Innovar es hacer extraordinario lo cotidiano

Mucho se ha teorizado acerca de innovar como una ventaja competitiva, pero la innovación puede ser escuetamente una política de empresa, donde la innovación está en la actitud mental de sus ejecutivos.

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febrero 28 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-02-28

Según Alfonso Arango Breitner, director Ejecutivo de Incubar Colombia, “Innovar puede ser un concepto, como lo aplican las tiendas para niños Imaginarium; puede ser una experiencia tipo turismo espacial; puede ser, de hecho, un producto como una vacuna contra la envidia, o pueden ser valores agregados en productos de carácter tradicional como sensores de lluvia en los parabrisas de los automóviles”. Pero, innovar es también “hacer extraordinario lo cotidiano”, como exclamó alguna vez García Márquez o “mirar lo que al cliente le hace falta y hacerlo”, como lo hizo una hábil vendedora ambulante que en una mañana lluviosa se apostó frente a un grupo de graduandos y les ofreció bolsas impermeables para proteger el cartón de la lluvia. Para Incubar Colombia, un centro que apoya la oportunidad de iniciativas originadas en equipos empresariales de alta competencia estratégica, “Innovación es conseguir, craneado o no, una manera diferente de hacer las cosas”. Para lograrlo se debe poder proteger intelectualmente, se debe poner en práctica (validar) y se debe transferir y, lógico, vender. En Colombia es Colciencias la entidad que lidera el tema de la innovación. En conjunto con Planeación Nacional, el Sena, las cámaras de comercio, las universidades, los centros de desarrollo tecnológico, el Sistema Nacional de Innovación (SNIC) y las incubadoras de empresas, generan actividades que promueven desde la sensibilización hasta la búsqueda de recursos para todo tipo de proyectos de innovación, dirigidos esencialmente a la pequeña y mediana empresa. Adicionalmente, hay treinta empresas más dedicadas a la innovación especializada en sectores como la biotecnología, electrónica y microelectrónica, desarrollo de ‘software’, química fina, biomédica, materiales, diseño y creatividad. Ellas, gracias a Ley de Ciencia y Tecnología, que destina recursos para mantener en el país a las personas que están generando innovaciones, han recibido apoyo por cerca de 1.300 millones de pesos de capital semilla para desarrollar sus modelos de negocios basados en la innovación y el desarrollo tecnológico. El empresario debe estudiar a fondo el tema de la innovación, no como su tabla de salvación sino entender el concepto. Inculcar la innovación hace parte de la labor diaria, como un modelo de carácter mental que va a ser parte del clima organizacional de la empresa, esto va a dar sus frutos desde la forma de preparar el tinto, la seguridad, el ambiente y, por supuesto, mejora la parte productiva. Para Incubar Colombia, Innovar no tiene que ver con el tiempo sino con la efectividad, con que se rompan todos los paradigmas. El dinero vendrá por añadidura. Inversión para el futuro La innovación, dice Arango Breitner, tiene la ventaja de ser transversal y por ello es muy posible que el empresario no tenga que invertir mucho dinero, pero lo que sí es seguro es que lo vuelve más eficiente con menos recursos. Es más, a un empresario le cuesta el tiempo que se dedique a buscar un cambio en la mentalidad propia y en la de sus empleados: “Si tenemos cultura de la innovación estaremos buscando constantemente cómo mejorar desde cualquier área de la empresa las maneras tradicionales de hacer las cosas”, asegura Arango. El 5 por ciento de las Pymes nacionales están certificadas No es una meta, sino el comienzo de todo. Obtener una certificación de gestión de calidad implica, en adelante, un esfuerzo empresarial mucho mayor, porque se convierte en un activo técnico que la compañía debe mantener. Se trata de un reto empresarial que no se puede perder, porque lleva consigo prestigio, credibilidad y, sobre todo, el reconocimiento. El 5 por ciento de las 67.000 pymes legalmente constituidas en Colombia ya están certificadas con títulos de calidad. Pero, según Iván Barragán, director de Proyectos de la Corporación para el Fomento de la Calidad, Productividad y Gestión Ambiental (Cyga), la mayoría de estos empresarios juiciosos han accedido a las certificaciones de calidad, más motivados por las exigencias de los clientes que por iniciativa propia. Aplicables a las pymes hay más de ocho familias de normas de productos y de sistemas de gestión. Algunas son certificaciones a productos, es decir, si el producto final cumple con unos requisitos mínimos de materiales, de desempeño y de condiciones para que funcione bien; de ahí se derivan las marcas de conformidad como el famoso sello Icontec, al que pueden acceder los empresarios pymes por exigencias del mercado. Sin embargo, dice Barragán, lo que más se ha difundido en la pyme es la Certificación de Sistemas de Gestión, relativa a la forma como está organizada la empresa, es decir, al desempeño administrativo, operativo y de producción. Bajo esta misma norma hay otras modalidades también aplicables a las pymes, como los sistemas de gestión para la calidad, la gestión ambiental, la seguridad y la salud, la responsabilidad social y para la investigación y el desarrollo. Y hay otras que combinan las certificaciones de producto con las de gestión de calidad, tal es el caso del sector petroquímico, donde no únicamente se le exige que cumplan con la certificación ISO 9000, que es para sistemas de gestión de calidad; o la 14000, ambiental; o la OHSAS 18000, que ampara los sistemas de salud ocupacional y seguridad industrial; sino que adicionalmente se demanda la certificación que garantice la calidad del producto. En las empresas donde hay mucha producción de alimentos es aplicable una norma destinada a sectores específicos como la ISO 22000, concebida como sistema de gestión de la inocuidad alimentaria, y otras, dice Barragán, basadas en la responsabilidad social. Normas y costos En términos de tiempo, a veces es más fácil implementar un sistema de gestión en una pyme que en una gran empresa, pero la barrera son los recursos. Según la Corporación Cyga, en una pyme los procesos de consultoría no pasan hoy de 80 horas de trabajo y el costo no alcanza a superar los cinco o seis millones de pesos. Inclusive, muchas veces, esos costos son cofinanciados por entidades de apoyo a la pyme, como las cámaras de comercio, el programa Midas y algunas ONG. Hay otras fuentes de financiación, desde reembolsables, como los créditos común y corrientes ante entidades bancarias, y otros que son bajo condiciones particulares, como los que ofrece Bancoldex, con tasas preferenciales y tiempos de gracia especiales.

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