Los ‘líderes’ de América Latina

Siempre me ha llamado la atención el enorme personalismo que existe en la política latinoamericana. Hombres (no mujeres), que se aferran al poder y no lo sueltan. Creen, en la lógica de su mundo, que sin ellos todo se va a pique. Ahí están Chávez, Correa, Evo, Ortega. Para no mencionar a los que ya se fueron.

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febrero 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-02-27

Este rasgo de nuestra cultura política no está presente en E.U. Si les va bien a los presidentes, gobiernan 8 años y adiós. Se van para su casa, montan una fundación, dan conferencias por el mundo y, en el retiro, se convierten en los sabios de la tribu (Carter). La institución está por encima de las personas. Por muy líderes que sean (¿Remember Reagan o Clinton?) el cargo es lo fundamental, no la persona. Y el relevo del poder es sagrado. A nadie se le ocurre cambiar la Constitución cada vez que un mandatario es popular (todos los son, en algún momento). En estas tierras es al contrario: algunos se sienten por encima de las instituciones. Una suerte de salvadores, de mesías. Quieren una Constitución a la medida de su verdad, de sus pasiones, de su cruzada. Y se ponen bravos si alguien osa contradecirlos. Los llaman apátridas. ¡Que se callen! Son líderes nacionalistas con discursos antiimperialistas, pero hacen referendos, constituyentes y se aferran al poder en una sucesión de elecciones amparadas en la legalidad. Chávez fue el primero. Evo, Correa y Ortega lo siguen paso a paso. La fórmula es la misma: nacionalizan empresas, ponen el presupuesto nacional al servicio de su causa, convocan una Constituyente, la ganan. Y con la nueva Constitución en la mano, buscan perpetuarse en el poder. ¿Cómo no lograrlo si terminan de dueños del Congreso, el Poder Judicial y el Ejecutivo? En países pobres, como los nuestros, esto equivale a dar subsidios (que se convierten en votos), decretar el salario mínimo por orden presidencial, perseguir con los jueces a los opositores para encarcelarlos, premiar a los amigos con jugosos contratos, aprobar leyes a la medida de los socios del poder. En nuestros países quienes manejan las cuatro palancas esenciales del poder -presupuesto, justicia, leyes e instituciones armadas- son difíciles de derrotar. El precio que pagan los países es enorme: se empobrecen y la democracia, en la práctica, no opera. Algunos de estos presidentes (no todos), al cabo de los años terminan inmersos en los mismos problemas que los hicieron surgir: corrupción, clientelismo, autoritarismo. Llegan al poder enfrentando a los partidos tradicionales, pero al cabo del tiempo, reproducen la misma realidad que combatieron. Y, además, dividen al país y fomentan la discordia. La historia está ahí. Nos ayuda a reflexionar, a entender el presente, a enfocar los retos que tenemos. América Latina vive una nueva era. Pero: ¿quién es la contraparte? Hasta ahora la voz razonable ha sido Brasil. El presidente ‘Lula’, que también es de izquierda, es el que habla desde la otra orilla. Y lo hace sin pelear, sin referirse a nadie en particular, sin irrespetar a otros mandatarios. Lo hace con frases como: “no es bueno para la democracia perpetuarse en el poder”. Pero también hay otra vía: la de la gente. La de organizarse y ganar elecciones. La de aferrarse a la Constitución y hacerse oír. Así ganaron las mayorías en Chile frente a Pinochet. Organización y liderazgo nuevo. Discurso incluyente. Búsqueda de consenso por la base. Es lo que veremos en los próximos años. Lo interesante de la última elección en Venezuela no es que ganó Chávez; lo relevante es que quienes no lo siguen, sacaron el 46% de la votación. Pueden ganar las próximas elecciones presidenciales. * Adiós a D’Artagnan. Abrazo solidario a Lorenza, su esposa, sus hijos y toda su familia. '' En nuestros países quienes manejan las cuatro palancas esenciales del poder -presupuesto, justicia, leyes e instituciones armadas- son difíciles de derrotar.WILABR

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