso a la información y con una inagotable capacidad para planear, anticipar y construir trampas para su presunta víctima suministradas por la empresa Acme (una versión gringa de Procafecol), Rafael Pardo es como el correcaminos, que hace lo que le da la gana, nunca se ve afectado por las trampas que le pone el adversario, y sale oliendo a agua de rosas. Pasó de estar en contra de Samper a ser cercano a Serpa, y luego al lado de Uribe. De ahí otra vez a donde Serpa, en contra de Uribe y en complicidades con Samper. Ahora es amable contrincante de Serpa y, fresco, sigue avanzando. Como dice admirada una colega suya de gabinete, “Ojala siga subiendo Rafael porque a uno lo que si le da mucha pereza es que Gaviria le esté haciendo campaña a Serpa”. Ojalá le vaya bien, dicen los liberales independientes no oficialistas, porque ahora que se entregaron Peñalosa y Gina no va quedando por quien votar en estas próximas elecciones. ¿Será cierto, como dicen sus admiradores, que Santos se ingenió todo esto para darle duro a Serpa? Si eso es así, no contábamos con su astucia.

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