¿A quién le importa el euro?

La divisa europea se ha situado en niveles máximos con el dólar, solo comparables a los que se vieron a comienzos de los años 80 y 90. No parece, sin embargo, que esta situación esté siendo muy comentada por las autoridades monetarias europeas, probablemente porque se asume que esta apreciación del euro no va a tener efectos negativos sobre la economía europea. Este tipo de política, que se denomina de benign neglect, es la que habitualmente ha seguido E.U. en relación a su divisa.

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julio 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-07-31

En este contexto, para entender mejor esta posición de la autoridad monetaria, es interesante revisar las razones que han llevado a la divisa a niveles máximos con el dólar. En realidad, lo que ha ocurrido ha sido una depreciación generalizada de la divisa de E.U. Esto es el resultado, en primer lugar, del aumento de la incertidumbre sobre esta economía, en especial, sobre la posibilidad de que aumenten sus problemas financieros y de que se agudice el ajuste en el sector de la construcción. Está incertidumbre en E.U. coincide además con un cambio de expectativas de crecimiento al alza en muchos otros países y con la posibilidad de que muchos de ellos sigan subiendo tipos de interés, mientras en E.U. se mantendrían estables. Esta diferencia juega en contra del dólar. Un segundo factor es la evolución de los flujos de capital. Si bien los más estables, los flujos de inversión directa, no han cambiado demasiado en los últimos meses y no contribuyen al reciente movimiento, sí ha variado el comportamiento de los flujos de capital de corto plazo. Muchos inversores, entre ellos, los llamados no comerciales, muestran una posición crecientemente vendedora frente al dólar. Por último, hay otro elemento que está intensificando este sentimiento negativo con el dólar: los sucesivos anuncios sobre la diversificación creciente de las carteras de los inversores en divisas distintas al dólar o de las monedas de denominación de las transacciones comerciales. Estos anuncios por sí mismos tienen normalmente un efecto de pequeña intensidad y de corta duración sobre el dólar, pero en el contexto actual, están contribuyendo a debilitar a la moneda estadounidense. En realidad, parece bastante probable que se estén sobreestimando los riesgos de la economía de E.U. y que las expectativas y los flujos de capital de corto plazo estén contribuyendo a ello. Es indudable que estos factores seguirán presionando a la baja del dólar en el corto plazo. Ahora bien, la economía norteamericana tiene soportes importantes, tanto por el buen comportamiento de la renta disponible de los consumidores, como por la solidez que muestra el sector empresarial en su conjunto. Lo más probable, por tanto, es que estemos muy próximos al final del recorrido alcista del euro, y que, a medida que las incertidumbres sobre E.U. se despejen, se produzca un retorno del dólar hacia niveles más próximos al 1,30. Sin duda, junto a este argumento, otro hecho que se tiene en cuenta en Europa a la hora de valorar los movimientos del euro es que estos se han producido en un contexto de baja volatilidad cambiaria, que no se ha modificado mucho en las últimas semanas. Esto limita el impacto de los movimientos del euro sobre las expectativas de los agentes, y, por tanto, su impacto final en la economía. Todo ello justifica el escaso peso que el euro parece estar teniendo en la consideración de las autoridades económicas. Ahora bien, si el período de incertidumbre en E.U. se prolonga y, con ella la apreciación del euro, podríamos ver un Banco Central europeo más proclive a moderar su ritmo de subidas de tipos o incluso, con mayor probabilidad de hacer una pausa en este proceso. No en vano un euro más fuerte limita las presiones inflacionistas y sesga a la baja el crecimiento. Pero esto solo ocurriría si la situación del euro se mantiene después de septiembre, algo poco probable. De momento, todo apunta a que en septiembre habrá una nueva subida de tipos por parte de la autoridad monetaria europea. Economista jefe para Europa y Escenarios Financieros, BBVA "Un euro más fuerte limita las presiones inflacionistas y sesga a la baja el crecimiento”.

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