Malo porque sube, malo porque baja

La sensibilidad que se ha notado de nuestro peso frente al dólar es por el impacto que la globalización y el entorno macroeconó- mico ha tenido en paí- ses emergentes, como coletazo de las crisis.

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junio 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-06-30

La sensibilidad que se ha notado de nuestro peso frente al dólar en las últimas semanas, como se ha dicho en varias fuentes, no es más que el impacto que la globalización y el entorno macroeconómico ha tenido en países en vías de desarrollo o emergentes, como coletazo de las crisis. Irónicamente, dependiendo de la perspectiva de negocio en que se esté, esta situación puede ser positiva o negativa; la incertidumbre, sin embargo, no es sana para ningún negocio. Las señales mixtas que pueden resultar de la volatilidad cambiaria casi siempre redundan en decisiones empresariales mal tomadas.

Evidentemente, para el individuo que viaja por trabajo o por turismo, a todas luces la tasa de cambio de nuestro peso frente al dólar es muy favorable, y la aplaude.

Para el negocio que factura en pesos, compra localmente o importa algunos productos o materias primas, la apreciación del peso es también es muy favorable.

Más complejo es el asunto para el que importa y compra localmente, pero vende tanto en pesos como en dólares (exporta); dependiendo de la mezcla de sus ventas internas versus las de exportación, puede tener un negocio rentable o en quiebra posible. Usualmente, el mercado externo no permite aumentar los precios de venta para compensar la variación en la tasa de cambio.

Para la compañía multinacional, que aunque venda en pesos localmente, importa sus materias primas o productos, pero reporta sus resultados a la casa matriz en dólares, para homologarlos con los de todas las subsidiarias en el resto del mundo, una depreciación del dólar fuera de lo planeado, lo favorecerá en los resultados y ante la casa matriz en sus cumplimientos de presupuesto, y por los cuales se mide su gestión en este país.

Varias compañías desde hace varios años en Estados como los nuestros, miden los resultados de sus organizaciones en monedas locales, precisamente para evitar este fenómeno. Más que eso, lo miden de esta forma muy sana, para ver la realidad del negocio, el cual se puede enmascarar por la fluctuación de la tasa de cambio, de la cual los empresarios no tenemos ningún manejo. Cuando se lee en la prensa que por la apreciación del peso empresas extranjeras podrán reducir sus plantas de trabajadores, estas serán aquellas que son exportadoras y reportan a la casa matriz en pesos -reflejando la pérdida de competitividad internacional en exportaciones que puede resultar de una prolongada apreciación-.

¿Cuál es la tasa de cambio ideal? La respuesta es, depende, como ilustran los ejemplos anteriores. Eventualmente, el peor escenario es el de una tasa de cambio tan fluctuante, que puede conducir a las empresas a situaciones de malas decisiones si no se evalúan otros aspectos diferentes a las cifras. Lo único claro es que los empresarios siempre debemos adelantarnos a estos cambios y tener fórmulas que amortigüen estos cambios y no basar la competitividad, en Colombia o en el exterior, únicamente en la tasa de cambio; que si sube es malo o si baja también.

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