Luz de esperanza

Ex presidentes se pronunciaron sobre el fracaso de la guerra contra el tráfico de drogas. Obama dijo poco durante la campaña presidencial, pero algo musitó sobre reexaminar paradigmas. Tom Ammiano en la asamblea del insolvente estado de California, el mayor productor de marihuana del mundo, propone cobrar impuestos al alcaloide como al alcohol. Se rumora como posible zar de las drogas al jefe de Policía Kerlikowske, quien tiene reputación de ser tolerante con el consumo recreativo de alucinógenos. Quizá se abre una rendija.

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febrero 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-02-27

Nadie en el mundo ha sufrido tanto como los colombianos por causa de la inacabable fiesta alcaloide que desató la edad de los hippie en los años sesenta del siglo pasado. La Santa Marta Golden hizo época como la mejor marimba del mundo. El tráfico comenzó por La Guajira y fue motivo de burla en el altiplano hasta cuando con el advenimiento de las drogas duras, la capacidad empresarial criolla regó el cáncer por todo el país. Consumos irreprimibles y la ilegalidad del tráfico de drogas generaron márgenes de rentabilidad sin precedentes en el comercio internacional. El hampa organizada puso en jaque al Estado. Desde Pablo Escobar hasta los mafiosos mexicanos de hoy se ha sembrado muerte y corrupción. Las redes criminales en los países consumidores también hacen lo suyo, mientras esquivan lo que es apenas una guerra interior de baja intensidad. Hay que leer Gomorra de Roberto Saviano, para sin pseudoshéroes ni romanticismos adentrarse en la densidad y complejidad de los circuitos. En Colombia, el hálito criminal del tráfico de drogas ha permeado la sociedad. Ha socavado los fundamentos éticos de la vida en común. La política y casi todas las instituciones han sido tocadas. Por si fuera poco, la guerrilla, abocada a desaparecer por la pérdida de apoyos y sustento ideológico, encontró un segundo aire en la coca. Y detrás de la guerrilla, los paramilitares llegaron a beber de la misma mana. De cuántas tragedias y de cuántos muertos se hubiese librado el país si Norteamérica no hubiese decidido fútil e hipócritamente exportar su problema. Las sombras no se disiparán de un día para otro. Muchos intereses, inclusive por parte del aparato represivo de la DEA, militan en contra. Sin embargo, en Estados Unidos un 72 por ciento de la opinión considera que la guerra contra las drogas es un fracaso. Cuando F. D. Roosevelt llegó la presidencia en 1933, en circunstancias parecidas a las de Obama, abolió la veda del alcohol, la prohibición, que tanto se parecía delictivamente a criminalizar el tráfico de estupefacientes. Replantear la represión del comercio de la droga significaría para el país tanto como muchos Plan Colombia. Desacoplar el matrimonio forzado entre el terrorismo y el tráfico de alucinógenos contribuiría inclusive a clarificar ambigüedades de la Seguridad Democrática. Don Sancho Jimeno, quien se paró firme en Bocachica contra los bucaneros franceses que a pesar de él capturaron y saquearon a Cartagena en 1697, era, hombre de su época, un convencido esclavista. Combatió duramente a los cimarrones, esclavos escapados, que en busca de libertad se adentraban en la manigua. Esa era la política oficial. Muchos años después la Corona española ofreció amnistía general a los cimarrones para reintegrarlos a la sociedad colonial bajo rey y campana. Obama podría estar dando pasitos para demorarse menos. '' Ex presidentes se pronunciaron sobre el fracaso de la guerra contra el tráfico de drogas. Obama dijo poco durante la campaña presidencial, pero algo musitó sobre reexaminar paradigmas.WILABR

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