La inflación, una tentación para los países endeudados

EE.UU. y el Reino Unido podrían permitir un alza rápida de los precios para reducir el valor de sus obligaciones

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marzo 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-03-31

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el primer ministro británico, Gordon Brown, intentan liderar el mundo en una batalla contra la crisis financiera, inyectando millones de millones de dólares para reanimar sus economías y rescatar a los bancos. Los inversionistas y políticos, sin embargo, se preguntan si esos gobiernos podrán afrontar el costo de sus medidas.

La respuesta, según analistas y economistas, es casi seguro que sí.

Pero algunos hacen una advertencia: a medida que la deuda de los países alcanza niveles no vistos en décadas, éstos se enfrentarán a la creciente tentación de dejar que la inflación crezca a un ritmo superior al que típicamente permitirían, una medida que reduciría el valor de su deuda a medida que los precios suben.  Eso podría perjudicar en gran medida a todo tipo de inversionistas, desde jubilados de EE.UU. y el Reino Unido que dependen de una pensión fija, a grandes tenedores de bonos del Tesoro estadounidense como el banco central de China.  "Sería algo terrible, de proporciones épicas, pero es probablemente más fácil que una moratoria rotunda", señala Kenneth Rogoff, un profesor de economía de la Universidad de Harvard y ex economista en jefe del Fondo Monetario Internacional.  Mientras los líderes de las 20 principales economías del mundo se preparan para una cumbre en Londres mañana, Obama y Brown han asumido un papel protagónico en los esfuerzos para sacar al mundo de la recesión.

Ambos han anunciado paquetes de estímulo fiscal; EE.UU.  planeando gastar unos US$787.000 millones. Y ambos han acudido a la "relajación cuantitativa", en la que sus bancos centrales planean imprimir grandes sumas de dinero ¿más de US$1 billón (millón de millones) en EE.UU. y por lo menos 75.000 millones de libras esterlinas (unos US$107.390 millones) en el Reino Unido¿ en parte para comprar algunos de los mismos bonos que los gobiernos emitirán para cubrir sus déficit presupuestarios.

Si las medidas de estímulo dan señales de que están funcionando y previniendo la deflación, tanto EE.UU. como Gran Bretaña tendrán que solucionar otro dilema: ¿cuándo y cómo hacer un alto y poner sus déficit fiscales bajo control?

Si esperan demasiado, podrían desatar una espiral inflacionaria a medida que gran parte del dinero de los estímulos va detrás de los mismos productos y empleos, una posibilidad cada vez más preocupante.

La semana pasada, el primer ministro checo, Mirek Topolánek
¿ antes de renunciar al cargo luego de un voto de no confianza¿ llamó a los planes de gasto de EE.UU. la "ruta hacia el infierno", haciéndose eco de las quejas de otros líderes europeos.  Mientras tanto, la débil demanda durante una subasta de bonos del gobierno estadounidense y el fracaso de otra en el Reino Unido elevaron la inquietud sobre la disposición de los mercados a apoyar el enorme nivel de endeudamiento de los países.  Algunos analistas han revivido los recuerdos de Alemania en los años 20 o Zimbabwe durante esta década, cuando la impresión de dinero para cubrir un déficit crónico en el presupuesto devaluó las divisas y gestó la hiperinflación. "Las historias de horror de cómo nace la hiperinflación volverán a surgir", asegura Jan Loyes, estratega de mercados globales de J.P. Morgan Chace & Co. en Londres. "Los inversionistas están preocupados".

La mayoría de los economistas y analistas dice que en el caso de EE.UU. y el Reino Unido, ese tipo de escenario fatal es altamente improbable.  Aunque creen que las autoridades preferirán el camino de la inflación, no prevén que los precios se salgan de control. Un alto nivel de endeudamiento podría elevar la deuda neta de ambos gobiernos a casi 100% del Producto Interno Bruto de ambos países, aunque eso aún es menos que el nivel de deuda de Japón que, hasta ahora no ha tenido ningún problema en emitir bonos pese a su menor calificación de crédito. Al precio correcto, los bonos de ambos países tienen una gran cantidad de compradores naturales, como los fondos de pensión que necesitan asegurar pagos para el largo plazo.

Más nocivo, sin embargo, será el costo político de pagar los intereses sobre toda esa deuda nueva.

Si las tasas de interés suben a un nivel moderado, los economistas estiman que los pagos anuales de deuda para EE.UU. podrían alcanzar el 4% de su PIB. Las obligaciones de deuda podrían ser aún más problemáticas para Gran Bretaña, que ya enfrenta la perspectiva de recortes profundos en su presupuesto e impuestos más altos después de años de depender del sector financiero para sus ingresos fiscales.

La presión de los pagos de deuda tiene el potencial de cambiar la actitud de los legisladores respecto a la inflación. Generalmente, los bancos centrales buscan, a toda costa, mantener la inflación bajo control, ya que la ven como un fuerte factor en la erosión del poder de compra de la divisa de un país y de los ahorros de la población. Pero en un país con un alto nivel de endeudamiento
¿ las familias de EE.UU. y Gran Bretaña son las que más deuda tienen en el mundo¿ la ecuación cambia.  La inflación puede reducir el peso de la deuda. Ya que el valor nominal de los bonos y de la deuda hipotecaria se mantiene inalterado, los ingresos tributarios y los precios de los inmuebles tienden a subir.

Rogoff predice que en tres o cinco años, la inflación anual puede llegar a hasta 10% en EE.UU. y al mismo nivel en el Reino Unido aún más pronto.

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