¿Cómo se impulsa el desarrollo regional? (I)

(Ponencia en el Foro Internacional sobre ‘Globalización, gobernabilidad y territorio’, organizado por el grupo de Investigación sobre gestión y políticas públicas, de la Universidad del Valle).

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noviembre 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-11-30

Uno de los principales debates de la ciencia económica ha sido la evaluación de la importancia relativa de la macroeconomía y de la microeconomía como determinantes del desarrollo económico de una sociedad. En tiempos recientes, los factores microeconómicos -como las políticas de fomento sectorial, la trascendencia de la geografía, el peso de las cadenas productivas y los ‘clusters’- han venido ganando terreno frente a los tradicionales factores macroeconómicos -la estabilidad de las variables fundamentales, el clima de inversión y el grado de desarrollo humano. Pero naturalmente, tanto lo macro como lo micro son cruciales y por ende hay que prestarle atención simultánea a los dos frentes. Pasando del orden nacional al local, se puede decir que las teorías sobre el desarrollo regional buscan entender las dinámicas económicas particulares de ciertas geografías y su interacción con las demás. Pretenden analizar los efectos de la localización sobre la producción y el comercio. E intentan explicar procesos de especialización económica de determinadas zonas -como por ejemplo Silicon Valley en E.U., Padania en Italia y Bangalore en India. Cómo surgieron y cómo han evolucionado estas regiones es un tema de investigación clave, puesto que se pueden derivar valiosas lecciones sobre lo que se debe hacer -y lo que se debe evitar- para fomentar el desarrollo regional. Fue en Alemania donde se empezó a estudiar en profundidad el asunto. En 1826 Von Thünen comienza a hablar de la teoría de la localización, que habla del surgimiento de mercados en áreas con una buena masa crítica inicial de población. Poco más de un siglo después sus compatriotas Christaller y Losh aportaron la idea de la importancia del mercado laboral para el desarrollo regional, que su calidad respondiese adecuadamente a las necesidades de la zona, reconociendo las asimetrías entre lo urbano y lo rural. Años más tarde, en los 60, llegaron los enfoques keynesianos de Friedmann, Frank y la Cepal. Según esta perspectiva, los ingresos regionales son determinados por la demanda interna (los mercados externos son marginales) y por lo tanto hay que cerrar- proteger- los mercados domésticos. Además, se le da gran importancia a las políticas macroeconómicas -fiscal, monetaria, cambiaria, dejando de lado lo micro, el papel de los emprendedores. Además, enriquecen el debate los enfoques multidisciplinarios como el de Walter Isard -a mediados del siglo pasado- que plantean que el desarrollo económico no depende sólo de la economía, es hijo también de las formas organizativas de los grupos sociales, y por lo tanto involucra la historia, la sociología y la antroplogía de lo que se haga en varias disciplinas. Otros aportes son los de las teorías de Centro-Periferia (impulsados entre 1930 y 1950 por la escuela francesa de Annales y secundados por la Cepal) en las que se reconocen asimetrías en el desarrollo de las regiones, explicadas por las relaciones de poder (por ejemplo la subordinación de América Latina). Se afirma que el subdesarrollo en muchos lugares es el producto de un deterioro secular en los términos de intercambio (el centro produce bienes que se venden a precios altos, la periferia produce bienes que se comercian a precios bajos). Solow y Swan, con su llamada teoría necoclásica le dan mucho peso a los niveles de ahorro y progreso tecnológico como determinante básico del crecimiento económicos (las experiencias asiáticas así lo confirman). Y sostienen, algo que hoy en día ya prácticamente nadie cree: que las economías convergen en sus niveles de desarrollo por la Ley de los rendimientos marginales decrecientes (mediante los grandes y continuos avances en materia de productividad ya se puede evitar que los rendimientos disminuyan; para ello es clave un buen capital humano que promueva el progreso tecnológico). En la actualidad, Sachs afirma que la “convergencia de clubes” -economías con condiciones iniciales y estructuras similares que tienden a converger a ingresos per cápita similares, se logra sólo si hay plena apertura comercial y sólida protección a los derechos de la propiedad privada. Vale la pena también traer a colación las ideas de Perroux y Boudeville -a mediados del siglo pasado- quienes fueron los primeros en hablar de los polos de crecimiento que se dan cuando nace una empresa fuerte -líder e innovadora- que impulsa el desarrollo de firmas a su alrededor, que dependen de ella. (Mañana : segunda parte). "Para comprender bien la teoría del desarrollo regional, conviene repasar las principales tesis de su historia”.

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