Lula y los logros sociales

Concentrada en el debate por la crisis política que vive Brasil, se han destacado poco los logros sociales que ha obtenido el Gobierno de Lula.

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enero 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-31

El coeficiente de Gini que mide la desigualdad, e indica mayor desigualdad mientras más se aproxima a 1,0, aún si persiste alto, se redujo de 0,571 en 1993 a 0,535 en 2004, y ello parece explicarse por la reducción del precio de los alimentos, (entre 1995 y 2005, el índice general de precios aumentó 148,7 por ciento en tanto que los precios de los alimentos subieron 93,4 por ciento) y por la notable transferencia de rentas focalizadas hacia las familias más pobres. Adicionalmente, el hecho de que los salarios hayan subido en los dos últimos años por encima de la inflación, ha incidido en este resultado: entre septiembre de 2004 y septiembre de 2005, el salario mínimo aumentó 2,25 en términos reales y el porcentaje de jubilados pasó de 10,69 por ciento en 1993 a 13,5 por ciento en 2004. Según el último informe del Pnud, preparado por Sonia Rocha, el empleo con protección social creció más que el empleo informal; el empleo total creció 3,3 por ciento de 2003 a 2004, y en 2004 se generaron 2,7 millones de nuevos puestos de trabajo, en tanto que en la década del 90 se creó un promedio anual de 1,5 millones de empleos. Hay una reconocida escasez de suficiente mano de obra calificada y ello está generando un premio salarial para quienes tienen más años de estudio, y ello opera como un refuerzo de la desigualdad. Utilizando diversas líneas de pobreza por regiones, Rocha concluye que la pobreza cayó de 35,6 por ciento en 2003 a 33,2 por ciento en 2004, lo cual representa 57,7 millones de personas. La indigencia pasó de 10 a 8 por ciento, lo cual equivalía en septiembre de 2004 a 13,9 millones de personas. Ello fue favorecido por el buen crecimiento del producto (4,9 por ciento) y por el consiguiente aumento del empleo. La tendencia muestra que mientras el 50 por ciento más rico redujo su participación en el ingreso en un 0,6 por ciento y el quintil superior vió mermada su participación en 1,6 por ciento, el rendimiento del trabajo creció 3,2 por ciento para la mitad más pobre de los ocupados. Ha habido pues, sin duda, una mejoría en la distribución de la renta. Según el último estudio de la Fundación Getulio Vargas, la proporción de pobres cayó 2,2 por ciento en el país. Con una metodología distinta, este estudio, dirigido por Marcelo Neri, encuentra que el número de pobres llegó en el 2004 a 25,1 por ciento, con una reducción más acentuada del 8 por ciento en 2004, gracias a la mejoría en la distribución de la renta. Lo que resulta claro es que independientemente de la metodología utilizada, se está en presencia de una declinación significativa de la pobreza y de la indigencia en Brasil. Ha quedado demostrado que la política debe hacer aquello que el mercado no hace, como impulsar la equidad horizontal, erradicación de la pobreza y superación de la exclusión. Se constata por ejemplo, que ocurrió un aumento sostenido del gasto social per cápita por las acciones orientadas a los grupos más carenciados, pues si en 2001 el gasto en asistencia social fue de 8,5 billones de reales, en 2004 se duplicó a 16,2 billones de reales. Ello es similar a la suma de las remesas enviadas por los emigrantes (17,1 billones de reales), de modo que a la política oficial se ha sumado un enorme esfuerzo de las familias. Hacia futuro es necesario asegurar que se mantiene esta tendencia de corrección de los desequilibrios sociales. Pero justo es reconocer que bajo la administración Lula se ha profundizado la tendencia hacia una mayor equidad social.

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