La era de la ilustración

La película '300' inaugura una nueva era para las historietas y, por supuesto, también para el cine.

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marzo 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-03-30

DESDE LA APARICIÓN de Superman, Dick Tracy y Flash Gordon, entre otros, en la tercera década del siglo pasado, las historietas han fascinado a los estadounidenses, que las supieron exportar de buena forma al mundo entero. Y casi desde su creación, ha sido una obsesión de Hollywood llevarlas al cine.

Las sagas de Batman, Superman, El hombre araña, Los 4 fantásticos, El hombre increíble y El cuervo, entre muchas otras, no son sino la manifestación de ese deseo intenso por dar vida a héroes que sólo vivían en el dibujo plano.

Sin embargo, hasta el estreno de Sin City en 2005, las adaptaciones respondían a la ilusión del director por aprovechar todos los adelantos técnicos a su disposición en aras de despojar al cómic de su esencia, el dibujo, y transformarlo en una realidad comparable a la de cualquier otra película.

En Sin City, en cambio, sus creadores decidieron lo contrario: aprovechar el tinte mágico de los cómics para darles vida en el celuloide en tercera dimensión, pero con el diseño de la historieta original. El resultado fue fantástico.

En medio de una combinación de escenarios naturales y técnicas computarizadas, las manchas de tinta estallaban entre el blanco y negro como si el propósito de la cámara fuera capturar al ilustrador en el instante mismo de la creación. Así, la sordidez de la historia -una serie de crímenes y venganzas espeluznantes que no resistirían una adaptación en un ambiente real- quedaba atenuada por el encanto del diseño, que le advertía al espectador que todo eso que estaba viendo solo cabía en la imaginación de su creador. En pocas palabras: era un cómic.

El éxito de esa empresa se debió a la participación del propio Frank Miller, autor de Sin City y uno de los más célebres dibujantes modernos, en el proyecto, dirigiendo la película en compañía de Robert Rodríguez.

Pero si Sin City constituyó el prototipo de una nueva era para los cómics contemporáneos, el primer hijo del cómic en movimiento es 300. Escrita por el propio Miller basado en la famosa batalla de las Termópilas, en la que 300 aguerridos espartanos, dirigidos por el rey Leónidas, enfrentaron al invencible ejército persa, comandado por Jerjes, la historieta goza de una fidelidad visual sin precedentes en la pantalla gigante. Su director, Zack Snyder, se dedicó, cuadro por cuadro, a reproducir con integridad obsesiva los dibujos de Miller. En sus manos, la historieta parece un storyboard.

A pesar de haber contado con actores de carne y hueso, los atuendos y las complexiones parecen dibujadas, así como los escenarios y el decorado. Sin ir más lejos, apenas una escena fue filmada en espacio abierto, aquella en que los mensajeros de Jerjes llegan a caballo a Esparta. De resto, todo ha sido obra de un efecto visual. "Desde los paisajes a las batallas, desde la acción a la arquitectura de la época, cada cuadro de la película es un efecto visual", comenta Snyder.

Las termópilas, el paisaje griego y las edificaciones espartanas fueron creadas virtual y completamente en tres dimensiones. Luego se agregó color a las ilustraciones. Los gestos, las heridas, los yelmos, los escudos y las espadas también fueron retocados en el computador, de manera que cada detalle resaltara en la pantalla como un dibujo.

Muchos comentaristas podrán criticar la veracidad histórica, la forma fantasmal y monstruosa con que son pre-sentados los soldados persas, la malévola deidad a la que queda reducida la figura del rey Jerjes, en comparación con el vigor y la nobleza de espíritu del ejército espartano. Pero Snyder y Miller dejan claro que no se trata de un retrato fidedigno de los hechos, sino la interpretación del cómic, es decir, la representación fantástica de una batalla que fue transformada en leyenda en la mirada de un ilustrador.

EL EJEMPLO DE 'DICK TRACY'

En 1990 Warren Beatty materializó un sueño de muchos años: llevar al cine a su héroe de marras, el famoso detective Dick Tracy, que aparecía en las tiras cómicas dominicales. Él mismo lo interpretó y utilizó a Madonna y a Al Pacino, para que lo secundaran. El resultado fue una hermosa película que mereció tres premios Oscar, entre ellos los de mejor dirección artística y mejor maquillaje. Beatty decidió filmar en estudios para hacer de sus escenarios estructuras dedicidamente falsas, "dibujadas", lo cual causó el efecto deseado: no sacar al cómic de las páginas para trasladarlo a la pantalla sino meter al espectador entre las páginas de la historieta.

 

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