Mañana es tarde

Sin acabar de entender las acciones del alto Gobierno y con la atonía, intereses económicos e indiferencia de muchos, entramos de la mano con Chávez en la crucial etapa electoral de octubre, camino al 2010. Por ello, debemos despertarnos y quienes defendemos nuestra democracia, independencia y valores, tenemos que empezar a actuar en consecuencia.

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agosto 30 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-08-30

Dos hechos recientes iluminan lo que no se ha querido ver. El primero, las declaraciones de Luis Miquilena, mentor de Hugo Chávez, quien a los 88 años de edad desnudó al régimen y su actividad delincuencial e intereses internacionales. El segundo, el contundente artículo de Plinio Apuleyo en EL TIEMPO del sábado pasado, quien, con su claridad mental, destapa el engranaje al cual, con la aquiescencia o indiferencia culposa de muchos, estamos entregando el futuro del país. Amplia y profundamente infiltrado como lo comprobaremos muy pronto. Chávez se perfila hoy como el salvador de los secuestrados por las F arc, incluyendo el caso emblemático de Ingrid y su aura ya la proyectamos hasta los cultivadores de papa, cuya situación ponemos en manos del magnánimo Hugo, como un importante periódico se lo solicitaba en su editorial. Eso sí, sin hacer mención a que el acceso al mercado venezolano de este producto se controló hace más de seis años en forma ilegal, violando los compromisos andinos que hoy rigen. En fin, el próximo 31 lo recibiremos con los brazos, bolsillos y piernas abiertas. Una nueva demostración de lo que quiere y cómo lo logra, es la nueva Carta a la que quiere someter a los venezolanos. Parte de la violación de la misma Constitución que impuso en 1999, y a la que llamó “la mejor del mundo” o la “bicha”. Y la viola porque resolvió que se trata de una simple reforma y no de una nueva Carta, a pesar de que se cambia la estructura del Estado venezolano, convirtiéndolo en una ‘Democracia Socialista’ con economía socialista. Con ello, se evita la intervención de una Asamblea Constituyente y la lleva a un Congreso compuesto por acólitos del régimen, que además fueron elegidos por menos del 16 por ciento del electorado y, como lo han dicho, la someterán a una ratificación en bloque por la población, cuando el dispositivo electoral es controlado por el régimen. En la lógica elemental pero perversa y autoritaria del Comandante, es una simple reforma, pues solamente se trata de 33 artículos frente a una Constitución de 350. Además, es premonitoria, pues según este iluminado, son los mismos años que vivió Cristo. En su presentación al Congreso, el lugar común de su discurso fue: “se me ocurrió”, “yo pienso”, “yo creo”, etc., con la admonición final de que espera que no le cambien ni una coma. Venezuela, cualesquiera que hayan sido sus errores del pasado, no se merece esto. En resumen, empieza por convertir la organización político administrativa del país en un ‘arroz con mango’ como se dice en Venezuela, incorporando anacronismos como la comuna, las ciudades federales, las regiones militares especiales, etc., acompañadas de los consejos comunales y formas de autocreación y autogobierno, como manifestaciones del poder popular con el único objetivo de destruir la descentralización y acabar de someter la regiones al poder central. Termina la propiedad privada como un derecho, para convertirla en un acápite más con otras formas como la social, la comunal en sus versiones ciudadana y colectiva, la pública y la propiedad mixta con el Estado y el poder comunal. Todo con la posibilidad de ocupación previa a la sentencia judicial e indemnización, en un país donde no hay justicia independiente, y en el caso del agro y, por razones de seguridad alimentaria, ‘asumir’ en forma directa e inmediata sectores o empresas de interés nacional. Redefine la fuerza armada, politizándola, denominándola bolivariana y antiimperialista, y le suma las milicias populares. Liquida el Banco Central. Al final, con broche de oro, permite que el Comandante se perpetúe en el poder por períodos sucesivos de 7 años. Quienes defendemos nuestra democracia, independencia y valores, tenemos que empezar a actuar en consecuencia”.

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