Magangué, la ciudad de los ríos

El incendio se inició al atardecer del 16 de febrero de 1961. Al bullicio de las calderas y de las paletas del vapor David Arango, que había llegado ese día orgulloso al puerto, se habían sumado las voces de los vendedores de baratijas que corrían siempre al encuentro de los viajeros, y los gritos de los braceros que cargaban y descargaban parte de las 400 toneladas de mercancía que, junto con los cien pasajeros, viajaban normalmente entre Barranquilla y La Dorada en este ‘palacio flotante’ de la Naviera Colombiana.

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abril 16 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-04-16

Alguien divisó el humo y las llamas que salían de uno de los camarotes del tercer piso de este barco de lujo, y la voz de alarma se propagó por toda la albarrada. Los pasajeros tuvieron apenas tiempo de desembarcar cuando el fuego se ensañó en el maderamen añejo de la cubierta. Fueron inútiles los intentos por apaciguar el fuego, y la tripulación optó por cortar a hachazos las amarras. El barco ardiente se fue así, navegando río abajo con la corriente, en medio de las primeras estrellas de la noche. El incendio del David Arango cerró un capítulo de la historia de Colombia, del río Magdalena y, sobre todo, del puerto de Magangué, quizás el que más perdió con la desaparición de los grandes barcos. PUERTO ESTRATÉGICO La primera edad dorada le había llegado a Magangué en la segunda mitad del siglo XIX, cuando el cauce del Magdalena desvió su curso principal hacia el brazo de Loba y dejó atrás al de Mompox. Hacia 1859 se iniciaron las famosas ferias de Magangué. En ellas se comercializaban los productos de los pueblos ribereños así como las mercancías más lujosas provenientes de Europa y Estados Unidos. En Magangué se hicieron entonces grandes fortunas. Pero así como el incendio del David Arango señaló el final de la segunda edad áurea que llegó con los grandes barcos, esta primera, la de las ferias, murió con el siglo, al llegar la guerra de los Mil Días. La importancia estratégica de Magangué en tiempos de conflicto se había visto ya en las batallas de Independencia, cuando Simón Bolívar había asegurado que quien controlara el río Magdalena controlaba el territorio nacional. Los realistas se habían tomado la ciudad en 1815. Cinco años más tarde José María Córdova la recapturó y la convirtió en sede de su estado mayor. Ochenta años después, en la guerra de los Mil Días, las tropas del Gobierno superaron a los revolucionarios liberales en el control fluvial del Magdalena. La pieza mayor de los conservadores era un vapor acorazado, el Hércules, que además de su blindaje contaba con cañones y ametralladoras. Las tropas del general Rafael Uribe Uribe ingresaron por tierra a Magangué en la madrugada del viernes 21 de septiembre de 1900, y pronto ganaron posiciones estratégicas, entre ellas la torre y el techo del templo parroquial de Nuestra Señora de la Candelaria. Las tropas uribistas se enfrentaron entonces con dos frentes conservadores. Un grupo de gobiernistas estaba atrincherado en una casona ubicada algunas cuadras río arriba del centro del pueblo. El otro frente estaba en el río mismo, con los vapores Colombia y Páez, a los que se unió luego el Hércules. Los liberales, a su vez, recibieron refuerzos del mermado contingente del general Benjamín Herrera, contingente que, después de la batalla de Palonegro y en palabras del historiador Antonio Botero, tenía más generales que ejército. Tras algunas bajas de lado y lado, los liberales controlaron toda la ciudad, y tomaron numerosos prisioneros cuyas vidas Uribe Uribe defendió con ardentía. De hecho, los hizo liberar ilesos luego cuando llegó el momento de abandonar la plaza. Pero antes de eso hubo un armisticio, y el propio general Uribe subió a bordo del Hércules. No aceptó, sin embargo, los términos que le propuso su homólogo conservador el general Francisco Palacios, que eran poco menos que una rendición incondicional. Entonces los cañones del Hércules arrasaron con las posiciones de los revolucionarios, y Uribe Uribe, derrotado, tuvo que replegarse hacia Corozal después de haber estado 17 días en control de Magangué. BAJO LA MIRADA DE LA VIRGEN En los combates, la iglesia sufrió serios destrozos, incluso el venerado lienzo de la Virgen de la Candelaria fue atravesado por una bala de fusil. Ese cuadro colonial, que data de alrededor de 1740, ha jugado un papel fundamental en la historia de Magangué. Su dueño inicial fue un tal Miguel Monroy que lo había hecho pintar en España con unos rasgos intencionadamente indígenas y una piel cobriza tanto en la Virgen como en el Niño Dios de brazos. Su propósito era facilitar la evangelización de los indígenas. El éxito de la medida fue (y sigue siendo) abrumador. El cuadro de la Virgen es mencionado por el obispo Diego de Peredo en su visita pastoral de 1772. Y en 1775, cuando don Antonio de la Torre y Miranda refundó el pueblo y trazó sus calles lo bautizó Nuestra Señora de la Candelaria de Magangué, en claro homenaje al cuadro, castellanizando el nombre indígena inicial de Maganguey y aboliendo el de Baracoa, como había sido llamado por el encomendero de origen portugués Diego de Carvajal. Ya De la Torre y Miranda veía la importancia comercial de Magangué, en la confluencia de los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge: “esta población sirve de escala a todos los que comercian en las abundantes minas de oro de Nechí, Zaragoza, Guamocó y Cáceres, y a los que siguen a la provincia de Antioquia, escribió en su diario, precisándoles detenerse para fletar embarcaciones y proveerse de ganados, aves, y otras provisiones y frutos necesarios para subsistencia y negociaciones”. Los momentos dorados de Magangué han estado, pues, ligados a los ríos. No es difícil predecir que este pueblo brillará de nuevo solamente en el momento en que nuestros ríos vuelvan a ser importantes. Que la Virgen de la Candelaria lo quiera así. '' El incendio del buque David Arango cerró un capítulo de la historia del río Magdalena y, sobre todo, del puerto de Magangué.”WILABR

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