India: un país en proceso de construcción

India es un país en construcción y eso se siente desde que se aterriza en el aeropuerto internacional Indira Gandhi en Nueva Delhi, su capital.

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enero 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-01-31

Mientras se va por el pasillo una vez se deja el avión, se ven unas instalaciones viejas pero en proceso de restauración, para luego salir a un moderno hall donde el tablero que marca la llegada y salida de los vuelos cambia constantemente, unas veces en los extraños caracteres del indi -idioma oficial- y otras en inglés, para mostrar una gran variedad de destinos que dan señas de cómo se está conectando este país con el mundo entero. Precisamente esta globalización fue lo que obligó al gobierno a invertir en su ampliación y remodelación que debe terminar en un año. Al salir del aeropuerto el contraste continúa. A un lado de la vía, las cuadras se ven desordenadas, con poca luz, con los andenes a medio hacer, polvorientos y con casas con locales donde cuelga la mercancía invadiendo el espacio público. Al otro lado, va corriendo la construcción de una nueva línea del metro, que promete conectar el centro de Nueva Delhi con la terminal aérea en el 2010. Hoteles también están construyendo, de ahí que es posible que el taxista tenga dificultades para encontrarlo, además porque se han ido instalando en nuevos sectores de la ciudad. Ahí viene otro contraste: una moderna edificación con todos los servicios de un hotel cinco estrellas para ejecutivos rodeada de improvisadas casas hechas en tela asfáltica, plástico o latas de aluminio con el techo lleno de piedras para que el viento no se lo lleve, donde viven numerosas familias, cuyo jefe de hogar sin duda trabajó como obrero en esa construcción. Y esto en medio de una calle sin hacer, que termina en un lujoso centro comercial con tiendas que se pueden ver también en Miami, Nueva York o Madrid, y en cuyas vitrinas no resaltan propiamente los tradicionales saris y túnicas para las mujeres, sino jeans, chaquetas y atrevidas blusas. Sí, India está comenzando a ver los frutos del constante crecimiento de su economía, que en las dos últimas décadas ha registrado un índice entre el 7 y el 9 por ciento. De hecho, junto con China, son considerados los países emergentes llamados a ocupar los primeros puestos de la economía mundial en pocos años. Sin embargo, no será ajena a la crisis mundial, por lo que el Fondo Monetario Internacional prevé que este año crecerá en 5,1 por ciento. Sin embargo, esas riqueza aún no llegan a todas partes, a pesar de las apuestas que ha hecho el gobierno para fomentar la educación y aumentar la población profesional, especialmente en áreas de la tecnología y la industria de telecomunicaciones y farmacéutica, dos sectores que se han adesarrollado hacia el sur del país en Bengalore e Hydebarad, así como Bombay se ha vuelto el centro financiero de India. Pese a esto, este país carece aún de infraestructura, a tal punto que el agua no es potable por lo que siempre hay que usar agua embotellada. Y muchos sectores se ven a los niños y mujres sacando agua en algibes o cargando baldes con ella. Así mismo, el analfabetismo aún es amplio y el sistema de salud no cubre a un alto porcentaje de la población. La pobreza aún se ve en las esquinas y semáforos donde madres con sus bebés piden limosna. Tesoros de la ciudad La capital de India está divida en dos grandes sectores: New Delhi y Old Delhi. En esta parte se encuentran antiguas edificaciones como el Fuerte Rojo, una ciudadela construida entre 1638 y 1648, en tiempos del emperador mongol Shah Jahan. Está hecho en piedra arenisca rojo y contiene en su interior distintas construcciones, incluso en mármol. En otro lado de la ciudad, está el Qutab Minar, un minarete de cinco pisos que parte de una antigua fortaleza militar. Tráfico infernal Carros, buses, motos, bicicletas, irickshawsi (una especie de tricimotos) y peatones se pelean las vías. El tráfico es caótico y el ruido de las bocinas es infernal: todo el mundo pita para abrirse paso, pero nadie se molesta. No hay un carro que no tenga una abolladura y nadie se detiene para insultar al otro por rayarle el carro. En las estrechas calles de Old Delhi, el comercio tampoco facilita el tránsito: invade los estrechos andenes atestados de gente que viene y va. WILABR

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