Holocausto

La fecha 27 de enero fue declarada por la Asamblea General de la ONU, en su sesión del año 2005, como 'Día internacional de víctimas del Holocausto'. Ese fue el día que en 1945 el campo de concentración y exterminio de Auschwitz- Birkenau fue liberado por las tropas soviéticas, poniendo fin a la diabólica fábrica de la muerte que operaba en ese y otros campos similares.

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enero 30 de 2012 - 05:00 a.m.
2012-01-30

La resolución 60/7 condena la intolerancia religiosa, la incitación al odio, el acoso o la violencia por razones de credo u origen étnico, rechaza categóricamente la negación total o parcial del holocausto y convoca a todos los países a establecer programas educativos de enseñanza sobre el holocausto como un evento histórico sin precedentes cuyas lecciones deben ser aprendidas por la humanidad. Fue al final de la guerra -cuando la magnitud de las atrocidades se descubrió- que por primera vez en la historia se estableció un tribunal internacional de justicia en la ciudad alemana de Nuremberg para juzgar a los criminales de guerra nazis. Allí, con víctimas y victimarios como testigos, la humanidad conoció lo que ocurría en esos campos, adonde las víctimas llegaban en trenes de ganado de los confines de Europa ocupada por los nazis. Un tribunal similar se estableció en Tokio para juzgar a los criminales de guerra japoneses. Fue a través de esos testimonios como se conoció el horror de las cámaras de gas, donde el Zyclon B acabó con la vida de millones de seres humanos cuyos cuerpos fueron incinerados en crematorios industriales. Hombres y mujeres juntos, desnudos, deshumanizados, esqueléticos, conducidos por las SS hacia su inexorable destino. Junto a seis millones de judíos exterminados, un tercio del pueblo judío de entonces, fueron igualmente asesinados gitanos, disidentes políticos, homosexuales, discapacitados, testigos de Jehová y otras minorías. La barbarie humana había alcanzado un inconcebible nivel. Y a pesar de todo, la humanidad no aprendió. En las décadas subsiguientes fuimos testigos del genocidio de Ruanda, en 1994, donde en el lapso de 100 días más de 800 mil miembros de la etnia tutsi fueron masacrados por hutus, incitados al odio y al crimen por sus líderes a través de emisoras de radio. En los Balcanes, en los años 90, la humanidad presenció asombrada el renacimiento de campos de concentración en Europa, el exterminio de miles de musulmanes y violaciones masivas en la guerra de Bosnia. En ambos casos, el consejo de seguridad estableció tribunales internacionales que han tenido un éxito relativo en llevar a los culpables a la justicia. El antisemitismo tampoco ha desaparecido. Se ha transformado en una letanía de deslegitimación al derecho de existencia del Estado de Israel. Este nuevo antisemitismo tuvo su ignominioso debut en la conferencia de las Naciones Unidas contra el racismo en Durban (Sudáfrica), en el 2001, donde prevaleció un ambiente de linchamiento a lo judío y al Estado de Israel, que dio al traste con la conferencia. La negación del holocausto, una de las caras del nuevo antisemitismo, promovida activamente por el presidente de Irán en sus constantes diatribas y amenazas de destruir a Israel, y por otros líderes y medios en varios países del mundo, es un intento de asesinar la historia judía. Hace pocos meses, el presidente Santos, empeñado también en la restitución y justicia a las víctimas de la violencia en Colombia, sancionó la ley antidiscriminación, que había sido aprobada por amplias mayorías del Congreso de la República, ley que, entre otras, penaliza el antisemitismo y la apología del genocidio, colocando a Colombia a la vanguardia de la lucha contra el flagelo de la discriminación en América Latina. * Profesor, columnista y director ejecutivo de la Confederación de Comunidades Judías de Colombia. HERJOS

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